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Cumplida tu misión subiste al cielo,
mas permaneces en la Eucaristía,
en tu Cuerpo y tu Sangre, día a día,
nos ofreces tu amor y tu desvelo.
En nuestro corazón late el anhelo
de vivir en tu humana cercanía;
gloriosa, celestial melancolía
que alienta la esperanza y el consuelo.
Confiamos en Ti, tras tu partida
disfrutamos de tu real presencia
por palabra que diste en despedida.
¡Acércanos al Pan que da la Vida!,
y en el tiempo final de la existencia
concédenos la paz de tu acogida.

En mp3, recitada por la autora. Pulsar AQUÍ

Emma Margarita R. A.-Valdés
Del libro "VERBO y
verso"
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