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ANTIGUAS CARTAS
DE AMOR
Por
Emma-Margarita R. A.-Valdés
Añoro aquellas cartas de los
antepasados,
cartas de amor guardadas en la
hondura del alma
y en un cofre secreto, con un lazo
de seda,
por temor a que el tiempo se lleve
las palabras.
Olían a hogar y a pan, a jardín
florecido,
al amado perfume de alejada
presencia.
Cartas como gavillas de adorados
recuerdos.
El corazón vibraba entre gozo y
tristeza.
Sus letras desvaídas al paso de los
años,
letras fuertes, sinceras, de entrega
y de futuro,
rezumaban amor en largas líneas
rectas.
Testamento romántico que aún vive
vagabundo.
Hoy las cartas de amor son palabras
virtuales,
llegan en los mensajes, sin perfume,
sin rastro
de los trazos queridos, sin notarse
en sus letras
la emoción, la nostalgia y el temblor
de las manos.
Se guardan en carpetas de archivos
personales
del correo electrónico, son otro
documento
del área de trabajo. Quizá un malvado
error,
en un día cualquiera, elimine el
recuerdo.
La grafía aparece con la fuente
instalada,
en un modelo estándar, carente de
latidos,
llegan sin un cartero que llame a
nuestra puerta
y nos deje el tesoro del palpitar
cautivo.
Añoro abrir con ansia el sobre
deseado
que trae sabor a besos, a caricias
perdidas,
el tacto de sus dedos, a huellas de
su piel,
y leer expectante las amadas
noticias.
Guardar con gran ternura en íntimo
cobijo
las cartas del amor, atadas con la
cinta
de la seda del alma. Y, pasados los
años,
alegrar mi vejez con flores de la
vida.

En mp3, recitada por la autora. Pulsar
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Emma-Margarita R. A.-Valdés

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