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Cadencias del
alma perturban mi mente,
me ofrecen tu
imagen de ayer, renacida,
imagen de
amor, que estaba perdida
en olas de
olvido gélido, silente.
 
La niebla que
esconde tu sol reluciente
levanta su
velo, rota, estremecida.
Me cubrió el dolor de tu
despedida
y se abre a tu amor, aún vivo
y ardiente.
 
Espero
anhelante el dulce momento
del íntimo
encuentro, del cálido abrazo,
del fin del temor, del mortal
lamento.
 
¡Vendrás a mi
lado, amante, sediento!
¡Vendrás a
anudar aquel viejo lazo!
¡Vendrás a
extinguir nuestro alejamiento!

Emma-Margarita
R. A.-Valdés
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