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El fariseo y
el publicano: Lc 18,9-14
Por
FUI FARISEO
Fui triste fariseo
en esta tierra,
ahora, que en ti creo,
mi orgullo entierra.
Quiero alcanzarte
en el centro del alma
para adorarte.
No permitas, Señor,
que la soberbia
me aleje de tu amor
por mi protervia.
Que la humildad
sea mi fiel ofrenda
a tu bondad.
Perdona mis errores,
sé compasivo.
Suplico tus favores,
ahora en ti vivo.
Por caridad,
escucha mi plegaria
y ten piedad.
Con atuendo profano,
hojarasca en los ojos,
bagatela en la mano,
y sembrado de abrojos,
me presenté ante Ti,
con mi entraña vacía,
engreído viví,
pues no te conocía.
Hoy sé que eres Amor,
que viniste a la tierra,
que sufriste dolor
por nuestra humana guerra.
Nos diste tu perdón,
soportaste el martirio,
cumpliste tu misión,
tu divino delirio.
Eres tú mi tesoro,
llené de amor mis manos,
me humillo y laboro
sirviendo a mis hermanos.
Hoy me postro ante Ti,
eres paz y alegría,
¡al fin te conocí!
¡Tú alumbraste mi umbría!
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