¡HOSANNA!
Llegas montado en un pollino
al necesario Gólgota del reino
que te espera.

Yo despliego mi manto de dolor
ante tu viva imagen.
En procesión te sigo por la calle
de la próxima muerte.

Canto:
“Hosanna”. “Mi Rey de las alturas”.
“Hosanna” por tu vida y tu martirio
“Hosanna” por tu amor y tu
holocausto.
“Hosanna” por la luz de tu Evangelio.
“Hosanna” por llenarme de esperanza.

El monte espera triste, inescrutable,
como oscuro testigo
de soledad y de abandono.
Cuando llegues a él
te cantaré “Hosanna”
por ser libertador de las tinieblas,
por abrirme la puerta de la gloria,
por tu gran sufrimiento por mis
culpas.
por tu eterno reinado.

ESTÁ CERCANO EL DÍA DE LA LUZ
Está cercano el día de la Luz,
el día de la muerte y de la gloria.

Todo en Jerusalén está expectante,
aparece Jesús y se apasionan
cuando llega montado en un jumento,
muestra de su humildad.

El pueblo enardecido
le entrega el corazón y la alabanza.
Conoce sus prodigios
y la resurrección de su fiel Lázaro,
que logró convertir a más personas.

Con hojas del olivo y la palmera
le reciben cantando,
gritan “Hosanna” al Rey.
Son voces del Antiguo Testamento.

Los fariseos le odian porque estorba
a su preeminencia
y en el pueblo han sembrado la
cizaña.

Él sigue su camino
hacia el monte del odio y la certeza,
allí espera la cruz,
el trono de su gloria y su victoria.

Como el grano de trigo,
que muere para dar nueva cosecha,
el Mesías se entregará a la muerte
y será para el cielo sementera.
Emma-Margarita R. A.-Valdés
email del autor:
universo@universoliterario.net


  
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