NO PIDO
FAVORES
Subes a
Jerusalén
porque ha
llegado la hora
de sufrir por
nuestro bien
muerte del
mal redentora.
No busco
honor y riqueza,
siempre te
voy a seguir
abrazando la
pobreza,
así te quiero
servir.
No pido gozar
favores,
no deseo ser
primero,
sólo ser de
tus amores
uno más en el
sendero.
Seré humilde
servidor
de mis
hermanos, así
será mi mayor
honor
imitar lo que
en ti vi.
Arribaré a tu
final,
sufriré, si
es tu proyecto,
el martirio
bautismal
para ser
siervo dilecto.
NO PRETENDO
GRANDEZA
Recorremos el
camino
que lleva a
Jerusalén,
nos anuncias
tu destino
desde tu cuna
en Belén.
Nos dices que
sufrirás
una muerte
vil, cruel,
y que
resucitarás
por ser a tu
misión fiel.
Que reservas
en el cielo
un lugar, una
mansión,
para aquéllos
que con celo
continúen tu
misión.
Que no
busquemos honor,
que en la
gloria elegirán
a los que
ofrezcan su amor
al prójimo
con afán.
Yo no
pretendo grandeza
porque sé no
la merezco,
y si he de
sufrir bajeza
por amor a ti
obedezco.
No pretendo
me coloques
a tu derecha
o izquierda,
sólo deseo me
toques
con tu amor y
no me pierda.

Emma-Margarita R. A.-Valdés
email del autor:
universo@universoliterario.net

|