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PENITENCIA DE CENIZA (Mt 11,20-24; 26,17-25; Mc 14,12-21; Lc 10,13-16; 22,7-23; Jn 13,18-35) Por
Me enseñaste el camino de tu ciencia y preferí vagar en la ignorancia, tendré que dar, Señor, mejores cuentas por saber la verdad de tu palabra. Me limpiaste con agua de la vida, me invitaste a la boda de las almas, y sigues esperando en tu agonía mi amorosa respuesta a tu llamada. Me ofreces tratamiento de elegido, el calor y la luz de tu mirada y, en la Cruz del dolor y del martirio, el abrazo de amor y de esperanza.
Quiero hacer penitencia de ceniza a los pies de tu imagen consagrada, no quiero ser la causa de tu herida como Corozaín, como Betsaida. Diste un precepto nuevo, que los hombres se amen unos a otros, que se entreguen como te has entregado, sin temores, sin recelos, caritativamente. Amaré, por tu amor, a mis hermanos, amaré al pobre, al viejo, al desvalido, proclamaré el precepto que Tú has dado porque deseo ser tu fiel discípulo.
Lograré que produzcan tus talentos, quemaré la raíz de mi cizaña, me abrazaré con fuerza a tu universo como aquel hijo pródigo en tu casa. Te ofreceré mis uvas, el racimo maduro con el sol de tu mañana, y llenaré mi copa con el vino envejecido en odres de tu cava. Seré el fruto en sazón de aquella higuera carcomida, reseca, deshojada, y llenaré mis manos de azucenas, de jazmines, de espliego y de albahaca.
Quiero elevarme en alas de tu aliento desde tu voz grabada en mis entrañas y ser en este espacio el misionero que acreciente la hacienda de tus almas.
Del libro Biblioteca de Autores Cristianos (BAC)
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Pintor: Giordano
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