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CALENDARIO
LITÚRGICO
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LITÚRGICOS
Marzo año
2026

Textos
de los Evangelios de la liturgia y poesías relacionadas con ellos
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Marzo:
(Día 1, marzo, domingo. Mt 17,1-9.
Día y colecta de Hispanoamérica)
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L.Mateo 17,1-9 - "Su rostro resplandecía como el sol" -
En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a
su hermano Juan y se los llevó aparte a una montaña alta. Se
transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el
sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Y se les
aparecieron Moisés y Elías conversando con él. Pedro, entonces,
tomó la palabra y dijo a Jesús: "Señor, ¡qué bien se está aquí!
Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y
otra para Elías". Todavía estaba hablando cuando una nube
luminosa los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube
decía: "Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo".
Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto.
Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo: "Levantaos, no temáis".
Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo.
Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: "No contéis a
nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre
los muertos". |
La Transfiguración del Señor
La
Transfiguración del Señor, en mp3, recitada por la autora
A
Cristo
A
Cristo,
en mp3, recitada por la autora
Llegaste
Alquimia del amor
Algarabía
Antiguos paisajes
Antiguos paisajes,
en mp3, recitada por la autora

(Día 2, lunes, Lc 6,36.38)
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Lucas
6,36-38 - "Perdonad,
y seréis perdonados" -
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus
discípulos: "Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo; no
juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis
condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os
verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante. La
medida que uséis, la usarán con vosotros". |
Alborada
del perdón
Alborada
del perdón, en mp3, recitada por la autora
Diluvio
del perdón
Diluvio
del perdón, en mp3, recitada por la autora
Acércate,
Señor
Acércate,
Señor, en mp3, recitada por la autora
Dame tu luz
Dame tu luz, Señor, en mp3, recitada por
la autora
La muerte
La muerte, en mp3, recitada por la autora

(Día 3, marzo, martes. Mt 23,1-12.
El Cristo de Medinaceli)
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Mateo 23,1-12 - No hacen lo
que dicen" - En aquel tiempo, Jesús habló a la gente y a sus
discípulos, diciendo: "En la cátedra de Moisés se han sentado
los escribas y los fariseos: haced y cumplid lo que os digan;
pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos no hacen lo que
dicen. Ellos lían fardos pesados e insoportables y se los cargan
a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a
mover un dedo para empujar. Todo lo que hacen es para que los
vea la gente: alargan las filacterias y ensanchan las franjas
del manto; les gustan los primeros puestos en los banquetes y
los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan
reverencias por la calle y que la gente los llame maestros.
Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar maestro, porque uno
solo es vuestro maestro, y todos vosotros sois hermanos. Y no
llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es
vuestro Padre, el del cielo. No os dejéis llamar consejeros,
porque uno solo es vuestro consejero, Cristo. El primero entre
vosotros será vuestro servidor. El que se enaltece será
humillado, y el que se humilla será enaltecido" |
No permitas, Señor
No
permitas, Señor, en mp3, recitada por la autora
¡Hágase tu
voluntad!
¡Hágase
tu voluntad!,
en mp3, recitada por la autora
Dame tu luz
Dame tu luz, Señor, en mp3, recitada por
la autora
Peregrino
de infinito
Peregrino
de infinito, en mp3, recitada por la autora
Tengo
fe
Tengo
fe, en mp3, recitada por la autora
Gotas de fe
Hombre y Dios
Hombre y
Dios, en mp3, recitada por la autora

-(Día 4, marzo, miércoles. Mt 20,17.28)
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MMateo
20,17-28 - "Lo condenarán a
muerte" - En aquel tiempo, mientras iba
subiendo Jesús a Jerusalén, tomando aparte a
los Doce, les dijo por el camino: "Mirad,
estamos subiendo a Jerusalén, y el Hijo del
hombre va a ser entregado a los sumos
sacerdotes y a los escribas, y lo condenarán
a muerte y lo entregarán a los gentiles,
para que se burlen de él, lo azoten y lo
crucifiquen; y al tercer día resucitará".
Entonces se le acercó la madre
de los Zebedeos con sus hijos y se postró
para hacerle una petición. Él le preguntó:
"¿Qué deseas?" Ella contestó: "Ordena que
estos dos hijos míos se sienten en tu reino,
uno a tu derecha y el otro a tu izquierda".
Pero Jesús replicó: "No sabéis lo que pedís.
¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de
beber?" Contestaron: "Lo somos". Él les
dijo: "Mi cáliz lo beberéis; pero el puesto
a mi derecha o a mi izquierda no me toca a
mí concederlo, es para aquellos para quienes
lo tiene reservado mi Padre". Los
otros diez, que lo habían oído, se
indignaron contra los dos hermanos. Pero
Jesús, reuniéndolos, les dijo: "Sabéis que
los jefes de los pueblos los tiranizan y que
los grandes los oprimen. No será así entre
vosotros: el que quiera ser grande entre
vosotros, que sea vuestro servidor, y el que
quiera ser primero entre vosotros, que sea
vuestro esclavo. Igual que el Hijo del
hombre no ha venido para que le sirvan, sino
para servir y dar su vida en rescate por
muchos". |
No pido favores
- No pretendo
grandeza
Primera
predicción de la Pasión
Primera predicción de
la Pasión, en mp3, recitada por la autora
Su martirio es Palabra de Dios
¡Hágase
tu voluntad!,
en mp3, recitada por la autora
No permitas, Señor
No
permitas, Señor, en mp3, recitada por la autora
¡Hágase tu
voluntad!
Hágase tu voluntad, en mp3,
recitada por la autora
Me coronas rey de la
materia
Me coronas rey de la
materia, en mp3, recitada por la autora
Dame tu luz
Dame tu luz, Señor, en mp3, recitada por
la autora
Te cantan hoy mis cítaras templadas
Te cantan hoy mis cítaras
templadas, en mp3, recitada por la autora
Deseo
Deseo, en mp3,
recitada por la autora
Mis mezquitas
Él es...
Él
es...,
en mp3, recitada por la autora
Tengo
fe
Tengo
fe, en mp3, recitada por la autora
Acércate,
Señor
Acércate,
Señor, en mp3, recitada por la autora
Alianza
del silencio
Lúcido vacío
Espíritu inmortal
Espíritu inmortal,
en mp3, recitada por la autora
Pequeña
semilla
El viento del sur
El viento del sur,
en mp3, recitada por la autora
Biznagas
luminosas
Biznagas
luminosas,
en mp3, recitada por la autora

(Día 5, marzo, jueves. Lc 16,19-31)
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Lucas 16,19-31 - "Recibiste tus bienes, y Lázaro males: por eso
encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces" - En aquel
tiempo, dijo Jesús a los fariseos: "Había un hombre rico que se
vestía de púrpura y de lino y banqueteaba espléndidamente cada
día. Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal,
cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que tiraban de
la mesa del rico. Y hasta los perros se le acercaban a lamerle
la llagas. Sucedió que se murió el mendigo, y los ángeles lo
llevaron al seno de Abrahán. Se murió también el rico, y lo
enterraron. Y, estando en el infierno, en medio de los
tormentos, levantando los ojos, vio de lejos a Abrahán, y a
Lázaro en su seno, y gritó: "Padre Abrahán, ten piedad de mí y
manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque
la lengua, porque me torturan estas llamas." Pero Abrahán le
contestó: "Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en vida, y
Lázaro, a su vez, males: por eso encuentra aquí consuelo,
mientras que tú padeces. Y además, entre nosotros y vosotros se
abre un abismo inmenso, para que no puedan cruzar, aunque
quieran, desde aquí hacia vosotros, ni puedan pasar de ahí hasta
nosotros." El rico insistió: "Te ruego, entonces, padre, que
mandes a Lázaro a casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos,
para que, con su testimonio, evites que vengan también ellos a
este lugar de tormento." Abrahán le dice: "Tienen a Moisés y a
los profetas; que los escuchen." El rico contestó: "No, padre
Abrahán. Pero si un muerto va a verlos, se arrepentirán."
Abrahán le dijo: "Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no
harán caso ni aunque resucite un muerto". |

(Día 6, marzo, viernes. Mt 21,33-34.45-46
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Mateo 21,33-43.45-48 - "Éste
es el heredero: venid, lo mataremos" - En aquel tiempo, dijo
Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:
"Escuchad otra parábola: Había un propietario que plantó una
viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó
la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de
viaje. Llegado el tiempo de la vendimia, envió sus criados a los
labradores, para percibir los frutos que le correspondían. Pero
los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno,
mataron a otro, y a otro lo apedrearon. Envió de nuevo otros
criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo.
Por último les mandó a su hijo, diciéndose: "Tendrán respeto a
mi hijo". Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron: "Éste
es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su
herencia". Y, agarrándolo, lo empujaron fuera de la viña y lo
mataron. Y ahora, cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará
con aquellos labradores?".
Le contestaron: "Hará morir de
mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros
labradores, que le entreguen los frutos a sus tiempos". Y Jesús
les dice: "¿No habéis leído nunca en la Escritura: "La piedra
que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el
Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente?" Por eso os
digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a
un pueblo que produzca sus frutos". Los sumos sacerdotes y los
fariseos, al oír sus parábolas, comprendieron que hablaba de
ellos. Y, aunque buscaban echarle mano, temieron a la gente, que
lo tenía por profeta. |
La herencia - Soy novicio
No importa
No
importa, en mp3, recitada por la autora
Dame tu luz
Dame tu luz, Señor, en mp3, recitada por
la autora
El eco del mundo
El eco del mundo, en mp3, recitada
por la autora
Sangre y muerte
Sangre y muerte, en mp3, recitada por
la autora
Puede ser bello el mundo
Puede ser bello el mundo, en
mp3, recitada por la autora
Al
necio
Acércate,
Señor
Acércate,
Señor, en mp3, recitada por la autora
Penitencia de ceniza
Penitencia de ceniza, en mp3,
recitada por la autora
Peregrino
de infinito
Peregrino
de infinito, en mp3, recitada por la autora
Jarchya de amor
Tu río
Odalisca del Rayo

(Día 7, marzo, sábado. Lc 15,1-3.11-32)
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Lucas 15, 1-3. 11-32 - "Este
hermano tuyo estaba muerto y ha revivido" -
En aquel tiempo, solían
acercarse a Jesús todos los publicanos y los pecadores a
escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre
ellos: "Ése acoge a los pecadores y come con ellos". Jesús les
dijo esta parábola: "Un hombre tenía dos hijos; el menor de
ellos dijo a su padre: "Padre, dame la parte que me toca de la
fortuna", El padre les repartió los bienes, No muchos días
después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país
lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente, Cuando
lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre
terrible, y empezó él a pasar necesidad- Fue entonces y tanto le
insistió a un habitante de aquel país que lo mandó a sus campos
a guardar cerdos. Le entraban ganas de llenarse el estómago de
las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer.
Recapacitando entonces, se dijo: "Cuántos jornaleros de mi padre
tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre.
Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he
pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo
tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros". Se puso en camino
adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo
vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello y
se puso a besarlo. Su hijo le dijo: "Padre, he pecado contra el
cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo". Pero el
padre dijo a sus criados: "Sacad en seguida el mejor traje y
vestidlo; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies;
traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete,
porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba
perdido, y lo hemos encontrado". Y empezaron el banquete. Su
hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la
casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno de los mozos,
le preguntó qué pasaba. Éste le contesto: "Ha vuelto tu hermano;
y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado
con salud". Él se indignó y se negaba a entrar; pero su padre
salió e intentaba persuadirlo, Y él replicó a su padre: "Mira:
en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden
tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete
con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha
comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero
cebado". El padre le dijo: "Hijo, tú siempre estás conmigo, y
todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano
tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos
encontrado". |
El hijo pródigo - El hijo
mayor - ¡Perdóname, Señor, porque he pecado!
Padre
Padre,
en mp3, recitada por la autora
Alborada
del perdón
Alborada
del perdón, en mp3, recitada por la autora
Diluvio
del perdón
Diluvio
del perdón, en mp3, recitada por la autora
Encuentro
Encuentro, en
mp3, recitada
por la autora
No permitas, Señor
No
permitas, Señor, en mp3, recitada por la autora
Me coronas rey de la
materia
Me coronas rey de la
materia, en mp3, recitada por la autora
Mis mezquitas

(Día 8, marzo, domingo. Jn 4,5-15.19b-36.39a.40-42)
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Juan 4,5-42 - "Un surtidor de agua que salta hasta la vida
eterna" - En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaria
llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José; allí estaba
el manantial de Jacob. Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado
junto al manantial. Era alrededor del mediodía. Llega una mujer de
Samaria a sacar agua, y Jesús le dice: "Dame de beber." Sus discípulos
se habían ido al pueblo a comprar comida. La samaritana le dice: "¿Cómo
tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?" Porque
los judíos no se tratan con los samaritanos. Jesús le contestó: "Si
conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le
pedirías tú, y él te daría agua viva." La mujer le dice: "Señor, si no
tienes cubo, y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva?; ¿eres tú
más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebieron él
y sus hijos y sus ganados?" Jesús le contestó: "El que bebe de esta agua
vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más
tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un
surtidor de agua que salta hasta la vida eterna." La mujer le dice:
"Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a
sacarla". Él le dice: "Anda, llama a tu marido y vuelve." La mujer le
contesta: "No tengo marido." Jesús le dice: "Tienes razón, que no tienes
marido: has tenido ya cinco, y el de ahora no es tu marido. En eso has
dicho la verdad". La mujer le dice: "Señor, veo que tú eres un profeta.
Nuestros padres dieron culto en este monte, y vosotros decís que el
sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén." Jesús le dice:
"Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en
Jerusalén daréis culto al Padre. Vosotros dais culto a uno que no
conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación
viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los
que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y verdad,
porque el Padre desea que le den culto así. Dios es espíritu, y los que
le dan culto deben hacerlo en espíritu y verdad." La mujer le dice: "Sé
que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo."
Jesús le dice: "Soy yo, el que habla contigo" En esto llegaron sus
discípulos y se extrañaban de que estuviera hablando con una mujer,
aunque ninguno le dijo: "¿Qué le preguntas o de qué le hablas?" La mujer
entonces dejó su cántaro, se fue al pueblo y dijo a la gente: "Venid a
ver un hombre que me ha dicho todo lo que ha hecho; ¿será éste el
Mesías?" Salieron del pueblo y se pusieron en camino adonde estaba él.
Mientras tanto sus discípulos le insistían: "Maestro, come." Él les
dijo: "Yo tengo por comida un alimento que vosotros no conocéis." Los
discípulos comentaban entre ellos: "¿Le habrá traído alguien de comer?"
Jesús les dice: "Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y
llevar a término su obra. ¿No decís vosotros que faltan todavía cuatro
meses para la cosecha? Yo os digo esto: Levantad los ojos y contemplad
los campos, que están ya dorados para la siega; el segador ya está
recibiendo salario y almacenando fruto para la vida eterna: y así, se
alegran lo mismo sembrador y segador. Con todo, tiene razón el
proverbio: Uno siembra y otro siega. Yo os envié a segar lo que no
habéis sudado. Otros sudaron, y vosotros recogéis el fruto de sus
sudores". En aquel pueblo muchos creyeron en él por el testimonio que
había dado la mujer: "Me ha dicho todo lo que he hecho." Así, cuando
llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y
se quedó allí dos días. Todavía creyeron muchos más por su predicación,
y decían a la mujer: "Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos
lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo. |
El despertar de José
El despertar de José,
en mp3, recitada por la autora
En tu grial
En tu grial,
en mp3, recitada por la autora
El nacimiento del Niño Jesús
El nacimiento del Niño Jesús, en mp3, recitada
por la autora
La Sagrada Familia
El Niño perdido y hallado en el Templo
El
Niño perdido y hallado en el Templo,
en mp3, recitada por la autora
Santa sencillez
Santa sencillez, en mp3, recitada por
la autora
Paz conventual
Paz conventual, en mp3, recitada por la
autora

(Día 9, marzo, lunes. Lc 4,24-30)
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Lucas 4,24-30 - "Jesús,
igual que Elías y Eliseo, no ha sido enviado únicamente a los
judíos" - En aquel tiempo, dijo Jesús al pueblo en la
sinagoga de Nazaret: "Os aseguro que ningún profeta es bien
mirado en su tierra. Os garantizo que en Israel había muchas
viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres
años y seis meses, y hubo una gran hambre en todo el país; sin
embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, más que a una
viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos
había en Israel en tiempos del profeta Eliseo; sin embargo,
ninguno de ellos fue curado, más que Naamán, el sirio". Al oír
esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose,
lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en
donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarlo. Pero
Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba. |
Nadie es
profeta en su tierra
A
Cristo
A
Cristo,
en mp3, recitada por la autora
Llegaste
Alquimia del amor
Algarabía
Te cantan hoy mis cítaras templadas
Te cantan hoy mis cítaras templadas, en
mp3, recitada por la autora

(Día 10, marzo,
martes. Mt 18,21-35)
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Mateo 18,21-35 - "Si
cada cual no perdona de corazón a su hermano, tampoco el Padre
os perdonará". En aquel tiempo, se adelantó Pedro y preguntó a
Jesús: "Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo
que perdonar? ¿Hasta siete veces?" Jesús le contesta: "No te
digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Y a
propósito de esto, el reino de los cielos se parece a un rey que
quiso ajustar las cuentas con sus empleados. Al empezar a
ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como
no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con
su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así.
El empleado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: "Ten
paciencia conmigo, y te lo pagaré todo." El señor tuvo lástima
de aquel empleado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda.
Pero, al salir, el empleado aquel encontró a uno de sus
compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo
estrangulaba, diciendo: "Págame lo que me debes." El compañero,
arrojándose a sus pies, le rogaba, diciendo: "Ten paciencia
conmigo, y te lo pagaré." Pero él se negó y fue y lo metió en la
cárcel hasta que pagara lo que debía. Sus compañeros, al ver lo
ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor
todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: "¡Siervo
malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste.
¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo
tuve compasión de ti?" Y el señor, indignado, lo entregó a los
verdugos hasta que pagara toda la deuda. Lo mismo hará con
vosotros mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón
a su hermano". |
Perdonaré - Habitaré en tu paz
Alborada
del perdón
Alborada
del perdón, en mp3, recitada por la autora
Diluvio
del perdón
Diluvio
del perdón, en mp3, recitada por la autora
Encuentro
Encuentro, en
mp3, recitada
por la autora
Acércate,
Señor
Acércate,
Señor, en mp3, recitada por la autora
Dame tu luz
Dame tu luz, Señor, en mp3, recitada por
la autora

(Día 11, marzo,
miércoles.
Mt 5,17-19)
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Mateo 5,17-19 -
"Quien
cumpla y enseñe será grande" - En aquel tiempo, dijo Jesús a sus
discípulos: "No creáis que he venido a abolir la Ley y los
profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud. Os aseguro
que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse
hasta la última letra o tilde de la Ley. El que se salte uno
solo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a
los hombres será el menos importante en el reino de los cielos.
Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los
cielos". |
No permitas, Señor
No
permitas, Señor, en mp3, recitada por la autora
¡Hágase tu
voluntad!
¡Hágase
tu voluntad!,
en mp3, recitada por la autora
Peregrino
de infinito
Peregrino
de infinito, en mp3, recitada por la autora
Tengo
fe
Tengo
fe, en mp3, recitada por la autora
Gotas de fe

(Día 12, marzo, jueves.
Lc 11,14.23)
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Lucas 11,14-23 - "El
que no está conmigo está contra mí" - En aquel tiempo, Jesús
estaba echando un demonio que era mudo y, apenas salió el
demonio, habló el mudo. La multitud se quedó admirada, pero
algunos de ellos dijeron: "Si echa los demonios es por arte de
Belzebú, el príncipe de los demonios". Otros, para ponerlo a
prueba, le pedían un signo en el cielo. Él, leyendo sus
pensamientos, les dijo: "Todo reino en guerra civil va a la
ruina y se derrumba casa tras casa. Si también Satanás está en
guerra civil, ¿cómo mantendrá su reino?. Vosotros decís que yo
echo los demonios con el poder de Belzebú; y, si yo echo los
demonios con el poder de Belzebú, vuestros hijos, ¿por arte de
quién los echan?. Por eso, ellos mismos serán vuestros jueces.
Pero, si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es
que el reino de Dios ha llegado a vosotros. Cuando un hombre
fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están
seguros. Pero, si otro más fuerte lo asalta y lo vence, le quita
las armas de que se fiaba y reparte el botín. El que no está
conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo desparrama". |
No importa
No
importa, en mp3, recitada por la autora
Discípulo
Discípulo,
en mp3,
recitada por
la autora
Padre
Padre,
en mp3, recitada por la autora
Padre nuestro
Es oración
Es
oración, en mp3, recitada por la autora
Quiero hacer con mi vida una oración
Quiero hacer con mi
vida una oración, en mp3, recitada por la autora
Oraciones de los niños
Oraciones a la Virgen María
El Santo Rosario
El Santo Rosario, en pps
Oraciones a la Santísima
Trinidad -
Mandamientos
Alborada
del perdón
Alborada
del perdón, en mp3, recitada por la autora
Diluvio
del perdón
Diluvio
del perdón, en mp3, recitada por la autora
Encuentro
Encuentro, en
mp3, recitada
por la autora

(Día 13, marzo, viernes. Mc 12,28b-34)
Aniversario de la elección del Papa
Francisco
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Marcos 12,18-34 - "El Señor, nuestro Dios, es el único Señor,
y lo amarás" - En aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús
y le preguntó: "¿Qué mandamiento es el primero de todos?".
Respondió Jesús: El primero es: "Escucha, Israel, el Señor,
nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con
todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo
tu ser". El segundo es éste: "Amarás a tu prójimo como a ti
mismo. No hay mandamiento mayor que éstos". El escriba replicó:
Muy bien, Maestro, tienes razón cuando dices que el Señor es uno
solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el
corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al
prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y
sacrificios. Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le
dijo: "No estás lejos del reino de Dios". Y nadie se atrevió a
hacerle más preguntas. |
Dame tu luz
Dame tu luz, Señor, en mp3, recitada por
la autora
Hombre y Dios
Hombre y
Dios, en mp3, recitada por la autora
Te cantan hoy mis cítaras templadas
Te cantan hoy mis cítaras templadas, en
mp3, recitada por la autora
Es amor
Es
amor, en mp3, recitada por la autora
Tu amor
Tu
amor,
en mp3, recitada por la autora
La cenia
Somos libres
Somos libres,
en mp3, recitada por la autora
Naciste libre
La libertad
Me coronas rey de la
materia
Me coronas rey de la
materia, en mp3, recitada por la autora
Los talentos
Los talentos, en mp3, recitada por la
autora
Te cantan hoy mis cítaras templadas
Te cantan hoy mis cítaras templadas, en
mp3, recitada por la autora
Discípulo
Discípulo,
en mp3,
recitada por
la autora
Papa Francisco

(Día 14, marzo, sábado. Lc 18,9-14.
Nuestra Señora de la Caridad)
|
Lucas 18,9-14 "El
publicano bajó a su casa justificado, y el fariseo no" -
En aquel tiempo, a algunos que, teniéndose por justos, se
sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás, dijo
Jesús esta parábola: "Dos hombres subieron al templo a orar. Uno
era fariseo; el otro, un publicano. El fariseo, erguido, oraba
así en su interior: "¡Oh Dios!, te doy gracias, porque no soy
como los demás: ladrones, injustos, adúlteros; ni como ese
publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo
lo que tengo." El publicano, en cambio, se quedó atrás y no se
atrevía ni a levantar los ojos al cielo; sólo se golpeaba el
pecho, diciendo: "¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador." Os
digo que éste bajó a su casa justificado, y aquél no. Porque
todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será
enaltecido". |
Fui fariseo
Quiero hacer
con mi vida una oración
Quiero hacer con mi vida una oración,
en mp3, recitada por la autora
Es oración
Es oración,
en mp3, recitada por la autora
Nuestra Señora de la Caridad
del Cobre
Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, en mp3, recitada por la autora
Estrella de mi noche

(Día 15, marzo, domingo. Jn 9,1.6-9.13-17.34-38) LAETARE
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Juan 9,1-38 - "Fue, se lavó, y volvió con vista" -
En aquel tiempo, al pasar Jesús vio a un hombre ciego de
nacimiento. Y sus discípulos le preguntaron: "Maestro, ¿quien
pecó, éste o sus padres, para que naciera ciego?" Jesús
contestó: "Ni éste pecó ni sus padres, sino para que se
manifiesten en él las obras de Dios. Mientras es de día, tenemos
que hacer las obras del que me ha enviado; viene la noche, y
nadie podrá hacerlas. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del
mundo". Dicho esto, escupió en tierra, hizo barro con la
saliva, se lo untó en los ojos al ciego y le dijo: "Ve a lavarte
a la piscina de Siloé (que significa Enviado." Él fue, se lavó,
y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes solían verlo
pedir limosna preguntaban: "¿No es ése el que se sentaba a
pedir?" Unos decían: "El mismo". Otros decían: "No es él, pero
se le parece". Él respondía: "Soy yo". Y le preguntaban: "¿Y
cómo se te han abierto los ojos?" Él contestó: "Ese hombre que
se llama Jesús hizo barro, me lo untó en los ojos y me dijo que
fuese a Siloé y que me lavase. Entonces fui, me lavé, y empecé a
ver". Le preguntaron: "¿Dónde está él?" Contestó: "No sé".
Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado
el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. También los
fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista. Él les
contestó: "Me puso barro en los ojos, me lavé, y veo". Algunos
de los fariseos comentaban: "Este hombre no viene de Dios,
porque no guarda el sábado". Otros replicaban: ¿Cómo puede un
pecador hacer semejantes signos?" Y estaban divididos. Y
volvieron a preguntarle al ciego: "Y tú, ¿qué dices del que te
ha abierto los ojos?". Él contestó: "Que es un profeta". Pero
los judíos no se creyeron que aquél había sido ciego y había
recibido la vista, hasta que llamaron a sus padres y les
preguntaron: "¿Es éste vuestro hijo, de quien decís vosotros que
nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?" Sus padres contestaron:
"Sabemos que éste es nuestro hijo y que nació ciego; pero cómo
ve ahora, no lo sabemos nosotros, y quién le ha abierto los
ojos, nosotros tampoco lo sabemos. Preguntádselo a él, que es
mayor y puede explicarse". Sus padres respondieron así porque
tenían miedo los judíos; porque los judíos ya habían acordado
excluir de la sinagoga a quien reconociera a Jesús por Mesías.
Por eso sus padres dijeron: "Ya es mayor, preguntádselo a él".
Llamaron por segunda vez al que había sido ciego y le dijeron:
"Confiésalo ante Dios: nosotros sabemos que ese hombre es un
pecador". Contestó él: "Si es un pecador, no lo sé; sólo sé que
yo era ciego y ahora veo". Le preguntan de nuevo: "¿Qué te hizo,
cómo te abrió los ojos?" Les contestó: "Os lo he dicho ya, y no
me habéis hecho caso; ¿para qué queréis oírlo otra vez?;
¿también vosotros queréis haceros discípulos suyos?" Ellos lo
llenaron de improperios y le dijeron: "Discípulo de ése lo serás
tú; nosotros somos discípulos de Moisés. Nosotros sabemos que a
Moisés le habló Dios, pero ése no sabemos de dónde viene".
Replicó él: "Pues eso es lo raro: que vosotros no sabéis de
dónde viene y, sin embargo, me ha abierto los ojos. Sabemos que
Dios no escucha a los pecadores, sino al que es religioso y hace
su voluntad. Jamás se oyó decir que nadie le abriera los ojos a
un ciego de nacimiento; si éste no viniera de Dios, no tendría
ningún poder". Le replicaron: "Empecatado naciste tú de pies a
cabeza, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?" Y lo expulsaron.
Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo:
"¿Crees tú en el Hijo del hombre?" Él contestó: "¿Y quién es,
Señor, para que crea en él?" Jesús les dijo: "Lo estás viendo:
el que te está hablando, ése es". Él dijo: "Creo, señor". Y se
postró ante él. |
Evangelio de
San Juan,
Cap. IX y
poesías relacionadas con su texto
Jesús es la
Luz
Dame
tu luz
Dame tu luz, Señor, en mp3, recitada por
la autora
A
Cristo
Hombre
y Dios
Hombre y
Dios, en mp3, recitada por la autora
Gotas de fe
Alianza
del silencio

(Día 16, marzo, lunes. Jn 4,43-54)
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Juan 4,43-54 - "Anda,
tu hijo está curado" - En aquel tiempo, salió Jesús de Samaría
para Galilea. Jesús mismo había hecho esta afirmación: "Un
profeta no es estimado en su propia patria". Cuando llegó a
Galilea, los galileos lo recibieron bien, porque habían visto
todo lo que había hecho en Jerusalén durante la fiesta, pues
también ellos habían ido a la fiesta. Fue Jesús otra vez a Caná
de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había un
funcionario real que tenía un hijo enfermo en Cafarnaún. Oyendo
que Jesús había llegado de Judea a Galilea, fue a verle, y le
pedía que bajase a curar a su hijo que estaba muriéndose. Jesús
le dijo: "Como no veáis signos y prodigios, no creéis". El
funcionario insiste: "Señor, baja antes de que se muera mi
niño". Jesús le contesta: "Anda, tu hijo está curado". El hombre
creyó en la palabra de Jesús y se puso en camino. Iba ya
bajando, cuando sus criados vinieron a su encuentro diciéndole
que su hijo estaba curado. Él les preguntó a qué hora había
empezado la mejoría. Y le contestaron: "Hoy a la una lo dejó la
fiebre". El padre cayó en la cuenta de que ésa era la hora
cuando Jesús le había dicho: "Tu hijo está curado". Y creyó él
con toda su familia. Este segundo signo lo hizo Jesús al llegar
de Judea a Galilea. |

(Día 17, marzo, martes.
Jn 5,1-16)
|
Juan 5,1-16
-
"Al momento
aquel hombre quedó sano" - Después de esto, hubo una fiesta de
los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Hay en Jerusalén, junto a
la Probática, una piscina que se llama en hebreo Betesda, que
tiene cinco pórticos. En ellos yacía una multitud de enfermos,
ciegos, cojos, paralíticos, esperando la agitación del agua.
Porque el Ángel del Señor bajaba de tiempo en tiempo a la
piscina y agitaba el agua; y el primero que se metía después de
la agitación del agua, quedaba curado de cualquier mal que
tuviera. Había allí un hombre que llevaba treinta y ocho años
enfermo. Jesús, viéndole tendido y sabiendo que llevaba ya mucho
tiempo, le dice: "¿Quieres curarte?" Le respondió el enfermo:
"Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se
agita el agua; y mientras yo voy, otro baja antes que yo". Jesús
le dice: "Levántate, toma tu camilla y anda". Y al instante el
hombre quedó curado, tomó su camilla y se puso a andar. Pero era
sábado aquel día. Por eso los judíos decían al que había sido
curado: "Es sábado y no te está permitido llevar la camilla". El
le respondió: "El que me ha curado me ha dicho: Toma tu camilla
y anda". Ellos le preguntaron: "¿Quién es el hombre que te ha
dicho: Tómala y anda?" Pero el curado no sabía quién era, pues
Jesús había desaparecido porque había mucha gente en aquel
lugar. Más tarde Jesús le encuentra en el Templo y le dice:
"Mira, estás curado; no peques más, para que no te suceda algo
peor". El hombre se fue a decir a los judíos que era Jesús el
que lo había curado. Por eso los judíos perseguían a Jesús,
porque hacía estas cosas en sábado. |
No importa
No
importa, en mp3, recitada por la autora

(Día 18, marzo, miércoles.
Jn 5,17-30
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Juan 5,17-30 - "Lo
mismo que el Padre resucita a los muertos y les da vida, así
también el Hijo da vida a los que quiere" - En aquel tiempo,
dijo Jesús a los judíos: "Mi Padre sigue actuando, y yo también
actúo". Por eso los judíos tenían más ganas de matarlo, porque
no sólo abolía el sábado, sino también llamaba a Dios Padre
suyo, haciéndose igual a Dios. Jesús tomó la palabra y les dijo:
"Os lo aseguro: El Hijo no puede hacer por su cuenta nada que no
vea hacer al Padre. Lo que hace éste, eso mismo hace también el
Hijo, pues el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que él
hace, y le mostrará obras mayores que ésta, para vuestro
asombro. Lo mismo que el Padre resucita a los muertos y les da
vida, así también el Hijo da vida a los que quiere. Porque el
Padre no juzga a nadie, sino que ha confiado al Hijo el juicio
de todos, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El
que no honra al Hijo no honra al Padre que lo envió. Os lo
aseguro: Quien escucha mi palabra y cree al que me envió posee
la vida eterna y no se le llamará a juicio, porque ha pasado ya
de la muerte a la vida. Os aseguro que llega la hora, y ya está
aquí, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los
que hayan oído vivirán. Porque, igual que el Padre dispone de la
vida, así ha dado también al Hijo el disponer de la vida. Y le
ha dado potestad de juzgar, porque es el Hijo del hombre. No os
sorprenda, porque viene la hora en que los que están en el
sepulcro oirán su voz, los que hayan hecho el bien saldrán a una
resurrección de vida; los que hayan hecho el mal, a una
resurrección de juicio. Yo no puedo hacer nada por mí mismo;
según le oigo, juzgo, y mi juicio es justo, porque no busco mi
voluntad, sino la voluntad del que me envió. |
Tengo
fe, en mp3, recitada por la autora
Encuentro
Encuentro, en
mp3, recitada
por la autora
Él es...
Él
es...,
en mp3, recitada por la autora
Acércate,
Señor
Acércate,
Señor, en mp3, recitada por la autora
Dame tu luz
Dame tu luz, Señor, en mp3, recitada por
la autora
Tengo
fe

(Día 19, marzo, jueves, Mt 1,16.18-21.24a. San José, esposo de la Virgen
María)
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Mateo 1,16.18-21.24a . "José hizo lo
que le había mandado el ángel del Señor" - Jacob engendró a
José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado
Cristo. El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera: María,
su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos,
resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo.
José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió
repudiarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta
resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le
dijo: "José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a
María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del
Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre
Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados." Cuando
José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del
Señor. |
El despertar de José
El despertar de José,
en mp3, recitada por la autora
En tu grial
En tu grial,
en mp3, recitada por la autora
El nacimiento del Niño Jesús
El nacimiento del Niño Jesús, en mp3, recitada
por la autora
La Sagrada Familia
El Niño perdido y hallado en el Templo
El
Niño perdido y hallado en el Templo,
en mp3, recitada por la autora
Santa sencillez
Santa sencillez, en mp3, recitada por
la autora
Paz conventual
Paz conventual, en mp3, recitada por la
autora

(Día 20, marzo, viernes. Jn 7,1-2.10.25-30)
|
Juan
7,1-2.10.25-30 - "Intentaban agarrarlo, pero
todavía no había llegado su hora" - En aquel tiempo,
recorría Jesús la Galilea, pues no quería andar por Judea porque
los judíos trataban de matarlo. Se acercaba la fiesta judía de
las tiendas. Después que sus parientes se marcharon a la fiesta,
entonces subió él también, no abiertamente, sino a escondidas.
Entonces algunos que eran de Jerusalén dijeron: "¿No es éste el
que intentan matar?. Pues mirad cómo habla abiertamente, y no le
dicen nada. ¿Será que los jefes se han convencido de que éste es
el Mesías?. Pero éste sabemos de dónde viene, mientras que el
Mesías, cuando llegue, nadie sabrá de dónde viene". Entonces
Jesús, mientras enseñaba en el templo, gritó: "A mí me conocéis,
y conocéis de dónde vengo. Sin embargo, yo no vengo por mi
cuenta, sino enviado por el que es veraz; a ése vosotros no lo
conocéis; yo lo conozco, porque procedo de él, y él me ha
enviado". Entonces intentaban agarrarlo; pero nadie le pudo
echar mano, porque todavía no había llegado su hora. |
Evangelio de San Juan
- Cap. VII. Jn 7,1-53, y poesías sobre su texto
Acércate,
Señor
Acércate,
Señor, en mp3, recitada por la autora
Alianza
del silencio
Dame
tu luz
Dame tu luz, Señor, en mp3, recitada por
la autora
Lúcido vacío
Espíritu inmortal
Espíritu inmortal,
en mp3, recitada por la autora
Pequeña
semilla
El viento del sur
El viento del sur,
en mp3, recitada por la autora
Biznagas
luminosas
Biznagas
luminosas,
en mp3, recitada por la autora

(Día 21, marzo, sábado.
Jn 7,40-53)
|
Juan
7,40-53 - " ¿Es que de Galilea va a venir el Mesías?
" - En aquel tiempo, algunos de entre la gente, que habían oído
los discursos de Jesús, decían: "Éste es de verdad el profeta".
Otros decían: "Éste es el Mesías." Pero otros decían: "¿Es que de
Galilea va a venir el Mesías? ¿No dice la Escritura que el Mesías
vendrá del linaje de David, y de Belén, el pueblo de David?" Y así
surgió entre la gente una discordia por su causa. Algunos querían
prenderlo, pero nadie le puso la mano encima. Los guardias del
templo acudieron a los sumos sacerdotes y fariseos, y éstos les
dijeron: "¿Por qué no lo habéis traído?" Los guardias
respondieron: "Jamás ha hablado nadie como ese hombre." Los
fariseos les replicaron: "¿También vosotros os habéis dejado
embaucar? ¿Hay algún jefe o fariseo que haya creído en él? Esa
gente que no entiende de la Ley son unos malditos". Nicodemo, el
que había ido en otro tiempo a visitarlo y que era fariseo, les
dijo: "¿Acaso nuestra ley permite juzgar a nadie sin escucharlo
primero y averiguar lo que ha hecho?" Ellos le replicaron:
"¿También tú eres galileo? Estudia y verás que de Galilea no salen
profetas". Y se volvieron cada uno a su casa. |
Evangelio de San Juan
- Cap. VII. Jn 7,1-53, y poesías sobre su texto
A
Cristo
A
Cristo,
en mp3, recitada por la autora
Llegaste
Alquimia del amor
Algarabía
Antiguos paisajes
Antiguos paisajes,
en mp3, recitada por la autora
No importa
No
importa, en mp3, recitada por la autora
Él es...
Él
es...,
en mp3, recitada por la autora
Tengo
fe
Tengo
fe, en mp3, recitada por la autora

(Día 22, marzo, domingo, Jn 11,3-7.20-27.33b-45. Día y Colecta del
Seminario)
|
.Juan
11,3-7.17.20-27.33b-45 - "Tu hermano resucitará" -
Las hermanas enviaron
a decir a Jesús: "Señor, aquel a quien tú quieres, está
enfermo". Al oírlo Jesús, dijo: "Esta enfermedad no es de
muerte, es para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea
glorificado por ella". Jesús amaba a Marta, a su hermana y a
Lázaro. Cuando se enteró de que estaba enfermo, permaneció dos
días más en el lugar donde se encontraba. Al cabo de ellos, dice
a sus discípulos: "Volvamos de nuevo a Judea". Cuando llegó
Jesús, se encontró con que Lázaro llevaba ya cuatro días en el
sepulcro. Cuando Marta supo que había venido Jesús, le salió al
encuentro, mientras María permanecía en casa. Dijo Marta a
Jesús: "Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi
hermano. Pero aun ahora yo sé que cuanto pidas a Dios, Dios te
lo concederá". Le dice Jesús: "Tu hermano resucitará". Le
respondió Marta: "Ya sé que resucitará en la resurrección, el
último día". Jesús le respondió: "Yo soy la resurrección. El que
cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en
mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?" Le dice ella: "Sí, Señor, yo
creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que iba a venir
al mundo". Viéndola llorar Jesús y que también lloraban los
judíos que la acompañaban, se conmovió interiormente, se turbó y
dijo: "¿Dónde lo habéis puesto?" Le responden: "Señor, ven y lo
verás". Jesús se echó a llorar. Los judíos entonces decían:
"Mirad cómo le quería". Pero algunos de ellos dijeron: "Este,
que abrió los ojos del ciego, ¿no podía haber hecho que éste no
muriera?" Entonces Jesús se conmovió de nuevo en su interior y
fue al sepulcro. Era una cueva, y tenía puesta encima una
piedra. Dice Jesús: "Quitad la piedra". Le responde Marta, la
hermana del muerto: "Señor, ya huele; es el cuarto día". Le dice
Jesús: "¿No te he dicho que, si crees, verás la gloria de Dios?"
Quitaron, pues, la piedra. Entonces Jesús levantó los ojos a lo
alto y dijo: "Padre, te doy gracias por haberme escuchado. Ya
sabía yo que tú siempre me escuchas; pero lo he dicho por estos
que me rodean, para que crean que tú me has enviado". Dicho
esto, gritó con fuerte voz: "¡Lázaro, sal fuera!" Y salió el
muerto, atado de pies y manos con vendas y envuelto el rostro en
un sudario. Jesús les dice: "Desatadlo y dejadle andar". Muchos
de los judíos que habían venido a casa de María, viendo lo que
había hecho, creyeron en él. |

(Día 23, marzo, lunes.
Jn 8,12-20)
|
Juan 8,12-20 - Jesús les
habló de nuevo diciendo: «Yo soy la luz del
mundo; el que me sigue no camina en
tinieblas, sino que tendrá la luz de la
vida». Le dijeron los fariseos: «Tú das
testimonio de ti mismo; tu testimonio no es
verdadero». Jesús les contestó: «Aunque yo
doy testimonio de mí mismo, mi testimonio es
verdadero, porque sé de dónde he venido y
adónde voy; en cambio, vosotros no sabéis de
dónde vengo ni adónde voy. Vosotros juzgáis
según la carne; yo no juzgo a nadie; y, si
juzgo yo, mi juicio es legítimo, porque no
estoy yo solo, sino yo y el que me ha
enviado, el Padre; y en vuestra ley está
escrito que el testimonio de dos hombres es
verdadero. Yo doy testimonio de mí mismo, y
además da testimonio de mí el que me ha
enviado, el Padre». Ellos le preguntaban:
«¿Dónde está tu Padre?». Jesús contestó: «Ni
me conocéis a mí ni a mi Padre; si me
conocierais a mí, conoceríais también a mi
Padre». Jesús tuvo esta conversación junto
al arca de las ofrendas, cuando enseñaba en
el templo. Y nadie le echó mano, porque
todavía no había llegado su hora. |
Peregrino
de infinito
Peregrino
de infinito, en mp3, recitada por la autora
Lúcido vacío
Lúcido vacío,
en mp3, recitada
por la autora
Deseo
Deseo, en mp3,
recitada por la autora
Dame tu luz
Dame tu luz, Señor, en mp3, recitada por
la autora
Jarchya de amor
Tu río
Odalisca del Rayo
Tu amor
Tu
amor,
en mp3, recitada por la autora
Mis mezquitas

(Día 24, marzo, martes.
Jn 8,21-30)
|
Juan 8,21-30 -
"Cuando levantéis al Hijo
del hombre, sabréis que yo soy" - En aquel
tiempo, dijo Jesús a los fariseos: "Yo me voy y me buscaréis, y
moriréis por vuestro pecado. Donde yo voy no podéis venir
vosotros". Y los judíos comentaban: "¿Será que va a suicidarse,
y por eso dice: Donde yo voy no podéis venir vosotros?" Y él
continuaba: "Vosotros sois de aquí abajo, yo soy de allá arriba:
vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo. Con razón
os he dicho que moriréis por vuestros pecados: pues, si no
creéis que yo soy, moriréis por vuestros pecados". Ellos le
decían: "¿Quién eres tú?" Jesús les contestó: "Ante todo, eso
mismo que os estoy diciendo. Podría decir y condenar muchas
cosas en vosotros; pero el que me envió es veraz, y yo comunico
al mundo lo que he aprendido de él". Ellos no comprendieron que
les hablaba del Padre. Y entonces dijo Jesús: "Cuando levantéis
al Hijo del hombre, sabréis que yo soy, y que no hago nada por
mi cuenta, sino que hablo como el Padre me ha enseñado. El que
me envió está conmigo, no me ha dejado solo; porque yo hago
siempre lo que le agrada". Cuando les exponía esto, muchos
creyeron en él. |
Evangelio de San Juan
- Cap. VIII. Jn 8,1-59, y poesías sobre su texto
A
Cristo
A
Cristo,
en mp3, recitada por la autora
Acércate,
Señor
Acércate,
Señor, en mp3, recitada por la autora
Alianza
del silencio
Dame
tu luz
Dame tu luz, Señor, en mp3, recitada por
la autora
Lúcido vacío
Espíritu inmortal
Espíritu inmortal,
en mp3, recitada por la autora
Pequeña
semilla
El viento del sur
El viento del sur,
en mp3, recitada por la autora
Biznagas
luminosas
Biznagas
luminosas,
en mp3, recitada por la autora

(Día 25, miércoles, Lc 1,26-38.
Solemnidad de la Anunciación del Señor. Jornada Pro Vida
)
|
Lucas 1,26-38 - "Concebirás en tu
vientre y darás a luz un hijo" - A los seis meses, el ángel
Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada
Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de
la estirpe de David; la virgen se llamaba María. El ángel,
entrando en su presencia, dijo: "Alégrate, llena de gracia, el
Señor está contigo". Ella se turbó ante estas palabras y se
preguntaba qué saludo era aquél. El ángel le dijo: "No temas,
María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu
vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús.
Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará
el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para
siempre, y su reino no tendrá fin". Y María dijo al ángel:
"¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?". El ángel le contestó:
"El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te
cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se
llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a
pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses
la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible".
María contestó: "Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí
según tu palabra". Y la dejó el ángel. |
La Encarnación del Hijo de Dios
La
Encarnación del Hijo de Dios, en mp3, recitada por la autora
¿Por qué me has desamparado?
¿Por qué me has desamparado?,
en mp3, recitada por la autora
Paternidad frustrada
Paternidad frustrada, en mp3,
recitada por la autora
Sacrificio
Sacrificio, en mp3, recitada por la autora
Murió mi sueño
Murió mi sueño, en mp3, recitada por
la autora
Una familia acomodada
Una familia acomodada,
en mp3, recitada por la autora
Un sueño perdido

(Día 26, marzo,
jueves.
Jn 8,51-59)
|
Juan
8,51-59 - "Abrahán, vuestro padre, saltaba de gozo pensando ver
mi día" - En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: "Os aseguro:
quien guarda mi palabra no sabrá lo que es morir para siempre".
Los judíos le dijeron: "Ahora vemos claro que estás endemoniado;
Abrahán murió, los profetas también, ¿y tú dices: Quien guarde
mi palabra no conocerá lo que es morir para siempre? ¿Eres tú
más que nuestro padre Abrahán, que murió? También los profetas
murieron, ¿por quién te tienes?" Jesús contestó: "Si yo me
glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada. El que me
glorifica es mi Padre, de quien vosotros decís: "Es nuestro
Dios", aunque no lo conocéis. Yo sí lo conozco, y si dijera: "No
lo conozco" sería, como vosotros, un embustero; pero yo lo
conozco y guardo su palabra. Abrahán, vuestro padre, saltaba de
gozo pensando ver mi día; lo vio, y se llenó de alegría". Los
judíos le dijeron: "No tienes todavía cincuenta años, ¿y has
visto a Abrahán?" Jesús les dijo: "Os aseguro que antes que
naciera Abrahán, existo yo". Entonces cogieron piedras para
tirárselas, pero Jesús se escondió y salió del templo. |
Evangelio de San Juan
- Cap. VIII. Jn 8,1-59, y poesías sobre su texto
A
Cristo
A
Cristo,
en mp3, recitada por la autora

(Día 27, marzo,
viernes. Jn 10,31-42)
|
Juan 10,31-42 - "Muchos creyeron
en él" - Los judíos trajeron piedras para apedrear a Jesús.
Jesús les dijo: "Muchas obras buenas que vienen del Padre os he
mostrado. ¿Por cuál de esas obras queréis apedrearme?" Le
respondieron los judíos: "No queremos apedrearte por ninguna
obra buena, sino por una blasfemia y porque tú, siendo hombre,
te haces a ti mismo Dios". Jesús les respondió: "¿No está
escrito en vuestra Ley: “Yo he dicho: dioses sois?” Si llama
dioses a aquellos a quienes se dirigió la Palabra de Dios - y no
puede fallar la Escritura – a aquel a quien el Padre ha
santificado y enviado al mundo, ¿cómo le decís que blasfema por
haber dicho: "Yo soy Hijo de Dios"? Si no hago las obras de mi
Padre, no me creáis; pero si las hago, aunque a mí no me creáis,
creed por las obras, y así sabréis y conoceréis que el Padre
está en mí y yo en el Padre". Querían de nuevo prenderle, pero
se les escapó de las manos. Se marchó de nuevo al otro lado del
Jordán, al lugar donde Juan había estado antes bautizando, y se
quedó allí. Muchos fueron donde él y decían: "Juan no realizó
ninguna señal, pero todo lo que dijo Juan de éste, era verdad".
|
Evangelio de San Juan -
Cap. X y poesías sobre su texto
Deseo
Deseo, en mp3,
recitada por la autora
Lúcido vacío
Lúcido vacío,
en mp3, recitada por la autora

(Día 28, marzo,
sábado.
Jn 11,45-57
)
|
Juan 11,
45-57 - "Conviene que muera un hombre para
el bien del pueblo" - Muchos de los judíos
que habían venido a casa de María, viendo lo
que había hecho, creyeron en él. Pero
algunos de ellos fueron donde los fariseos y
les contaron lo que había hecho Jesús.
Entonces los sumos sacerdotes y los fariseos
convocaron consejo y decían: "¿Qué hacemos?
Porque este hombre realiza muchas señales.
Si le dejamos que siga así, todos creerán en
él y vendrán los romanos y destruirán
nuestro Lugar Santo y nuestra nación ". Pero
uno de ellos, Caifás, que era el Sumo
Sacerdote de aquel año, les dijo: "Vosotros
no sabéis nada, ni caéis en la cuenta que os
conviene que muera uno solo por el pueblo y
no perezca toda la nación". Esto no lo dijo
por su propia cuenta, sino que, como era
Sumo Sacerdote aquel año, profetizó que
Jesús iba a morir por la nación - y no sólo
por la nación, sino también para reunir en
uno a los hijos de Dios que estaban
dispersos. Desde este día, decidieron darle
muerte. Por eso Jesús no andaba ya en
público entre los judíos, sino que se retiró
de allí a la región cercana al desierto, a
una ciudad llamada Efraím, y allí residía
con sus discípulos. Estaba cerca la Pascua
de los judíos, y muchos del país habían
subido a Jerusalén, antes de la Pascua para
purificarse. Buscaban a Jesús y se decían
unos a otros estando en el Templo: "¿Qué os
parece? ¿Que no vendrá a la fiesta?" Los
sumos sacerdotes y los fariseos habían dado
órdenes de que, si alguno sabía dónde
estaba, lo notificara para detenerle.
|
Evangelio de San Juan -
Cap. XI y poesías sobre su texto
No importa
No
importa, en mp3, recitada por la autora
Él es...
Él
es...,
en mp3, recitada por la autora
Tengo
fe
Tengo
fe, en mp3, recitada por la autora
Tengo sed
Tengo sed, en mp3,recitada por la autora
A
Cristo
A
Cristo,
en mp3, recitada por la autora
Alianza
del silencio
Te
cantan hoy mis cítaras templadas
Te
cantan hoy mis cítaras templadas,
en mp3, recitada por la autora
Hombre
y Dios
Hombre
y Dios,
en mp3, recitada por la autora
Biznagas
luminosas
Biznagas
luminosas,
en mp3, recitada por la autora

(Día 29, marzo,
domingo Mt 27,11-54.
DOMINGO DE RAMOS DE LA PASIÓN DEL SEÑOR)
|
Mateo 27,11-54 - Jesús fue
llevado ante el gobernador, y el gobernador le preguntó: «¿Eres
tú el rey de los judíos?». Jesús respondió: «Tú lo dices». Y
mientras lo acusaban los sumos sacerdotes y los ancianos no
contestaba nada. Entonces Pilato le preguntó: «¿No oyes cuántos
cargos presentan contra ti?». Como no contestaba a ninguna
pregunta, el gobernador estaba muy extrañado. Por la fiesta, el
gobernador solía liberar un preso, el que la gente quisiera.
Tenía entonces un preso famoso, llamado Barrabás. Cuando la
gente acudió, dijo Pilato: «¿A quién queréis que os suelte, a
Barrabás o a Jesús, a quien llaman el Mesías?». Pues sabía que
se lo habían entregado por envidia. Y mientras estaba sentado en
el tribunal, su mujer le mandó a decir: «No te metas con ese
justo porque esta noche he sufrido mucho soñando con él». Pero
los sumos sacerdotes y los ancianos convencieron a la gente para
que pidieran la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús. El
gobernador preguntó: «¿A cuál de los dos queréis que os
suelte?». Ellos dijeron: «A Barrabás». Pilato les preguntó: «¿Y
qué hago con Jesús, llamado el Mesías?». Contestaron todos: «Sea
crucificado». Pilato insistió: «Pues, ¿qué mal ha hecho?». Pero
ellos gritaban más fuerte: «¡Sea crucificado!». Al ver Pilato
que todo era inútil y que, al contrario, se estaba formando un
tumulto, tomó agua y se lavó las manos ante la gente, diciendo:
«Soy inocente de esta sangre. ¡Allá vosotros!». Todo el pueblo
contestó: «¡Caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros
hijos!». Entonces les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de
azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran. Entonces los
soldados del gobernador se llevaron a Jesús al pretorio y
reunieron alrededor de él a toda la cohorte: lo desnudaron y le
pusieron un manto de color púrpura y trenzando una corona de
espinas se la ciñeron a la cabeza y le pusieron una caña en la
mano derecha. Y doblando ante él la rodilla, se burlaban de él
diciendo: «¡Salve, rey de los judíos!». Luego le escupían, le
quitaban la caña y le golpeaban con ella la cabeza. Y terminada
la burla, le quitaron el manto, le pusieron su ropa y lo
llevaron a crucificar. Al salir, encontraron a un hombre de
Cirene, llamado Simón, y lo forzaron a llevar su cruz. Cuando
llegaron al lugar llamado Gólgota (que quiere decir lugar de «la
Calavera»), le dieron a beber vino mezclado con hiel; él lo
probó, pero no quiso beberlo. Después de crucificarlo, se
repartieron su ropa echándola a suertes y luego se sentaron a
custodiarlo. Encima de la cabeza colocaron un letrero con la
acusación: «Este es Jesús, el rey de los judíos». Crucificaron
con él a dos bandidos, uno a la derecha y otro a la izquierda.
Los que pasaban, lo injuriaban, y meneando la cabeza, decían:
«Tú que destruyes el templo y lo reconstruyes en tres días,
sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, baja de la cruz».
Igualmente los sumos sacerdotes con los escribas y los ancianos
se burlaban también diciendo: «A otros ha salvado y él no se
puede salvar. ¡Es el Rey de Israel!, que baje ahora de la cruz y
le creeremos. Confió en Dios, que lo libre si es que lo ama,
pues dijo: “Soy Hijo de Dios”». De la misma manera los bandidos
que estaban crucificados con él lo insultaban. Desde la hora
sexta hasta la hora nona vinieron tinieblas sobre toda la
tierra. A la hora nona, Jesús gritó con voz potente: Elí, Elí,
lemá sabaqtaní (es decir: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has
abandonado?»). Al oírlo algunos de los que estaban allí dijeron:
«Está llamando a Elías». Enseguida uno de ellos fue corriendo,
cogió una esponja empapada en vinagre y, sujetándola en una
caña, le dio de beber. Los demás decían: «Déjalo, a ver si viene
Elías a salvarlo». Jesús, gritando de nuevo con voz potente,
exhaló el espíritu. Entonces el velo del templo se rasgó en dos
de arriba abajo; la tierra tembló, las rocas se resquebrajaron,
las tumbas se abrieron y muchos cuerpos de santos que habían
muerto resucitaron y, saliendo de las tumbas después que él
resucitó, entraron en la ciudad santa y se aparecieron a muchos.
El centurión y sus hombres, que custodiaban a Jesús, al ver el
terremoto y lo que pasaba, dijeron aterrorizados:
«Verdaderamente este era Hijo de Dios». |
¡Hosanna! y Está cercano el día de la luz
Especial Semana Santa

(Día 30, marzo, lunes.
Jn 12,1-11) LUNES
SANTO
|
Juan
12, 1-11 - "Déjala, lo tenía guardado para el día de mi
sepultura" - Seis días antes de la Pascua, fue Jesús a Betania,
donde vivía Lázaro, a quien había resucitado de entre los
muertos. Allí le ofrecieron una cena: Marta servía y Lázaro era
uno de los que estaban con él en la mesa. María tomó una libra
de perfume de nardo, auténtico y costoso, le ungió a Jesús los
pies y se los enjugó con su cabellera. Y la casa se llenó de la
fragancia del perfume. Judas Iscariote, uno de sus discípulos,
el que lo iba a entregar, dice: ¿Por qué no se ha vendido este
perfume por trescientos denarios para dárselos a los pobres?
(Esto lo dijo no porque le importasen los pobres, sino porque
era un ladrón; y como tenía la bolsa llevaba lo que iban
echando). Entonces Jesús dijo: Déjala: lo tenía guardado para el
día de mi sepultura; porque a los pobres los tenéis con
vosotros, pero a mi no siempre me tenéis. Una muchedumbre de
Judíos se entero de que estaba allí y fueron no sólo por Jesús,
sino también para ver a Lázaro, al que había resucitado de entre
los muertos. Los sumos sacerdotes decidieron matar también a
Lázaro, porque muchos judíos, por su causa, se les iban y creían
en Jesús. |
Evangelio de San Juan -
Cap. XII y poesías sobre su texto
Perfume de gloria y Embalsámame el alma
Especial Semana Santa

(Día 31, marzo, martes.
Jn 13,21-33.36-38) MARTES SANTO
|
Juan 13, 21-31a. 36-38 - "Uno
de vosotros me va a entregar" - En aquel tiempo, Jesús,
profundamente conmovido, dijo: Os aseguro que uno de vosotros me
va a entregar. Los discípulos se miraron unos a otros perplejos,
por no saber de quién lo decía. Uno de ellos, al que Jesús tanto
amaba, estaba a la mesa a su derecho. Simón Pedro le hizo señas
para que averiguase por quién lo decía. Entonces el, apoyándose
en el pecho de Jesús, le pregunto Señor: ¿quién es?.Le contestó
Jesús: Aquél a quien yo le dé este trozo de pan untado. Y
untando el pan se lo dio a Judas, hijo de Simón el Iscariote.
Detrás del pan, entró en él Satanás. Entonces Jesús le dijo: Lo
que tienes que hacer hazlo en seguida. Ninguno de los comensales
entendió a qué se refería. Como Judas guardaba la bolsa, algunos
suponían que Jesús le encargaba comprar lo necesario para la
fiesta o dar algo a los pobres. Judas, después de tomar el pan,
salió inmediatamente. Era de noche. Cuando salió dijo Jesús:
"Donde yo voy, no podéis ir vosotros". Simón Pedro le dijo: Señor, ¿a
dónde vas?. Jesús le respondió: Adonde yo voy no me puedes
acompañar ahora, me acompañarás más tarde. Pedro replicó: Señor,
¿por qué no puedo acompañarte ahora? Daré mi vida por ti. Jesús le
contesto: ¿Con que darás tu vida por mí? Te aseguro que no cantará
el gallo antes que me hayas negado tres veces. |
Evangelio de San Juan -
Cap. XIII y poesías sobre su texto
Especial Semana Santa

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