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Un sagrado rito
Por
Emma-Margarita R. A.-Valdés

Me emociona
mirar sus ojos bellos
el cintillo
granate de sus labios,
su efigie
luminosa, virginal,
sus inocentes
pechos, su lozanía cándida.

Algo
inconcreto late en mi interior,
deseo sus
abrazos,
sentir el
tacto suave de sus formas.
Oleadas de
sangre circulan por mis sienes,
marejada de
celo bajo el sol.
Mi mente,
enajenada,
febril por el
instinto que me excita,
por la
fascinación del beso y la ternura,
inflama mi
materia con fuego primigenio.

En el jardín,
desnudos de pecado,
nuestros
labios se unieron en un beso,
caudal de
luces, río delirante,
puerta de la
pasión, inicio de la entrega.

Amada mía,
ánfora de estrellas,
dame el oro
de tus orillas fértiles,
tu marfil, la
columna de alabastro
de tu materia
núbil.
Ilumina mi
noche con el ardor surgido.
En libertad
de formas,
gocemos del
amor.

Piel con
piel, sobre el césped,
fascinación
del roce, del beso, del abrazo.
Honda
felicidad, hechicero embeleso,
gemidos,
aleluyas.
El placer del
instante acerca al infinito,
fuerte
arrebatamiento que sublima,
que eleva el
templo humano a cimas celestiales.
Canta la
creación
un himno de
alabanza a la única belleza.

Afloran
lirios rojos en bancales silvestres.
Se abre el
recinto virgen, acogedor de vida.
En mi pecho
aletean
palomas
buscadoras de cobijo.
Con mis dedos
novicios, derramo la dulzura
sobre su piel
incólume.
Ahogan mi
garganta
baladas de
nacientes primaveras.

Ni los astros
ni el sol juzgaron nuestro rito,
ni culpa, ni
condena,
es pulso
original de la creación.
Y el universo
gira en torno a nuestro gozo.
Emma-Margarita R. A.-Valdés
email del autor:
universo@universoliterario.net
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