Manual oficial de la Legión de María

Continuación

 

- 33  - DEBERES BÁSICOS DE LOS LEGIONARIOS

1. Asistir regularmente y cvon puntualidad a las juntas semanales del praesidium (véase el capítulo 11, Organización interna de la Legión)
a) El cumplir con esa obligación cuesta más, naturalmente, estando cansado, cuando hace mal tiempo, y al sentirse tentado de irse a otra parte. Pero ¿dónde está la prueba, sino en la dificultad? Y ¿dónde el mérito sino en vencerla?
b) Más fácil es apreciar el valor de un trabajo, que el de una junta donde se informa sobre ese trabajo; y, sin embargo, la junta es el deber principal. Es, con relación al trabajo, lo que la raíz respecto de la flor: no puede vivir uno sin el otro.
c) La fidelidad en asistir a la junta, aunque sea a costa de largas idas y venidas, es prueba de elevadas miras sobrenaturales; pues, si nos guiásemos sólo por la razón, juzgaríamos que la pérdida de tiempo - ocasionada en esas circunstancias para ir a la junta- anula todo su valor. No, no es tiempo perdido; es una parte -y sumamente meritoria- del trabajo total. ¿Acaso fue pérdida de tiempo el largo viaje de María en la Visitación?
“A tantas otras virtudes unió Santa Teresa un ánimo firme y resuelto. Tenía por máxima inviolable que debemos apurar nuestras fuerzas antes de quejarnos. ¡Cuántas veces acudía Ella a maitines sufriendo vértigos y violentos dolores de cabeza! Aún me quedan fuerzas para andar -solía decir- así que debo estar en mi puesto. Gracias a esta intrépida energía, hizo actos heroicos” (Santa Teresa de Lisieux).

2. Cumplimiento de la obligación del trabajo semanal
a) Debe ser un trabajo serio y sólido, que tenga bien ocupado al legionario durante dos horas cada semana. Pero no hay que guiarse por cifras. Muchísimos socios superan generosamente este mínimo ofreciéndose varios días a la semana. Hay muchos que trabajan legionariamente todos los días. En todo caso, el trabajo realizado ha de ser el desempeño del deber activo semanal justamente como lo concretó y señaló el praesidium, no el capricho del propio legionario. Las oraciones u otros ejercicios de piedad, por valiosos que sean, no satisfacen esta obligación, ni siquiera suplen en parte la falta de trabajo activo.
b) El trabajo activo no es sino una forma de oración, y hay que aplicarle las reglas de la oración. Ningún trabajo durará mucho si no está encuadrado en este marco sobrenatural, porque, una de dos: o es fácil, y en este caso se hará cansino y monótono; o es interesante, y entonces la mayoría de las veces resultará difícil y estará marcado por las contradicciones y el fracaso aparente. En ambas hipótesis sobrarán razonamientos humanos, aconsejando que se desista de la obra comenzada. En lugar de esto, el legionario tiene que aprender a penetrar con la mirada más allá de la niebla de los sentimientos naturales, y mirará las cosas en su verdadera perspectiva sobrenatural. Cuanto más se parezca su trabajo a una cruz y al sufrimiento, tanto más lo debe apreciar.
c) El legionario es un soldado. El deber no ha de ser para él cosa de menos valor que para un soldado de la tierra. Todo lo noble, sacrificado, caballeresco y enérgico del carácter militar ha de tener en, el legionario de María su más alta representación. Esas cualidades han de reflejarse en su trabajo legionario.
La muerte, el monótono rondar del centinela, fregar los suelos del cuartel: todo eso entra en el oficio de un soldado; pero no se mira la parte material del deber impuesto; sino el deber como tal, y se procura cumplirlo todo con igual fidelidad. Que salga uno victorioso o derrotado, ¿qué importa? El deber es siempre el deber. Aprenda de aquí el legionario de María: no menos firme ha de ser el concepto que tenga del deber, ni menos rigurosa la aplicación que haga de este concepto a cada obra, tanto a la más insignificante como a la más difícil.
d) La unión íntima con María es fundamental en todo trabajo legionario. Pero también es esencial que esa obra tenga por fin el infundir -en aquellos por quienes se trabaja- un conocimiento y amor a María tales, que les muevan a emprender algo en su servicio. Sin este conocimiento y amor a María no se puede gozar de buena salud espiritual ni robustecerla. La Virgen santísima “está asociada a los divinos misterios, y bien puede llamarse la Guardiana de los mismos, pues sobre Ella, como sobre el más excelso fundamento después de Jesucristo, descansa la fe de todas las generaciones” (San Pío X, AD, 3). Invitamos a los legionarios a meditar sobre estas sugestivas palabras del mismo Papa: “el que trabaja por las almas no las verá fructificar en obras de virtud y santidad, a medida de sus sudores, hasta tanto que la devoción y la augusta Madre de Dios llegue a echar en ellas hondas raíces”.
“Como nuestro Señor sobre el calvario, tened en cuenta que estáis luchando con certeza de victoria. No temáis valeros de las armas que Él mismo utilizó, ni compartir sus llagas. Que venga la victoria en esta generación o en la próxima, ¿qué importa? Seguid con la constancia de una labor paciente; de lo demás se ocupará el Señor; no nos toca a nosotros saber ni la hora ni el momento que el Padre ha señalado a su poder. ¡Ánimo, pues! Llevad la carga de vuestra heroica empresa con la intrepidez de aquellos valientes caballeros que os han precedido” (T Gavan Duffy, El precio del naciente día).

3. Informar de viva voz en la junta sobre el trabajo de la semana
Este deber es muy importante, y es además uno de los ejercicios que más contribuyen a mantener el interés en la obra de la Legión. Para esto, y para la formación de los socios, exige la Legión que se de un informe de viva voz. Se conoce la eficacia de un legionario en el cuidado que pone en preparar sus informes y en el modo de presentarlos. Cada informe es un sillar en el edificio de la junta, y la solidez de ésta depende de la perfección de los informes. Cada informe no hecho o mal hecho es una injuria a la junta, que es el centro de la vida legionaria.
La formación de los socios depende en gran parte de ver como actúan los demás, y esto es lo que se manifiesta en los informes; y depende también de saber escuchar los comentarios de los demás a su propio informe. Un informe sin contenido no aprovecha ni a quien lo da ni a quienes lo reciben.
Para más detalles sobre el informe, y sobre el modo de redactarlo, véase el párrafo 9 del capítulo 18, orden de la junta del praesidium.
“Recordad con que insistencia exhorta San Pablo a los cristianos a socorrer y tener presentes en sus oraciones a todos los hombres; porque Dios quiere que todos los hombres se salven..., porque Cristo se dio a sí mismo en rescate por todos (1 Tm 2,6). Y este principio de la universalidad de nuestro deber y de su objeto aparece también en estas sublimes palabras de San Juan Crisóstomo: “Cristianos, daréis cuenta no sólo de vosotros mismos, sino del mundo entero” (Gratty, Las fuentes).

4. Guardar secreto inviolable
Los legionarios deben guardar secreto absoluto sobre todo lo que conozcan en las juntas o en el ejercicio de su trabajo. Este conocimiento les viene porque son legionarios, y, si lo divulgasen, sería una traición intolerable a la Legión. Hay que informar en la junta, ciertamente; pero aun aquí es menester prudencia. Se trata esta cuestión más ampliamente en el número 20 del capítulo 19, la junta y el socio .
Guarda lo que se te ha entregado en depósito (1 Tm 6, 20).

5. Cada socio debe tener un cuaderno
En él apuntará una breve relación de los diversos casos, por estas razones: a) es un deber para con la Legión el llevar cada obra con la precisión y el esmero con que se lleva un negocio; b) así no se olvidarán casos anteriores o que estén sin terminar; c) será un arsenal de detalles indispensables para dar buenos informes; d) será un medio de habituarse a hacer las cosas con orden; y e) como constancia escrita de un trabajo realizado, servirá para disipar el desaliento en los momentos de alguna inevitable crisis en que todo lo pasado se presenta envuelto en la oscuridad del fracaso presente.
Es necesario llevar estos apuntes con secreto - inventando, a ser posible, una especie de clave - para no descubrir a personas extrañas cosas delicadas. Y nunca se deben tomar notas delante de las personas interesadas.
Hágase todo con dignidad y con orden (1 Co 14,40).

6. Todos los legionarios deben recitar cada día la Catena Legionis
Está compuesta principalmente del Magnificat. Salido de los labios de María misma, es ahora el himno vespertino de la Iglesia; es "el más henchido de humildad y agradecimiento, el más sublime y excelso de todos los cánticos" (San Luis María de Montfort).
Como ya lo indica el nombre, esta cadena es el vínculo que une a la Legión con la vida diaria de todos sus miembros activos y auxiliares, y a los miembros entre sí y con su bendita Madre. El nombre sugiere también la obligación de rezarla cada día. Para que una cadena sea perfecta no ha de faltar ningún eslabón: un solo legionario que falte a su obligación en este punto es un eslabón roto en la cadena de la devoción legionaria. Y que sirva esto de aviso a todos.
Los legionarios que, por fuerza de las circunstancias, se hayan visto obligados a dejar las filas legionarias -y aun aquellos que hayan salido por cualquier motivo- deberían continuar con el rezo diario de la catena, conservando durante toda su vida siquiera esta unión con la Legión.
"Cuando quiera conversar familiarmente con Jesús,lo haré siempre en nombre de María, y, hasta cierto punto, en su persona. Por mi medio quiere Ella volver a vivir esas horas de dulce intimidad y de inefable ternura que pasó en Nazaret con su amado Hijo. Con mi ayuda quiere deleitarse de nuevo en entrar con Él, gracias a mi le abrazará y le estrechará contra su corazón, como entonces en Nazaret (De Jaegher, la virtud de la confianza).

7. Relaciones entre los socios
Aunque muy dispuestos a cumplir el deber de la caridad para con sus compañeros de un modo general, olvidan los legionarios a veces que ese deber incluye el sobrellevar sus defectos. Si fallan en esto, serán causa de que el praesidium se vea privado de la gracia, y hasta puede ser que desgraciadamente, den motivo a otros socios para marcharse.
Por otra parte, todos deberán tener bastante juicio como para darse cuenta de que su fidelidad a la Legión no ha de depender de si este presidente es simpático o aquel compañero poco tratable; ni de una desatención real o imaginaria, que pueda cometerse contra ellos; ni de faltas de aprecio, desavenencias, reproches u otras contrariedades análogas.
El olvido de si mismo debe ser la base de toda obra solidaria; sin él, hasta los apóstoles más comprometidos pueden ser un peligro para la organización. Los socios más valiosos de la Legión son aquellos que, controlando sus reacciones instintivas, se adaptan y más fácilmente al reglamento. Todo aquel que diga o haga cualquier cosa en contra de la dulzura que debe caracterizar a la Legión, le da una puñalada, tal vez en el corazón mismo. Cuiden, pues, todos de construir, no de destruir.
Al tratar de las relaciones de los legionarios entre sí, hay que hacer particular mención de lo que con tanta ligereza como incorrección se llaman pequeñas envidiejas. La envidia, de suyo, raras veces es cosa pequeña: es indicio de un corazón amargado; envenena las relaciones humanas donde quiera que penetra. En el malicioso se convierte en una fuerza destructiva, capaz de llegar a los mayores excesos. Pero también tienta al corazón generoso y limpio, precisamente en lo que éste tiene de más sensible y afectuoso. ¡Qué duro, tener que dejar el puesto a otros, verse aventajado en virtud y en capacidad, arrinconado y reemplazado por los jóvenes! ¡Cómo amarga el sentimiento de verse eclipsado! Hasta las personas más espirituales han sentido este secreto tormento, y han aprendido por ahí cuán débiles y miserables eran. En realidad, esa amargura no es sino el incipiente humear del odio, próximo a estallar en llama destructora.
El olvidar las causas de la envidia proporcionará algún alivio; pero el legionario tiene que aspirar a más: no contento con recobrar la calma, tiene que lograr el laurel de la victoria, triunfando sobre los instintos naturales siempre rebeldes, cambiando el semiodio de la envidia en un amor medularmente cristiano. Pero ¿como conseguir este triunfo? Cumpliendo estrictamente la ordenanza legionaria de ver y reverenciar en cada uno de sus compañeros - y en todos cuantos le rodean - a su Señor Jesucristo; oponiendo a cada impulso de la envidia esta reflexión: "Esa persona que me duele ver ensalzada es mi Señor; luego he de sentir como el Bautista: Mi gozo ha llegado a su colmo porque Jesús esta ensalzado, aunque sea a costa mía. A él le toca crecer; a mí, menguar ".
Ideales como estos son verdaderamente santos; son las primicias de un glorioso destino, y dan ocasión a María para que Ella libre de todo rastro de vanidad a un legionario suyo, de quien se quiere servir para llegar a muchos (Jn 1,7), para formar en él a un precursor desinteresado que prepare el camino a la venida del Señor (Mc 1,2).
Un precursor debe desear siempre quedar eclipsado por aquel a quien anuncia. El verdadero apóstol verá siempre con agrado el adelantamiento de los que le rodean; jamás se le ocurrirá interpretar el crecimiento ajeno como menoscabo propio. Por consiguiente, no tiene nada de apóstol quien quiere que suban los demás sólo a condición de que no le hagan sombra a él. Semejante ruindad demostraría que el yo está muy vivo para salirse con la suya, cuando, en el apóstol, el yo debe estar relegado al último puesto. Es de todo punto imposible que haya verdadero apostolado donde ande suelto el espíritu de la envidia.
"Al proferir sus primeras palabras de respeto y cariño, da María el primer impulso santificador en esas dos almas, purificándolas, regenerando al Bautista y ennobleciendo a Santa Isabel.
Si tan grandes cosas obraron aquellas primeras palabras, ¿qué diremos de los días, semanas y meses que siguieron después? Durante todo este tiempo María está dando, Isabel recibiendo, y -¿por qué no decido sin rodeos? - recibiendo sin envidia. Esa santa, a quien Dios concedió milagrosamente el don de la maternidad, se inclina delante de su prima sin la más leve sombra de amargura por no haber sido ella la escogida del Señor. Ni tuvo Santa Isabel envidia de María, ni María misma será capaz de tener envidia del amor que mostrará su divino Hijo hacia sus apóstoles. Lo mismo San Juan Bautista: cuando sus discípulos le dejan a él para irse con Jesús, sin asomo de envidia los ve marcharse, y su único comentario es: Quien viene de arriba está más alto que nadie. A Él le toca crecer, a mí menguar (Jn 3, 30-31)" (Perroy, la humilde Virgen María).

8. Relaciones con el compañero de visitas
Los legionarios tienen deberes esenciales que cumplir para con los que les acompañan en las visitas. Los envió delante de Él de dos en dos
(Lc 10,1). Aquí el número dos tiene una significación mística: el amor, la caridad, del amor depende toda fecundidad; es decir, "dos" no significa simplemente que hay dos personas trabajando juntas por casualidad, significa la unidad de dos, como la de David y Jonatán: dos corazones fundidos en uno solo, amando el uno al otro como a su propia alma (1 S 18, 1)
Los que entren a segar la mies con este espíritu, verán llover sobre ellos las bendiciones de lo alto, y, al volver de sus faenas, volverán cantando trayendo sus gavillas (Sal 126,6)
En los pequeños detalles es donde se manifestará y se estrechará más la unión entre los dos compañeros de visita. Porque hay detalles que levantan una barrera entre los dos: promesas no cumplidas, infidelidad en guardar un compromiso, la falta de puntualidad, fallos contra la caridad por pensamiento y de obra, pequeñas descortesías, el darse tono... Si suceden estas cosas, la unión es imposible.
“Después de la disciplina religiosa, la más rica prenda de bendiciones y de fecundidad para una congregación religiosa es la caridad fraterna, la armonía de la unión. Como hijos privilegiados y escogidos de María que somos, hemos de amar a todos nuestros hermanos, sin exceptuar a ninguno. Lo que hiciéramos a cualquiera de ellos, lo mirará María como hecho a ella misma, o como si se lo hubiésemos hecho a su Hijo Jesús: todos nuestros hermanos están llamados por su vocación a ser, con Jesús y en Jesús, verdaderos hijos de María" (Breve tratado de Mariología)

9. Reclutamiento de nuevos miembros
Todo legionario deberá procurar nuevos miembros. Si está convencido de que la Legión es una bendición para él, ¿puede no esforzarse para que también otros disfruten esa bendición? Si ve el mucho bien que la Legión hace donde quiera que funciona, ¿cómo no trabajar para extenderla? y, si reflexiona en lo mucho que la Legión ayudará a los demás a progresar en el amor y servicio de Jesús y María, ¿podrá permanecer inactivo? Piénselo bien: después de Jesús, no hay gracia mejor ni mayor que María. Dios la ha hecho - dependiente de Cristo e inseparable de Él- raíz, desarrollo y florecimiento de la vida sobrenatural.
Si no se acerca uno a los demás para animarles, serán muchos los que jamás pensarán en entrar por este gran camino, que interiormente anhelan, y que les conducirá a la posesión de tan grandes gracias, luego, estos las difundirán entre otros.
A todos los mortales ábrense
una vía -y muchas- y una vía;
y el alma noble sube a la Alta Vía,
y el alma vil rastrea por laBaja,
y en medio, en las llanuras anubladas,
fluctúan las demás.
A todos los mortales ábrense
una alta vía y una baja vía,
y cada ser humano determina
por cual el alma irá.

(John Oxenham)

10. El estudio del Manual
Cada socio tiene el estricto deber de estudiar este Manual a conciencia, y el de compenetrarse con el en cuanto pueda.
Es el texto oficial de la Legión. Contiene en resumen -lo más brevemente posible- todo cuanto debe saber el legionario sobre los principios, leyes, métodos y espíritu de la Legión de María, para cumplir bien su misión. Aquellos socios -sobre todo los oficiales- que no conozcan bien el Manual, no podrán hacer funcionar la organización como es debido; por el contrario, cuanto más lo conozcan, mejor marchará; y se verificará un fenómeno extraño: el interés irá aumentando día a día, y la calidad con la cantidad.
¡Demasiado largo!, exclaman algunos, y -por absurdo que parezca- precisamente los que no tienen reparo en dedicar al periódico todos los días un tiempo que bastaría para leer la mayor parte de este Manual.
¡Demasiado extenso!, ¡Demasiados detalles! ...¿diría esto un buen estudiante de leyes o de medicina, o un cadete militar, si le presentásemos un libro de texto tan reducido como este, en el que estuviera condensado cuanto le importa saber para salir airoso en su profesión? Lejos de decir o pensar así, en una o dos semanas se lo habría aprendido de memoria, hasta la más pequeña idea y hasta la última letra de todo el tratado. Ciertamente que los hijos de este mundo son más astutos para sus cosas que los hijos de la luz (Lc 16,8).
Y se pone la objeción de que "el manual está lleno de conceptos difíciles y de temas de grado superior", de forma que muchos de nuestros miembros más jóvenes y menos preparados apenas lo pueden entender. Entonces, ¿por qué no contar con un manual simplificado para tales personas? Ni que decir tiene que tal sugerencia es contraria a las leyes básicas de la educación, las cuales exigen que al estudiante se le vaya adentrando gradualmente en territorio desconocido. No existe en absoluto educación si una persona entiende del todo una cosa desde el principio; y cuando ya no se propone algo nuevo a la mente, el proceso de educación ha cesado. ¿Por qué ha de esperar un legionario entender el manual perfectamente, de manera distinta y mejor que un estudiante su primer libro de texto? Es función de la escuela y del sentido general de la educación el aclarar lo que no está claro e implantarlo en el alumno como conocimiento adquirido.
Pero ¡las palabras mismas son difíciles! ¿Y acaso no se pueden aprender? el vocabulario del Manual no es de especializados, y se podrá dominar haciendo preguntas o consultando un diccionario.
Son palabras necesarias para exponer plenamente los principios espirituales y otras normas básicas de la Legión, y todo legionario necesita conocer bien sus deberes para consigo mismo y para con su fe católica. De hecho, es el vocabulario del diario que todo el mundo lee. ¿Quién oye decir que los periódicos deberían slmplificarse?
Lo dicho respecto del vocabulario del Manual se aplica igualmente a las ideas en él contenidas. "No puede haber en la doctrina de la Iglesia un cuerpo esotérico de enseñanzas, sólo al alcance de los pocos" (Mons. McQuaid, arzobispo de Dublín). Es un hecho que innumerables legionarios, personas corrientes y aun incultas, han comprendido perfectamente estas ideas y las han convertido en el meollo y sostén de sus vidas. Ni hay que considerar estas ideas como un mero acerbo cultural: comprenderlas bien -al menos en cierto grado- es del todo necesario, si se quiere ejercer el apostolado como es debido, pues no son más que principios comunes, que contribuyen a la vida misma del apostolado.
Si no se comprenden estos principios suficientemente, el apostolado se vería privado de su verdadero sentido, de sus raíces espirituales, y tales apóstoles ni siquiera tendrían derecho a llamarse cristianos. Tanto dista el apostolado cristiano de una campaña indefinida "para hacer el bien" como el cielo de la tierra.
Por lo tanto, las ideas de este Manual sobre el apostolado han de ser bien asimiladas, y el praesidium tiene que hacer las veces de maestro. Esto se conseguirá mediante la lectura espiritual y la allocutio, y estimulando a los legionarios a que lean metódicamente el Manual y lo estudien. El conocimiento no ha de quedar en el terreno de la teoría. Cada trabajo activo debe estar inspirado en su correspondiente principio doctrinal, para que adquiera así un sentido espiritual.
En cierta ocasión le preguntaron a Santo Tomás de Aquino cómo se podría llegar a ser sabio, y contestó: "lee un libro, uno. Todo lo que leas u oigas, procura entenderlo bien. Alcanza la certeza en lo dudoso" el maestro de la sabiduría no señalaba ningún libro en particular, estaba pensando en cualquier libro digno que tratara de comunicar conocimientos. Por consiguiente, los legionarios podrán tomar sus palabras como un estímulo para hacer un estudio completo de este Manual.
Así mismo, el Manual es útil como medio de catequesis, pues presenta la fe de forma sencilla y asequible, siguiendo así la norma dada por el Concilio Vaticano.
“Aunque consideraba la ciencia como resultado de una ilustración interior, San Buenaventura se daba cuenta de la labor que implica el estudio. Y, citando a San Gregorio, aducía como ejemplo el milagro de las bodas de Caná: Cristo no sacó el vino de la nada, mandó a los sirvientes que llenasen primero las ánforas de agua. De igual modo, el Espíritu Santo no concede inteligencia y ciencia sobrenatural al hombre que no llene primero su ánfora -es decir, su mente- con las ideas sacadas del estudio. Sin esfuerzo no puede haber iluminación del entendimiento. La inteligencia de las eternas verdades es recompensa de un laborioso estudio, del cual nadie puede quedar exento" (Gemelli, Mensaje franciscano al mundo).

11. Estar, en cierto modo, siempre de servicio
En cuanto se lo permita la prudencia, el legionario debe intentar animar con el espíritu de la Legión todos los quehaceres comunes de su vida; y estar bien atento para promover en toda ocasión los fines generales de la misma: destruir el imperio del mal hasta en sus cimientos, y, sobre las ruinas, implantar el estandarte de Cristo Rey.
"Un hombre te encontrará por la calle y te pedirá un fósforo. Ponte a hablar con el, y a los diez minutos te estará preguntando sobre Dios" (Duhamel). Pero ¿por qué no asegurarse de ese contacto vital adelantándose a pedirle el fósforo?.
Se entiende y se practica el cristianismo en un sentido incompleto: como una religión individualista dirigida exclusivamente al provecho de la propia alma, sin preocuparse, en lo más mínimo, del prójimo; y esto se ha hecho tan común que ha cristalizado en costumbre. Este es el "cristiano de semicírculo" , tan reprobado por el Papa Pío XI. Claramente se ve que el precepto de amar a Dios con todo nuestro corazón y con toda nuestra alma y con toda nuestra mente, y al prójimo como a nosotros mismos (Mt.22, 37-39), ha sonado en oídos que se obstinan en permanecer sordos.
Prueba de este concepto gravemente erróneo sería el mirar las normas legionarias como cosas de santos, siendo así que no pasan de normas cristianas ordinarias. No se puede estar a tan bajo nivel, y al mismo tiempo pretender que se ama al prójimo con ese amor activo que impone el Gran Precepto; además, el amor al prójimo es uno con el amor de Dios, y, si faltare, la idea cristiana de Dios quedaría mutilada. "Hemos de salvarnos juntos. Juntos hemos de ir a Dios.
¿Qué nos diría Dios si fuéramos algunos a Él sin los demás?" (Péguy).
Hay que prodigar ese amor a todos los hombres, sin distinciones, como individuos y colectivamente, y no por sentimentalismo, sino como servicio y sacrificio personal. El legionario ha de ser la personificación atrayente de este cristianismo verdadero. Si no brilla la Verdadera Luz ante los hombres por medio de ejemplos prácticos del vivir cristiano auténtico, no sólo hay peligro, sino certeza, de que esa Luz no se reflejará en las costumbres del común de los católicos. Estas costumbres podrán descender a un nivel tal, que, librándose de la condena eterna, presentarían al mundo un cristianismo despojado de su carácter noble y generoso: este cristianismo estaría irrisoriamente en el extremo opuesto de lo que debería ser, y sería incapaz de atraer ni de retener a nadie.
Servicio significa disciplina. Estar siempre de servicio equivale a mantener la disciplina sin bajar la guardia en ningún momento. Así, pues en su modo de hablar, vestir, andar, en todo su porte, puede mostrar el legionario suma sencillez, pero nunca la menor falta al decoro. Los que trabajan activamente son observados por los demás con rigurosidad, y lo que en otros apenas llamaría la atención, en un legionario de María será tenido como una bajeza, y malograría gran parte de su trabajo apostólico. Es muy natural exigir a quien predica que vaya adelante con el ejemplo.
Pero aquí, como en todas las cosas, ha de prevalecer el buen juicio. Los bien intencionados no deben retraerse del apostolado por sentir su propia flaqueza: sería acabar con toda labor apostólica.
Tampoco teman que les tilden de hipócritas cuando aconsejen una perfección que ellos mismos no posean. Dice San Francisco de Sales:
"No es ser hipócrita hablar uno mejor que obrar. Si así fuera, ¡Dios mío!, ¿dónde estaríamos? Tendríamos que callarnos".
“La Legión de María trata sencillamente de vivir un catolicismo normal. Decimos normal; no decimos común. Hoy se tiende a pensar que el católico normal es el que practica su religión exclusivamente para su propio provecho, sin tomar ningún interés práctico en la salvación de sus hermanos. El juzgar así sería hacer una caricatura del católico de verdad, y aun del mismo catolicismo. El catolicismo corriente no es un catolicismo normal. Parece que ha llegado el momento de someter a riguroso examen, a un proceso revisor, esta noción prevaleciente de buen católico o católico que practica. No es un católico sino alcanza un cierto mínimo apostólico, y éste indispensable mínimo, del cual dependerá el Último juicio, no lo alcanzan en la actualidad la mayoría de los que se dicen católicos prácticos. En esto hay una situación trágica; en esto hay una falta de comprensión fundamental" (Cardenal Suenens, la teología del apostolado).

12. El legionario debe unir la oración al trabajo
Aunque los miembros activos de la Legión no estén obligados mas q.ue al rezo diario de la Catena Legionis, les exhortamos apremiantemente a incluir en su programa diario todas las oraciones contenidas en la téssera. Porque, si los socios auxiliares lo tienen por obligación, sería un reproche para los activos que ellos no hicieran lo que otros estan haciendo. Cierto que los auxiliares no trabajan activamente, pero también es verdad que mejor sirve a la Reina de la legión un auxiliar que ora, aunque no trabaje, que un activo .que trabaje pero no ora. Este último obra contra todas las intenciones de la Legión, la cual concibe a los legionarios activos como la punta de la lanza, y a los auxiliares sólo como el asta.
Es más: el fervor y la perseverancia de los auxiliares estriba grandemente en la convicción de ser ellos el complemento de un servicio sacrificado y heroico, muy superior al suyo. Por eso mismo el socio activo debería servir de ejemplo al auxiliar; pero si el activo no cumple siquiera con el deber de piedad exiigido al auxiliar, y si, además, le deja en dudas de quien está sirviendo mejor a la Legión, poco inspirador será su ejemplo.
Todo legionario, activo o auxiliar, debería inscribirse en la Cofradía del Santísimo Rosario. Los beneficios serán muy grandes (véase el apéndice 7).
"En todas nuestras peticiones invocamos -por lo menos implícitamente- el santo nombre de Jesús, aunque no digamos expresamente las palabras por nuestro Senor Jesucristo; porque Él es el mediador necesario a quien hemos de presentar todas nuestras demandas. Además, cuando el suplicante se dirige a Dios Padre directamente, o cuando confía su petición a un ángel o un santo sin invocar el santo nombre de María, hay que decir respecto de la santísima Virgen lo que decimos de su divino Hijo: así como su nombre es invocado implicitamente siempre, por ser Él nuestro único Mediador necesario, asi también es invocado implícitamente en todas nuestras oraciones el nombre de su benditísima Madre, que está asociada con ÉL. Siempre que pidamos a Dios, pedimos virtualmente a María. Siempre que dirijamos nuestras peticiones a Cristo como hombre, por el mismo hecho le suplicamos a Ella. Siempre que pidamos a un santo, le pedimos a Ella" (Canisio Bourke, OFM Cap, María).

13. Vida interior de los legionarios
“Ya no soy yo quien vive - dice el apóstol-, sino Cristo es quien vive en mí" (Gál 2,20). La vida interior significa que nuestros Pensamientos, deseos y sentimientos convergen en nuestro Señor. El modelo para conseguir este estado de vida es María. Ella, que avanzó constantemente en el camino de la santidad en busca de un progreso espiritual, es fundamentalmente progreso de caridad y de amor, y la caridad fue creciendo en María durante toda su vida.
"Todo cristiano en cualquier estado o momento de su vida, está llamado al cumplimiento de una vida cristiana y a la perfección en el amor. A todos los fieles se nos invita y obliga a buscar la santidad y la perfección en nuestro propio estado de vida" (LG, 40,42). La santidad es un objetivo práctico, "Todo en la santidad consiste en amar a Dios, y todo el amor a Dios consiste en hacer su voluntad" (San Alfonso María de Ligorio).
“Para poder descubrir la verdadera voluntad del Señor en nuestras vidas hay que tener presente lo siguiente: hay que saber escuchar y recibir la palabra de Dios y de la Iglesia, ser un ferviente y constante orante, recurrir a una prudente dirección espiritual, y hacer un fiel balance de los dones que Dios nos ha dado, así como de las distintas situaciones sociales e históricas que como cristianos, tenemos que vivir (CL, 58).
La formación espiritual de los legionarios, a nivel de praesidium contribuye notablemente al desarrollo espiritual del legionario; pero ha de señalarse que esta ayuda espiritual es colectiva. Teniendo en cuenta que cada miembro es una persona única, con sus necesidades personales, es de desear que la ayuda colectiva sea complementada con la ayuda individual y, consecuentemente, que cada uno de los miembros de nuestra comunidad cristiana sepa aprovecharse de "una dirección espiritual prudente y desinteresada" (obra citada).
Existen tres requisitos necesarios para llevar una vida cristiana, que son: la oración, la mortificación y los sacramentos, y estos tres requisitos están conectados entre sí.
a) La oración
Ésta ha de darse tanto a nivel personal como público, porque nuestra naturaleza posee tanto la condición individual como la social. El deber para con el culto nos obliga fundamentalmente como individuos, pero la comunidad unida por los lazos sociales, también está unida por ese culto a Dios. La liturgia, como la misa y el Oficio Divino, son el culto público de la Iglesia. Sin embargo, el Concilio Vaticano II comenta: "El cristiano está llamado a rezar con otros, pero también debe entrar en su habitación a rezar al Padre en secreto; es más, de acuerdo con las enseñanzas del apóstol, debe rezar sin descanso" (SC,12). En las formas privadas de oración se incluyen "meditación u oración mental, examen de conciencia, retiros, visitas al Santísimo, y devociones especiales a la Virgen María, sobre todo, el rosario” (MeD, 186). "Alimentando la vida espiritual del cristiano, se conseguirá que este tome parte con gran aprovechamiento en todas las funciones públicas, y evitará que las oraciones litúrgicas degeneren en una ceremonia vacía de contenido" (ibíd., 187).
La lectura espiritual en privado, así como el desarrollo de las convicciones cristianas, ayuda a una vida de oración. Es preferible leer el Nuevo Testamento, con adecuados comentarios católicos (cf DV, 12). Y místicos clásicos, elegidos de acuerdo con las necesidades y condiciones de cada uno.
Aquí es donde una "prudente" dirección es especialmente importante. Una buena introducción en la vida espiritual la pueden proporcionar las vidas bien escritas de los santos. Proporcionan una directriz que podría conducirnos a la santidad y al heroísmo. Los santos son las doctrinas y prácticas de santidad hechas visibles. Si frecuentamos su compañía, pronto llegaremos a imitar sus cualidades.
Cada legionario debería, a ser posible, hacer un retiro en régimen de internado una vez al año. El fruto de esos retiros y recogimientos es una visión más clara de nuestra vocación en la vida y un deseo más vehemente de seguirla fielmente.
b) Mortificación o auto-negación
Significa liberarse de uno mismo para seguir a Cristo y vivir su vida en nosotros y compartir esa vida más plenamente. Es autodisciplina, con el fin de amar a Dios. Esta necesidad surge porque, por el pecado original, se oscurece nuestro entendimiento, se debilita nuestra voluntad, y nuestras pasiones nos llevan fácilmente a pecar.
El primer requisito es desear cumplir con lo que establece la Iglesia con respecto a los días y tiempo de penitencia, y como han de observarse estos días y tiempos. El sistema de la Legión, seguido adecuadamente, nos proporciona un valioso entrenamiento en cuanto a mortificación se refiere.
Después de eso viene la perfecta aceptación - porque viene de las manos de Dios - de las cruces, fatigas y sinsabores de la vida. Por supuesto, está el problema de controlar nuestros sentidos, especialmente con respecto a lo que podemos permitimos ver, oír o decir. Todo esto ayuda a controlar los sentidos internos de memoria e imaginación. La mortificación lleva también consigo la lucha contra la pereza, estados de ánimo y actitudes egoístas. Una persona mortificada será cortés y agradable para aquellos que conviven con ella, tanto en casa como en el trabajo. El apostolado personal, que es la amistad llevada a su conclusión lógica, lleva consigo la mortificación, porque significa preocuparse por mantener el afecto de nuestros amigos con amabilidad y delicadeza. Me he convertido en todo para todos - dice San Pablo -, para poder salvar aunque sólo fuera a uno solo (1 Cor 9,22). Los esfuerzos que se necesitan para descubrir peligrosas tendencias y cultivar buenos hábitos, sirven también, como expiación por nuestros pecados y los pecados de los demás en el Cuerpo místico.
Si Cristo sufrió por nuestros pecados, es justo que seamos solidarios con Él; si Cristo, siendo inocente, pagó por nuestras culpas, por supuesto que nosotros, como culpables, tenemos que hacer algo por nosotros. Cada manifestación clara de pecado debe inspirar al cristiano a llevar a cabo acciones de reparación.
c) Sacramentos
La unión con Cristo tiene su origen en el Bautismo, su desarrollo posterior en la Confirmación y su realización y alimentación en la Eucaristia.
Como quiera que estos sacramentos han sido tratados en otra parte del Manual, aquí haremos mención del sacramento en el que Cristo continúa ejerciendo su infinito perdón a través de aquel que actúa en su nombre: el sacerdote católico. A este sacramento se le conoce con varios nombres: confesión, penitencia, reconciliación. Confesión, porque es un sincero reconocimiento de los pecados cometidos; penitencia, porque denota un cambio; y reconciliación, porque, a través del sacramento, el pecador se reconcilia con Dios, con su Iglesia y con la humanidad. Está estrechamente unido al sacramento de la Eucaristía porque el perdón de Cristo nos llega a través de su muerte, la misma muerte que celebramos en la Eucaristía.
Que cada legionario aproveche la invitación de Cristo para encontrarse con El en este sacramento de la reconciliación, y que lo haga frecuente y regularmente, "porque por medio de él crecemos en el verdadero conocimiento de nosotros mismos y en la humildad cristiana, los malos hábitos quedan desarraigados, se evita la negligencia y apatía espirituales, se purifica la conciencia, se fortalece la voluntad, se consigue una saludable dirección espiritual, y se aumenta la gracia por la eficacia del propio sacramento" (MC, 87). Experimentando los beneficios del sacramento de la reconciliación, los legionarios se verán estimulados a compartirlo, invitando a los demás a la confesión.
En resumen, la salvación de las almas y su santificación, al igual que la transformación cristiana del mundo, llegan sólo como consecuencia de la vida de Cristo en las almas. De hecho, éste es realmente el punto vital.
"La espiritualidad mariana, así como su correspondiente devoción, encuentran una fuente muy rica en la experiencia histórica del individuo y de las diversas comunidades cristianas presentes entre los diferentes pueblos y naciones del mundo. A este respecto, me gustaría llamar la atención, entre los muchos testigos y maestros de esta espiritualidad, sobre la figura de San Luis María Grignion de Montfort, quien propone la consagración a Cristo a través de las manos de María, como un medio eficaz para los cristianos de cumplir fielmente con sus compromisos bautismales" (RMat.48).
"Existe un lazo viviente entre nuestra vida espiritual y los dogmas de nuestra fe. Los dogmas son luces a lo largo de sendero de nuestra fe. Estas luces lo iluminan para nosotros y nos dan seguridad en nuestro recorrido. Por otra parte, si vivimos tal como deberíamos hacerlo, nuestra mente y nuestro corazón se abrirían para recibir la ley procedente de los dogmas de fe" (CI, 89).

14. El legionario y la vocación cristiana
La Legión propone un camino de vida antes que la realización de un trabajo. Proporciona un adiestramiento que ha de servir para distribuir cada momento de la vida y cada hora de esa vida. El legionario que es sólo legionario durante la duración de la reunión y de la distribución del trabajo no está viviendo el espíritu de la Legión.
La finalidad de la Legión es ayudar a sus miembros y a todos aquellos que están en contacto con estos a vivir desarrollando su vocación cristiana para con los demás. Esa vocación tiene su origen en el bautismo. Mediante el bautismo uno se hace otro Cristo. "No solo nos convertimos en otro Cristo, sino que somos el propio Cristo" (San Agustín).
Incorporados a Cristo mediante el bautismo, cada miembro de su Iglesia comparte su papel como Sacerdote, Profeta y Rey.
Nosotros compartimos la misión sacerdotal de Cristo por medio de la adoración privada y pública. La forma más elevada de adoración es el sacrificio: por medio del sacrificio espiritual nos ofrecemos a nosotros mismos y todas nuestras actividades a nuestro Padre. Hablando del seglar, el Concilio Vaticano II dice:
"Pues todas sus obras, preces y proyectos apostólicos, la vida conyugal y familiar, el trabajo cotidiano, el descanso del alma y del cuerpo, si se realizan en el espíritu, incluso las molestias de la vida si se sufren pacientemente, se convierten en hostias espirituales, aceptables a Dios por Jesucristo (1 Pe 2, 5), que en la celebración de la Eucaristía, con la oblación del cuerpo del Señor,se ofrecen piadosísimamente al Padre. Así también los laicos, como adoradores en todo lugar y obrando santamente, consagran a Dios el propio mundo (LG, 34) .
Compartimos la misión profética (aleccionadora) de Cristo. "El proclamó el Reino del Padre por el testimonio de su vida y el poder de su Palabra" (LG, 35). Como seglares o creyentes en la fe de Dios, se nos da la capacidad y responsabilidad para aceptar el Evangelio en la fe y proclamarlo de palabra y de hecho. El mayor servicio que podemos rendir a los demás es hablar sobre las verdades de la fe - decir, por ejemplo, lo que es Dios, lo que es al alma humana, lo que es el llamado propósito de vida y lo que sigue a la muerte - sobre todo, hablar sobre Cristo nuestro Señor como poseedor de la verdad. No es necesario poder argumentar y dar pruebas de lo que decimos, sino conocer y vivir estas verdades, y ser conscientes de las diferencias que estas suponen, y hablar sobre ellas a conciencia, transmitiendo lo más que podamos, para que muevan el interés de los demás y posiblemente hagan que las gentes deseen buscar una más amplia información.
El ser miembro de la Legión ayuda a mejorar nuestro conocimiento de la fe y a saber como ha de vivirse; ayuda también, mediante una fuerte motivación y por la propia experiencia, hablar de religión a los extraños. Pero quienes pueden necesitar más claramente nuestra caridad apostólica son aquellos que encontramos habitualmente en casa, en la escuela, en la tienda, en el trabajo y en nuestras actividades sociales y de ocio. Estos normalmente no formarán parte activa en la Legión, pero han sido encomendados a nuestro cuidado.
Compartimos la misión del Reino de Cristo rechazando en nosotros el reino del pecado y dedicándonos al servicio de nuestros semejantes, porque gobernar es servir. Cristo dijo que había venido para servir (Mt20,28).
Compartimos sobre todo, esta misión de Cristo haciendo bien nuestro trabajo, sea cual fuere, tanto en el hogar como fuera de el, no sólo por amor a Dios, sino como un servicio a los demás. Mediante el trabajo bien hecho continuamos el trabajo de la creación y contribuimos a que el mundo sea un lugar mejor y más agradable para vivir. Es labor privilegiada del seglar cristiano el cumplir con el orden temporal-es decir, con todos los problemas de la tierra-, y perfeccionarlo con espíritu de apóstol.
Pedimos en la promesa de la Legión que podamos convertimos en instrumentos de la voluntad del Espíritu Santo. Por supuesto, nuestras acciones estarán siempre motivadas por una fuerza sobrenatural, pero nuestra naturaleza debe también proporcionar al Espíritu Santo un instrumento lo más perfecto posible.
Cristo es un Ser divino, pero desarrolló su misión mediante su naturaleza humana: con su inteligencia, con su voz, con sus palabras, y con su estilo de vida . A la gente,- incluidos los niños, los más sagaces de todos-, le gustaba estar en su compañía. Era un huésped bienvenido en la mesa de todo el mundo.
San Francisco de Sales era un hombre cuya conducta y carácter fueron el único medio por el que atrajo muchas almas a Dios. Fue él quien recomendó que todo aquel que quisiera practicar la caridad, debía cultivar lo que él llamaba "las pequeñas virtudes": amistad, cortesía, buenos modales, consideración, paciencia y comprensión, especialmente en las dificultades.
"La identidad de la sangre implica entre Jesús y María una semejanza de formas de facciones, inclinaciones, gustos y virtudes; no sólo porque dicha identidad es muchas veces causa natural de este parecido, sino porque en el caso de María -en virtud de una maternidad del todo sobrenatural, efecto de una gracia desbordante- la gracia divina tomó este principio de la naturaleza -más o menos arraigado en todos los seres humanos-, y lo desarrolló hasta convertirla en imagen viva y perfectísimo retrato de su divino Hijo; de suerte que, viéndola a Ella, se admiraba la más delicada imagen de Jesucristo.
Esta misma relación de Madre e Hijo estableció entre los dos una intimidad, no sólo en un trato mutuo y en la comunión de vida, sino también en el intercambio de corazones y de secretos. María es el espejo que reflejaba todos los pensamientos, sentimientos, aspiraciones, deseos e intenciones de Jesús; y Jesús, a su vez, reflejaba -y por modo más excelso todavía, como un tersísimo espejo -el portento de pureza, amor, devoción y caridad sin límites que constituía el alma de su Madre. Así que María pudo afirmar con mayor razón que el Apóstol de los gentiles: vivo, pero no yo, sino que es Cristo quien vive en mí(Ga 2, 20)".
(De Concilio; el conocimiento de María).


- 34 - DEBERES DE LOS DIRIGENTES DEL PRAESIDIUM

1. El director espiritual
La Legión juzga la eficacia de su actuación únicamente según las cualidades espirituales desarrolladas en sus miembros y comunicadas por ellos a sus obras. Por eso es evidente que el director espiritual del praesidium -a quien corresponde principalmenre infundir dichas cualidades en los socios- es el alma del praesidium. El director espiritual asistirá a las juntas del praesidium, y cooperará con el presidente y demás oficiales en que se cumplan las prescripciones del reglamento y se haga funcionar a la Legión según el espíritu y la letra de este Manual. Se opondrá a cualquier abuso y apoyará toda autoridad legionaria legítimamente constituida.
El director espiritual tendrá en su praesidium -si este es digno de tal nombre- los mejores miembros de la parroquia entre las personas animadas por el celo apostólico, que serán un instrumento poderoso para todo lo bueno y santo. Pero de él depende que el trabajo del praesidium sea cosa digna y ardua, y que valga la pena; de él depende animarlos, sobre todo cuando se trata de vencer rechazos interiores u obstáculos externos. El praesidium le considera como el principio vital de su vida espiritual. Tanto, en fin, depende de él, que el Papa Pío XI llega a decir, aplicándole las palabras del salmista: Mi suerte esta en tus manos (Sal 30,15). ¡Qué dolor, si quedara frustrada tan gran confianza como se pone en él, aunque no fuera más que en un solo caso! ¡Qué lástima sería ver a un grupo de apóstoles, deseosos de trabajar lo mejor que pudieran por Dios, por María y por los demás, andar desorientados, como rebaño sin pastor! ¿Qué diría el Pastor Supremo de un director espiritual negligente, que debiera ser "el alma de la asociación, el inspirador de toda buena iniciativa, la fuente del celo?" (Pío XI).
El director espiritual mirará su praesidium como miraría un maestro de novicios a sus recomendados: empeñado sin cesar en la formación espiritual de los socios, en el desarrollo de las actitudes y de las obras propias de un legionario de María. Las cualidades espirituales de los socios se desarrollarán casi siempre hasta donde se lo exija el director espiritual: por eso, no tenga éste reparo en hacer un llamamiento aún a la virtud suprema, ni en proponerles obras cuya ejecución exige cualidades heroicas. Aun lo imposible tiene que rendirse a la gracia, y la gracia es para el que la pide y la procura. Así mismo, hará hincapié en una fidelidad a toda prueba -hasta en los menores detalles- en el cumplimiento del deber, como fundamento esencial de toda obra grande. Aunque el carácter del hombre se muestra en los momentos dificiles, se forjan las acciones ordinarias.
Cuidará de que los socios no emprendan cosa alguna con miras egoístas, logrando así que vuelvan sin envanecerse por el triunfo ni desanimados por el fracaso aparente; y dispuestos, si sonara la orden, a volver mil veces a la tarea más ingrata o deprimente.
El director espiritual procurará que los socios añadan- al cumplimiento decidido y responsable de sus otros deberes- el gran deber de la oracion y del sacrificio; y les enseñará cómo, al fracasar todos los medios ordinarios y cuando -humanamente hablando-todo es inútil, precisameme entonces tienen mas derecho a recurrir a la Reina de la Legión, su Madre, con entera confianza de que Ella les dará la victoria.
Pero el deber fundamental de un director espiritual de la Legón de María será infundir en los legionanos, encomendados a su cuidado, un conocimiento esclarecido y un amor intensísimo hacia la Madre de Dios, y, en particular, hacia aquellos privilegios de María, que más gustosamente venera la Legión.
Edificando así con paciencia, poniendo piedra sobre piedra, podrá esperar construir en cada miembro un valuarte del espíritu que nada podrá desmoronar.
Como miembro del praesidium, el director espiritual tomará parte en el tratamiento de los asuntos y en las discusiones que surjan, y será, “según la necesidad lo pida , maestro, consejero y guía" (San Pío X). Pero se cuidará de no arrogarse los derechos del presidente: cualquier tendencia en este sentido no sería para bien del praesidium; porque sí, a su influencia como sacerdote y como hombre dotado de un conocimiento de la vida muy superior al de los demás, se añadiera realmente la gestión de los asuntos, su presencia en la junta resultaría avasalladora; y el estudio de los informes vendría a ser mero diálogo entre él y el legionario que los presenta, y no intervendrían ni el presidente ni los demás miembros; todos estarían callados, temiendo que cualquier indicación suya tendría las apariencias de intentar contradecir el juicio del director espiritual. Tal modo de coartar la libertad y la familiaridad en la discusión general de los casos haría desaparecer de la junta su mejor atractivo, su principal valor educativo, la fuente de su energía. Y, al ausentarse el director espiritual , el praesidium no haría nada nada; y, si se marchara definitivamente, todo se vendría abajo. “Tomará un vivo interés - como se exige que lo tome cada socio- en todo cuanto se dice en la junta. Pero no se asirá a cada palabra como a una oportunidad para inculcar sus opiniones personales. Intervendrá -claro está- cuando se necesite de sus consejos o conocimientos, pero ha de intervenir de un modo equilibrado, no eclipsando nunca al presidente, no llevando siempre la voz cantante en la junta: y, por otra parte, interviniendo lo suficiente para dar ejemplo a los demás del interés de cada uno por los casos de los otros”(Mons. Helmsing).
Si un praesidium se dedica al trabajo del estudio, el director espiritual velará por la selección de los libros; ejercerá sobre dicho estudio una atenta vigilancia, no permitiendo que se expongan a los socios sino doctrinas en absoluta conformidad con los principios auténticos de la Iglesia.
Después de rezada la catena, seguirá una breve plática, dada por el director espiritual, o, en su ausencia, por el presidente; esta plática versará preferentemente sobre el Manual (véase orden de la junta: allocutio, capítulo 18, 11).
El director espiritual dará su bendición a los socios al terminar las oraciones finales de la junta.
"Cristo estableció realmente un sacerdocio que no sólo debería representarle y estar en su lugar, sino que, en cierto sentido, tendría que ser Él mismo -es decir, que Él debería ejercer poderes divinos por su mediación-. De ahí que el afecto y la reverencia hacia el sacerdote sean considerados como homenaje directo al sacerdocio eterno de! que el ministerio humano participa" (Benson, la amistad de Cristo) .
"El sacerdore ha de ser aquel mayordomo que, a cada hora del día, desde el amanecer hasta la puesta del sol, salió a las plazas públicas a alquilar jornaleros para la viña de su Señor. Porque la mayoría de los católicos, si no se les llama, corren gran riesgo de estar mano sobre mano, ociosos todo el día. (Mt 20,6)" (Civardi).

2. El presidente
1. Un deber primordial del presidente será asistir a las juntas de la curia a la que esté afiliado el praesidum, y con eso y de otras maneras mantener al praesidium estrechamente unido con el conjunto del ejército legionario.
2. Presidirá las juntas del praesidium, y llevará la dirección de los asuntos. Hará la distribución del trabajo activo semanal, y recibirá de cada socio los informes correspondientes. Se portará en todo consciente de su responsabilidad, como persona a quien la Legión ha encomendado el fiel cumplimiento del reglamento en todos sus detalles. Faltar a este deber es una infidelidad para con la Legión.
Los ejércitos de la tierra lo llamarían traición, y sobre el delincuente caerían los mayores castigos.
3. Él es el principal encargado de cuidar de que la sala de juntas esté bien acomodada en lo tocante al alumbrado, calefacción, asientos, etc., y a punto para que pueda comenzar la junta a la hora señalada.
4. Abrirá la sesión puntualmente, a la hora prefijada; cuando llegue el momento preciso, interrumpirá las gestiones para el rezo de la catena, y cerrará la junta a su debido tiempo. Será bueno que tenga adelante, sobre la mesa, un reloj.
5. En ausencia del director espiritual dará la allocutio o asignará a alguien para que la dé.
6. Instruirá a los demás oficiales en sus respectivos cargos, y procurará, que los cumplan.
7. Estará muy atento en observar quiénes son los socios con especiales cualidades, para recomendarlos a la curia cuando se trate de vacantes en los cargos, tanto del praesidium propio como de otros. El presidente debería tener a gala poder contribuir al porvenir de la Legión, formando oficiales dignos y desarrollando en ellos las buenas cualidades de que tanto depende el valor del praesidium.
8. Dará a todos sus hermanos legionarios altos ejemplos de espiritualidad y celo, pero no de modo que absorba el trabajo que deberían hacer ellos; porque, en este caso, daría tal vez muestra de celo, pero no buen ejemplo; al contrario, haría imposible a los demás el seguirle.
9. No olvidará que los informes dichos a media voz o entre dientes son el enemigo de la junta; y, por consiguiente, al tratarse de informes, él hablará de manera que se oiga bien su voz en toda la sala. Si no hace esto, verá que los socios usarán un tono de voz apenas perceptible, para disgusto y desánimo general.
10. Es su deber cuidar de que cada socio brinde informes completos, ayudar a los tímidos o faltos de experiencia con preguntas acertadas, y, por otra parte, poner límite a los informes que, aunque excelentes en sí, ocupen demasiado tiempo.
11. Salvando siempre una buena dirección de la junta, el presidente debe hablar lo menos posible. Es decir, tiene que mantener un termino medio entre los dos extremos opuestos.
Uno de estos extremos es la falta de todo control o de estímulo, de modo que la junta se vea precisada a gobernarse por sí misma. El resultado es que algunos miembros se contentan con dar informes monosilábicos, mientras que otros no pararán de hablar. Uniendo lo "demasiado" con lo "demasiado poco", no es difícil que el praesidium dé la impresión de poder despachar sus asuntos en el tiempo debido; pero hay que decir que tal combinación de incorrecciones no suma una corrección total, y que no hay orden perfecto donde se cubre el desorden con apariencias de orden.
El otro extremo es hablar demasiado. Algunos presidentes se dejan llevar de la palabrería, y con esto: a) se apropian el tiempo que pertenece a los demás socios; b) falsean el concepto de lo que debería ser el praesidium, que no es una sala de conferencias, sino un tratar en común las cosas del Padre (Lc 2,49); y c) ese exceso de palabras en los presidentes anula a los miembros y les deja sin deseos de hablar. Ambos extremos son perjudiciales para la formación de los socios.
12. Fomentará el espíritu de hermandad en el praesidium, convencido de que, si falta esto, falta todo. Él mismo contribuirá a fomentarlo, demostrando hacia todos y cada uno de los socios el más entrañable afecto, y dando, en toda ocasión, ejemplo de profunda humildad, conforme a las palabras de Jesucristo: El que quiera ser el primero entre vosotros, sea vuestro servidor (Mt 20,27).
13. El presidente animará a los socios a que expresen sus opiniones y a que ofrezcan voluntarios a colaborar en otros trabajos, para despertar así en ellos gran entusiasmo por toda la obra del praesidium.
14. Cuidará de que cada legionario cumpla su cometido:
a) con buen espíritu;
b) con buen método;
c) desarrollando las esperanzas de la Legión en cada caso concreto;
d) interesándose de vez en cuando por los trabajos anteriores;
e) preparando nuevos campos de acción donde fuere posible, a fin de mantener ardiendo siempre el espíritu de conquista.
15. Hará rendir a los socios todo el esfuerzo y sacrificio de que sean capaces. Exigir una mezquindad a un legionario de gran capacidad es hacerle una gran injusticia, es perjudicar su destino eterno. Nadie opta por lo difícil si no se le anima a ello. Y al presidente le incumbe estimular en todos los socios el fervor en el servicio de Dios, a quien le deben servir todas las criaturas, cada una según su capacidad.
16. Los defectos de un praesidium suelen ser los defectos del presidente. Si el presidente deja pasar las faltas, éstas se repetirán, y el praesidium irá de mal en peor.
17. Como el presidente ocupa la presidencia una cincuenta veces al año, y no deja de ser hombre, es inevitable que, como humano, en algunas ocasiones se sienta irritado; pero tenga sumo cuidado en no mostrar la menor señal de esta irritación, pues nada hay más contagioso que el mal humor. Empezando por uno -y más, si éste es persona con autoridad- fácilmente cundirá y causará la ruina total.
18. Si un presidente comenzara a notar que su praesidium se dirige hacia un estado de abandono y tibieza, consultará en privado con los oficiales de la curia, para deliberar sobre lo que conviene hacer; y, si dichos oficiales le aconsejaran que dejase el cargo de presidente, tendrá la obligación de someterse humildemente. Esta actuación le hará merecer abundantes gracias del cielo.
19. Como cualquier otro oficial y miembro del praesidium, cumplirá las obligaciones impuestas a los demás socios en cuanto al trabajo ordinario del praesidium. Parecerá tal vez superflua esta recomendación; la experiencia demuestra lo contrario.
20. Finalmente, nunca dejará nada que desear en lo que al cardenal Pizzardo -autoridad de primera categoría en estas cuestiones- dice con insistencia que es la disposición fundamental para ser un buen líder: una dócil sumisión a la jerarquía eclesiástica, el espíritu de abnegación, y la caridad y buena armonía en sus relaciones con las demás organizaciones y con las personas que las integran.
"En el preciso momento que me responsabilizaron de otras almas, vi como ello sobrepasaba mis fuerzas; y, corriendo a refugiarme en los brazos de nuestro Señor, imité a esos niños que, cuando tienen miedo, esconden el rostro sobre el cuello de su padre. Tú ya ves, Señor -exclamé-, que soy demasiado pequeña. Para dar de comer a tus hijitas; pero, si quieres por mi medio dar a cada una lo que le conviene, llena mis manos, y sin moverme de tus brazos, sin menear la cabeza siquiera, repartiré tus tesoros a aquellas almas que vengan a pedirme alimento. Cuando el alimento sea de su gusto, yo bien sabré que no me lo deben a mí, sino a Ti; y cuando se quejen de su amargura, nó me intranquilizaré; procuraré, hacerles ver que viene de Ti, y tendré buen cuidado en no ofrecerles otra cosa (Autobiografía de Santa Teresa de Lisieux).

3. El vicepresidente
l. deberá el vicepresidente asistir a las juntas de la curia.
2. Presidirá las reuniones del praesidium cuando estuviere ausente el presidente. Pero importa saber que este cargo no lleva consigo ningún derecho de sucesión en el cargo de presidente.
El siguiente aviso tomado del Manual de las Cofradías de San Vicente de Paúl, tiene entera aplicación al vicepresidente de un praesidium. "En la ausencia del presidente, particularmente si fuere ausencia prolongada, el vicepresidente -entiéndase bien- asume todos sus poderes, y le suple en todo. Jamás debería detenerse una asociación porque falte cualquiera de sus miembros; esto es lo que sucedería si los demás miembros no se atrevieran a hacer nada en ausencia del presidente. Así que el vicepresidente no solo está en su derecho, sino que tiene como obligación de conciencia el reemplazar plenamente al presidente, cuando éste se ausenta o está impedido de asistir, a fin de que dicho presidente, a su vuelta, no lo vea todo paralizado por haber faltado él".
3. El vicepresidente tiene la obligación general de ayudar al presidente en la administración del praesidium y en la tramitación de los asuntos. Con mucha frecuencia viene a suponerse que su deber comienza únicamente cuando el presidente se halle ausente.
Es un error que perjudica al vicepresidente y al praesidium. Lo justo es que el vicepresidente coopere íntimamente con el trabajo del presidente. Ambos serán para el praesidium lo que en la casa son para el padre y la madre, o lo que son para un ejército el general en jefe y el jefe del Estado Mayor. El vicepresidente es el complemento del presidente. Su cargo quiere decir que es un oficial en activo, no un oficial de la reserva ni algo meramente pasivo. Durante las juntas, es especial función suya el atender a muchas cosas que pueden escapar a la atención del presidente y de las cuales depende la buena marcha del praesidium.
4. Su obligación particular es velar por cuanto se refiere al ingreso y cuidado de los socios en la Legión. En cuanto a los nuevos miembros, tiene el deber de recibirlos con ocasión de su primera asistencia, darles la bienvenida al praesidium, y presentarles -antes o después de la juma- a los demás socios. Cuidará de que se les señale cierto trabajo activo, de que sean instruidos en los deberes del socio -incluso el rezo diario de la catena- y de que sean informados sobre el grado de socio pretoriano, con las obligaciones específicas del mismo.
5. Durante la junta anotará los nombres en el registro de asistencia.
6. Guardará los varios registro correspondientes a los socios activos, pretorianos, adjutores y auxiliares, haciendo en cada caso una distinción entre socios definitivos y los que están a prueba.
Cuidará de examinar a éstos cuando hayan terminado la prueba, para ver si han sido fieles a sus deberes, y, si los han cumplido bien, trasladará sus nombres a los registros permanentes.
7. Avisará a los que estén de prueba para pasar al servicio activo el día en que la prueba va a terminar, y hará todos los preparativos para que hagan la promesa.
8. Tomará nota de los que falten a las juntas, y luego -por carta o por otros medios- tratará de impedir una ruptura definitiva.
Es obvio que entre unos socios cuya adhesión nunca admite vacilaciones y otros que se separan inmediatamente por falta de cualidades, hay toda una serie de miembros cuya perseverancia fluctúa más o menos a merced de circunstancias externas o fortuitas: esa perseverancia quedará asegurada con un buen oficial, solícito por el bien de los socios, y dedicado particularmente a esto.
Conviene tener en cuenta que más importa a la Legión la fidelidad de un socio que reclutar a otro nuevo. El vicepresidente que cumpla fielmente este cometido será la causa directa de un cúmulo de buenas acciones y conquistas espirituales, acelerará la formación de nuevos praesidia, y ejercerá un apostolado único en su género.
9. No permitirá ninguna negligencia en el rezo de los sufragios por los socios difutos, según queda determinado en el capítulo correspondiente.
10. Visitará a los socios enfermos o cuidará de que otros legionarios los vayan a visitar.
11. Vigilará los esfuerzos de sus hermanos en lo tocante a reclutar socios auxiliares y mantener relaciones con ellos.

"Las novicias expresaban a Santa Teresa su sorpresa, al ver que les adivinaba sus pensamientos más íntimos. Y ella les contestó: "Mi secreto es éste: no os hago nunca una observación sin invocar antes a la santísima Virgen. Le pido que me ilumine en lo que os hará el mayor bien, y; después me quedo pasmada muchas veces de lo que os enseño. Cuando os estoy hablando, no me creo engañada cuando pienso que Jesús es quien os habla por mi boca" (Santa Teresa de Lisieux).

4. El secretario
l. El secretario asistirá a las juntas de la curia.
2. El secretario tiene obligación de redactar y cuidar las actas del praesidium. Pondrá gran esmero en su redacción, y las leerá con voz clara. Las actas pueden tener una importancia suma, por su contenido y por el modo de leerlas. Bien leídas, no demasiado largas ni demasiado breves, constituyen un excelente comienzo para la junta, y contribuirán no poco a la eficacia de la misma.
3. El secretario conservará los útiles de secretaría en buen estado, si quiere hacer las cosas bien. Tal como es el ser humano, es un hecho que ni el mejor secretario logrará presentar un documento digno usando lápiz, pluma rota o mal papel; redáctense, pues, las actas con tinta o a máquina, y en libro de buena calidad.
4. Con sólo realizar sus deberes de secretaría no cumple el secretario con el trabajo semanal del praesidium.
5. Será muy cuidadoso en mandar todos los informes y estadísticas a la curia de la Legión, cuando ésta los pida; y, en general, saldrá responsable de la correspondencia del praesidium.
También cuidará de que haya siempre un buen surtido de papel, tinta, etc., en dicho praesidium.
6. El presidente del praesidium podrá delegar en otros miembros algunos de los deberes del secretario.
"Dice el Evangelio: María conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón (Lc 2, 51). Y preguntaba Botticelli: ¿por qué no también en pergamino?".
Y,sin entrar en más profundidades exegétícas, retrato el más perfecto de todos los cantícos de éxtasis y gratitud de la siguiente manera: un ángel ofrece un tíntero en la mano derecha, y con la izquierda sostiene el manuscrito en el que la santísima Virgen acaba de transcribir, en letra gótica iluminada el Magnificat; su rollízo Bambino aparece con aire de profeta, y su manecita parece que va guiando los dedos de su Madre - aquellos dedos nerviosos, sensitivos, casi racionales, que el maestro florentino asocia siempre de una manera íntima con la expresión de su idea de la Virgen. También tiene significado, aquí, el tintero. No es de oro, ni está cuajado de piedras preciosas, como la corona sostenida por los ángeles; pero representa también el destino triunfal de la Reina de cielos y tierra. Predice todo cuanto testimoniarían los hombres hasta el fin de los tiempos en confirmación de lo que predijo la humilde esclava del Señor acerca de su propia gloria" (Vloberg).

5. El tesorero
1. El tesorero asistirá a las juntas de la curia.
2. Será responsable del recibo y del pago de todo el dinero del praesidium que entre y salga, y de la minuciosa y detallada consignación de las cuentas.
3. Cuidará de que se haga en cada junta la colecta secreta
4. Hará los pagos únicamente según instrucciones del praesidium; y depositará los fondos de modo que el praesidium pueda disponer de ellos
5. Tendrá en cuenta la recomendación dada en el capítulo 35 sobre fondos y de vez en cuando propondrá el asunto a la consideración del praesidium.
"María es la dispensadora de toda la Trinidad, porque escancía y reparte el vino del Espíritu Santo a quienes Ella quiere y en la medida que Ella quiere" (San Alberto Magno).
"María es la tesorera cuyo tesoro es Jesucristo. Es Él a quien Ella posee; es Él a quien Ella da" (San Pedro Julián Eymard).

 
- 35 - FONDOS

1. Cada cuerpo legionario contribuirá al sostemmlento del consejo superior inmediato. Salvo esto - y lo que se determina a continuación -, todo cuerpo legionario tendrá pleno dominio sobre sus propios fondos, y la exclusiva responsabilidad de sus propias deudas.
2. No deben reducir los cuerpos legionarios sus contribuciones un tanto por ciento fijo, o a expresiones mínimas. Se aconseja que el praesidium envíe a la curia el superávit que le queda después de cubrir sus propios gastos para la administración general de la Legión. En esto, como en todo lo demás, el praesidium debe portarse con la curia como un hijo con su madre: ella, llena de solicitud por los intereses de él; él, por su parte, procurando por todos los medios ayudar en sus preocupaciones solícitas.
Sucede con mucha frecuencia que los praesidia no se dan suficiente cuenta de que la administración general de la Legión depende de sus contribuciones. Estas contribuciones apenas sí cubren las necesidades más elementales de las curiae, y a veces ni a eso llegan. En consecuencia, esas curiae no pueden ayudar a los consejos superiores a llevar la pesada carga que trae consigo la difusión, la fundación y visita de los centros, y otros gastos corrientes. Lo cual significa que una de las funciones vitales de la Legión está medio paralizada. Triste consecuencia de la simple falta de reflexión.
3. Antes de hacer un gasto de carácter extraordinario, el praesidium presentará el proyecto a la curia, para que ésta juzgue si hay o no implicado algún detalle que pueda causar efectos contraproducentes.
4. La curia está autorizada a ayudar económicamente al praesidium, pero no debe asumir la responsabilidad financiera de ninguna obra llevada a cabo por un praesidium; la responsabilidad recae sobre el praesidium mismo. Salta a la vista la necesidad de esta regla: sin ella, cualquier grupo encargado de un club, hospedería, etc., al constituirse en praesidium, podría echar mano de los demás praesidia como de otras tantas agencias suyas para la recaudación de fondos.
De esto se sigue que ningún praesidium podrá solicitar a ningún otro praesidium ni a la curia su ayuda Para recaudar fondos, si no es como simple favor.
5. Cualquier transmisión de fondos -menos la ayuda de un praesidium a las obras de su pertenencia, o al revés- necesita autorización de la curia.
6. Cuando algún praesidium o consejo legionario se disuelve o cesa de funcionar como cuerpo legionario, todos sus fondos y demás cosas propias pasaran a pertenecer al cuerpo administrativo superior.
7. El director espiritual no tendrá ninguna responsabilidad financiera personal por las deudas que él mismo no haya aconsejado contraer.
8. Cada año se hará la inspección de las cuentas del tesorero. Para esto pueden designarse dos miembros del praesidium o del consejo según el caso del tesorero.
9. Siendo un contrasentido el asociar la idea del despilfarro con nuestra señora en su calidad de ama de casa, ni que decir tiene que todo grupo legionario deberá manejar sus fondos y propiedades con vigilante cuidado, y con buen sentido de la economía.
"El género humano es un todo, un cuerpo donde cada miembro recibe y debe transmitir. La vida necesita movimiento y circulación. La vida vida viene para todos; el que la quiera detener, la pierde; el que consiente en perderla, la halla. Cada alma para vivir, tiene que derramarse en otra alma. Todo don divino es una fuerza que hay que transmitir, si se la quiere conservar y aumentar" (Gartry, El mes de María)


- 36 - PRAESIDIA QUE REQUIERENPARTICULAR MENCIÓN

1. Praesidia juveniles
l. Obtenida la aprobación de la curia, y con arreglo a todas las normas especiales que se crea necesano imponer, podrán establecerse praesidia para personas menores de 18 años. Véase el capítulo 14, párrafo 22.
2. La única manera de aprender realmente lo que es la Legión es entrar y trabajar en ella. Se dan muchas conferencias para animar a los jóvenes al apostolado, pero tales conferencias, por excelentes que sean, no son más que el esqueleto, en comparación con el cuerpo vivo de la realidad. Es más: de poco valor es la intención o el deseo de comenzar a trabajar como apóstoles, si no va acompañado de una formación práctica. La inexperiencia se acobarda pronto, o, si empieza uno por su propia cuenta, es caso seguro que terminará fracasando.
3. Es condición esencial que por lo menos el presidente de estos praesidia sea un adulto. Sería de desear que hubiese también un segundo oficial adulto, para sustituir al presidente en su ausencia y para facilitar la obra de expansión de dichos praesidia.
Si estos oficiales del praesidium juvenil son también miembros de un praesidium de adultos, la dirección del primero satisfará el deber del trabajo activo semanal impuesto por el segundo; pero, si únicamente son miembros del praesidium juvenil, deben hacer en él una labor activa sólida, proporcionada a sus fuerzas de adulto.
Los oficiales adultos del praesidium juvenil han de ser, en lo posible, legionarios experimentados, que tengan bien asimilado el reglamento de la Legión y estén dotados de las cualidades requeridas para producir en los jóvenes legionarios los saludables efectos que se propone la Legión, al fundar para ellos un praesidium especial. El fin principal de éste no consiste tanto en la ejecución de una obra provechosa, sino en la formación espiritual de los mismos jóvénes, para que se preparen a entrar en las filas ordinarias de la Legión, una vez terminados los estudios.
4. Es evidente que la allocutio tendrá en los praesidia juveniles doble importancia, por la dificultad de muchos de los jóvenes legionarios para comprender por sí solos este Manual. Por eso, el director espiritual - o en su ausencia, el presidente - dedicará la allocutio al Manual, leyéndolo párrafo a párrafo, y explicándolo tan llana y minuciosamente, que tenga la certeza de que todos sus oyentes lo han comprendido perfectamente. Así, semana tras semana, se estudiará todo el Manual a conciencia, y una vez terminado, vuélvase enseguida a repasarlo íntegramente. Es fácil que no haya oportunidad de estudiar el Manual dos veces, de ahí que una allocurio imperfecta sería una oportunidad perdida.
5. Si se estudia el Manual sistemáticamente según el método recomendado en el apéndice 10, Estudio de la fe, se hará un curso de muchísima utilidad, y sin dar la sensación de que se trata de "una tarea de colegio". Será de inapreciable valor para estos jóvenes, que han de ser luego el refuerzo de la Legión de adultos.
6. Un praesidium juvenil no tendrá probablemente facilidades para hacer trabajos propios de los praesidia de adultos, y, por esto, hay que ingeniarse para que cada socio joven encuentre un trabajo activo y sólido, proporcionado a sus facultades. Muchos jóvenes son capaces de hacer trabajos dignos de personas adultas, y, realmente, a ningún joven que haya llegado a los diez y seis años debería dársele un trabajo que fuera impropio de un adulto. Los trabajos del praesidium han de ser variados. A mayor variedad de obras, más completa será la formación; ya que cada miembro no puede hacer todos los diversos trabajos, la mejor manera de entrenarse en ellos es que los vea hacer a los demás. Y así cobrará más interés la actividad del praesidium. .
7. Al socio juvenil se le exige la mitad de lo que se le pide al socio adulto: el mínimo de una hora de trabajo cada semana.
8. Indiquemos aquí algo de lo mucho que podrían hacer los jóvenes:
a) Distribuir la Medalla Milagrosa, de la siguiente manera: en cada junta se entregan a los socios una o dos medallas -un número fijo- para que ellos las empleen como buenos soldados de María, e inflijan al Maligno la mayor derrota posible, dándosela a quien no sea catolico, o al cato1ico que no practica su religión. Es un plan de campaña que enciende la imaginación, pero también induce al sacrificio. Debe instruírseles en cuanto a la manera de contestar a las preguntas que les puedan hacer en ese trabajo, y en el modo de aprovechar toda ocasión de abrirse camino en el trato con esas personas.
b) Reclutar socios auxiliares: eso lleva consigo enseñarles la manera de rezar las oraciones legionarias, y visitarles regularmente para asegurarse de su perseverancia. .
c) Esforzarse por conseguir cada semana por lo menos una persona más que se comprometa a lo siguiente: asistir a la santa misa diariamente, o prácticas de alguna devoción religiosa, o pertenecer a alguna cofradía, o al Apostolado de la Oración, o a alguna asociación católica.
d) Traer a los pequeños a la santa misa y acercarles a los sacramentos.
e) Ayudar en la misa.
f) Enseñar el catecismo y reclutar voluntarios para las clases de catecismo.
g) Visitar a los niños de algún hospital, o de alguna otra institución, o en sus propias casas.
h) Visitar a enfermos o ciegos y prestarles aquellos servicios que pudieran necesitar.
9. Se recomienda encarecidamente que todos y cada uno de los praesidia juveniles tengan al menos un miembro ocupado en cada una de las tres últimas obras que hemos mencionado, es decir, f), g), h),. Estas obras, bien hechas, darán una formación excelente a los legionarios jóvenes ocupados en ellas, marcando la pauta para las demás obras del praesidium.
10. Está permitido que un miembro juvenil haga su trabajo en compañía de otro miembro de un praesidium de adultos.
11. Cuando se trata de praesidia en internados, es de desear que los socios tengan algún trabajo activo fuera del colegio. Y si los superiores, conscientes de su responsabilidad, temen que se abuse de este privilegio y se imaginan otros peligros, les suplicamos que consideren: a) que, si esos legionarios fueran miembros de praesidia juveniles externos, estarían haciendo esos trabajos corrientemente; y b) que solamente la formación de hoy les preparará bien para el mañana. Si ahora no hay libertad, tampoco hay formación para cuando desaparezca la protección del internado. Ese trabajo externo, resguardado por la doble disciplina del colegio y de la Legión, puede llegar a ser una preparación ideal.
12. Está permitido fundar un praesidium en un colegio donde todos los estudiantes vuelvan a sus casas para las vacaciones, aunque por ello sea imposible tener las juntas durante ese tiempo. Cabe la posibilidad de que los jóvenes puedan trabajar durante las vacaciones en los praesidia de su localidad.
13. Hay que hacer ver a los socios que su santificación personal no sólo es el fin principal de la Legión, sino también el principal resorte del apostolado legionario, y, por lo tanto, hay que animarles a realizar prácticas piadosas por las intenciones del praesidium. Pero estos ejercicios no han de ser asignados a los miembros como trabajo, y no se debe informar sobre ellos en las juntas. Volvemos a insistir en que los ejercicios de piedad no pueden suplir la falta de trabajo activo; si se hacen, debe ser por añadidura.
14. Los miembros deben preparar sus informes con gran esmero y mucha reflexión, y en esto les orientarán sus oficiales. Su trabajo no les dará quizá de ordinario material para un informe interesante y detallado; por eso mismo, tendrán que hacer un esfuerzo especial para que sus informes resulten interesantes y variados.
15. Es importante que se sientan identificados con los legionarios adultos que luchan por el Señor en circunstancias difíciles y a veces peligrosas, llevando entre manos múltiples y nobles empresas; eso dará vida al trabajo -menos comprometido- de estos jóvenes, y cautivará su imaginación. A esto va dirigido todo el sistema de la Legión. Esta emulación les preservará de la actitud ,tan frecuente como peligrosa de tomar la religión como una rutina impuesta por los mayores; y mediante ellos esta nueva conciencia se comunicará a otros muchos jóvenes; si arraigara tan falsa idea durante los años impresionables de la juventud, se les causaría un daño que no repararía ni la mejor preparación escolar.
16. No se aplicará a los socios juveniles lo que dice el reglamento acerca del período de prueba, ni harán la promesa legionaria, ni serán miembros de la curia de adultos. Pero en todo lo demás -en el rezo completo de las oraciones, en la observancia del reglamento en el orden de las juntas, y aun en contribuir a la colecta secreta- tienen que ser esmeradamente fieles: debe cumplirse escrupulosamente lo mismo que si se tratara de un praesidium de adultos.
Al pasar del praesidium juvenil al de adultos, tienen que someterse al período de prueba que exige el reglamento.
17. Un legionario adulto que sirve en un praesidium juvenil deberá hacer la promesa en ese praesidium juvenil, si no la hubiere hecho ya en el de adultos. Esta ceremonia impresionará profundamente a los jóvenes, y les hará esperar con ilusión el día en que también ellos puedan perfeccionar su afiliación haciendo la promesa.
18. Con el fin de facilitar el ingreso de los niños en la Legión, se ha sugerido muchas veces que se modifiquen las oraciones legionarias.
Lo inadmisible de esta propuesta se deducirá claramente por lo dicho ya en este capítulo, al declarar que el socio juvenil se parece mucho al socio adulto. De ninguna manera puede tomarse juvenil en sentido de trivial. Hay que presentarles elevadas normas de acción y devoción a estos socios jóvenes, que en general están llamados a ser los guías de la juventud. Es evidente que este ideal no podrá ser alcanzado por un niño que, luego de una adecuada formación, es incapaz de rezar responsablemente todas las oraciones legionarias.
19. También se ha pedido que se haga un Manual más sencillo para uso de los socios juveniles. Este punto se trata en la sección 10 del capítulo 33, deberes básicos de los legionarios.
20. Los padres - y todos aquellos que tengan autoridad deberán cooperar plenamente con la Legión para que esta lleve a cabo su programa, del que puede resultar tanto bien. Estos jóvenes se están formando en lo que San Luis María de Montfort llama "una legión de valientes soldados de Jesús y de María, para combatir en los tiempos venideros -de mayores peligros que nunca- al mundo, al demonio y a la naturaleza corrompida". La Legión que en sus ideas y en su estructura tiene la sencillez de la polea, de la palanca o de cualquier otro medio de multiplicar la fuerza, tiene también el poder de comunicar vida a la formación sistemática religiosa, convirtiéndola en fuerza motriz de toda empresa cristiana. Hay, además, una aplicación inmediata de esa fuerza: llena de un ideal religioso y práctico la vida escolar, el tiempo de recreo, el hogar, cada hora, presentando a sus miembros nuevos horizontes. Es decir, les ofrece un mundo nuevo, un concepto nuevo:
a) de la Iglesia: tomarán conciencia de su deber eclesial, de ser leales e intrépidos soldados, con un puesto bien definido en el combate para la extensión dinámica de la misma.
b) de la vida cotidiana en sus múltiples tareas. Como un pequeño y vigoroso foco ilumina toda una habitación, así el trabajo legionario -aunque de corta duración- da nuevo sentido a toda la semana. Lo que aprenden y viven los socios en el praesidium, lo transmitirán a su vida ordinaria.
c) del prójimo: han aprendido a ver y servir en él a Cristo.
d) de su hogar, que tratarán de animar con el espíritu de Nazaret.
e) de su responsabilidad en casa o en la escuela si el praesidium fuese en un internado, con el espíritu de la Legión, es decir, de María de Nazaret: buscando el trabajo en lugar de huir de él, escogiendo las tareas más desagradables; poniendo el corazón al hacer las cosas ínfimas; siendo siempre amables y comprensivos para los demás, trabajando siempre por Jesús y manteniendo el sentido de su presencia.
f) de la escuela, porque hasta cierto punto habrán asimilado los ideales legionarios, y verá a los maestros, la escuela, los libros, las reglas y el estudio bajo una luz diferente. Por consecuencia, aprovecharán de la escuela cosas que otros no aprovecharían. De manera que, incluso si la Legión pudiera suponer tiempo "robado" al estudio -algo que se dice corrientemente-, se verá al final que les proporciona incomparables beneficios.
g) del "deber" y de la "disciplina". Dos cosas importantísimas; mal entendidas, son antipáticas a la juventud; combinándolas con los nombres de "María" y "Legión", se revestirán de claridad y belleza.
h) de la oración: porque se darán cuenta de que no es una imposición ni una rutina, sino una fuente de energía, el sostén de su trabajo, y su valiosa contribución al tesoro de la Legión y de Iglesia.
21. No queremos exagerar, pero nos atrevemos a afirmar: el buen funcionamiento de un praesidium -conforme a las normas precedentes- contiene en sí un filón riquísimo de valores educativos para la juventud, pues desarrollará en los jóvenes un conjunto de cualidades propias del ser cristiano, y será como un molde del que saldrán numerosos jóvenes formados y santos, alegría de sus padres y apoyo de la Iglesia.
22. Pero todo este programa, todas estas esperanzas, se frustrarán en el praesidium juvenil que no proporcione a sus miembros un trabajo adecuado, o que de alguna manera no haga caso del reglamento. Sería un molde deformador; y predispondría a sus miembros y a todos los demás contra la Legión. Se haría un beneficio a la Legión suprimiéndolo.
"Los jóvenes no deben ser considerados simplemente como un objeto de la preocupación pastoral de la Iglesia: de hecho la juvenrud es activa y debe estimularsela a ser activa en nombre de la Iglesia, como elemento básico en la evangelización y participante en la renovación de la sociedad. La juventud es el tiempo en que se descubre uno a sí mismo y se elige una forma de vida. Es una época para el desarrollo de lo que debería convenirse en "prudencia, madurez y santidad entre Dios y ante los hombres" (Lc2, 52)" (CL,46).

2. Praesidia de seminarios
Es muy importante preparar futuros sacerdotes para cooperar con los seglares. El Concilio dice: "deberían estar deseando escuchar al seglar, considerar sus deseos de manera fraternal y reconocer su experiencia y competencia en los diferentes campos de la actividad humana. El reciente sínodo ha insistido también sobre la preocupación pastoral para con el seglar. El estudiante -el seminarista- ha de ser capaz de proponer y ofrecer al creyente, especialmente a los jóvenes, las diferentes vocaciones. Sobre todo es necesario que pueda enseñar y ayudar al seglar en su vocación, a estar presente y transformar la palabra con la luz del Evangelio, reconociendo la tarea del seglar y mostrando respeto hacia la misma" (PDV, 59).
Es evidente que un conocimiento adecuado de una organización tan efectiva y extendida como la Legión, sería un valiosísimo factor para futuros sacerdotes y religiosos. Sin embargo, el conocimiento escolar de la misma, apenas sustituye al impartido por un verdadero miembro de la organización. Por lo tanto establecer praesidia en los seminarios es de gran importancia. Cuando no fuera posible contar en un seminario con praesidia internos, los seminaristas se beneficiarían notablemente perteneciendo como miembros a praesidia externos. Tanto en los praesidia externos como internos, a los miembros hay que instruirles minuciosamente en las teorías y prácticas de la Legión, proporcionándoles lo que se podría llamar una filosofía completa del apostolado seglar.
Cuando finalmente se incorporen a sus destinos, conocerán más a fondo como operan la Legión y otros grupos apostólicos.
Con respecto a los praesidia internos en especial, hay que tener en cuenta lo siguiente:
a) Es esencial que se disponga de bastante tiempo para la junta semanal. Sería difícil celebrar bien una junta en menos de una hora, y hay que hacer todos los esfuerzos para que pueda durar algo más.
El orden de la junta, tal como queda descrito en este Manual, será seguido con exactitud.
b) El asunto de mayor importancia es la asignación del trabajo activo a cada socio. Sin trabajo serio y sólido no hay praesidium.
Teniendo en cuenta que el tiempo es limitado, que puede no encontrarse fácilmente un trabajo adecuado a la vida de un seminario, y que se presta particular atención al estudio del Manual, se exigirá solamente una hora de trabajo activo como mínimo. Una mayor riqueza de espíritu tendrá que compensar la falta de variedad en las obras. Estas sean las que sean, tendrá que ser ejecutadas con absoluta perfección, poniendo todo el énfasis en el punto de la unión con María.
Las circunstancias del seminario serán, naturalmente, de una importancia decisiva en la selección de los trabajos. Sugerimos algunos: visitas a hogares, hospitales y otras instituciones, instrucción a conversos, enseñanza del catecismo, preparación de adultos y niños para los sacramentos. Es muy importante que los trabajos emprendidos se relacionen con los programas de enseñanza pastoral establecidos por los superiores.
c) Los informes al praesidium no han de darse con unas frases rutinarias. Han de ser vivos, e interesantes. El éxito conseguido en esta dirección hará que los miembros dominen el arte de hacer informes y se encuentren cualificados para enseñar ese arte a aquellos cuya formación legionaria estarán orientando en el futuro.
d) No han de asignarse a los miembros de este praesidium unos deberes de carácter meramente disciplinario, o de simple vigilancia.
Tales trabajos harían a los legionarios -y a la larga, a la Legión misma- antipáticos con sus compañeros de estudios.
e) El aislamiento tiene que ser completamente voluntario. Todo cuanto huela a imposición o rutina de colegio sería contraproducente. Para acentuar el carácter voluntario del aislamiento algunos seminarios celebran la junta del praesidium durante el tiempo de recreo.
f) El praesidium funcionará de tal manera que ni sus jutas ni sus actividades modifiquen para nada el horario y reglamento del seminario. Por otra parte, no hay que cambiar las condiciones para ser socio activo de la Legión, porque así no se alcanzarían los fines deseados. La experiencia enseñará que si se hace funcionar al praesidium con fidelidad, los seminaristas estarán más animados en su vocación, en sus estudios y en la observancia de la disciplina del seminario.

Manual de la Legión de María

Página anterior - Página siguiente

Contenido-Entrada