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AGUA DE
LA VIDA
Sobre el Evangelio de San Juan,
capítulo IV
Por:
Emma-Margarita R. A.-Valdés

Cansado del camino,
soportando el calor del mediodía,
va
Jesús de Judea a Galilea,
para
dar a Samaria el agua de la Vida.
Un
Nuevo Testamento
se
escribe con palabras y acciones del
Mesías.
Reposa
junto al pozo de Jacob.
Se
encuentra con Jesús una samaritana.
Jesús
le dice: Dame de beber.
La
mujer le pregunta por qué le pide agua
si él
es hombre y judío.
Jesús
le ofrece el don de Dios, que sacia.
Él es
la fuente de la vida eterna,
de la
sabiduría.
Un
manantial que brota en tierra de
secano
y hace
crecer la siembra, si en el cielo
enraíza.
La
mujer se sorprende, Él sabe su pasado,
pueblo
de cinco dioses, cinco veces unida,
y
encuentra en sus palabras el camino
que a
libertad destina.
Un
centurión, un oficial de Herodes,
solicita un milagro
con fe
en su autoridad y en sus palabras.
Jesús
se lo concede. No importa sea un
romano.
Es
otro de sus signos. Cruzando la
distancia,
su
celestial poder ha demostrado.

Emma-Margarita R. A.-Valdés
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