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ÚNICAS
MONEDAS
Manos
exorcizadas
depositan
el pan en las arcas del hambre.
Migas de
corazón
se
desprenden feraces en la carne lejana
y sacian
las carencias afectivas.
No basta
lo que sobra,
es
preciso donar hasta que duela.

¡Hay
hambre y soledad,
en las
esquinas grises de la piedra!
No sólo
el vil metal satisface el vacío
del
ámbito indigente sin pan y sin ternura.

Si
acercamos el alma a las sombras fugaces
de los
seres que habitan las metrópolis
en las
escombreras,
si
acercamos los ojos a la herrumbre
de
antiguos esplendores
y vemos
la pobreza de los cuerpos,
si
escuchamos atentos los rumores febriles
de sienes
delirantes,
si
tocamos las áridas estancias
en que
yacen los sueños,
si
aspiramos la pálida fragancia
de los
que habitan muerte en residencias,
conoceremos la íntima pobreza
de
nuestro humano ser
y
depositaremos, sin dolor,
en las
arcas del mundo,
las
únicas monedas de mortal alcancía.

TE DOY MI VIDA
Me das, por tu bondad,
todos los días,
tu pan en el sagrario,
mies de tu vida,
y tu divina sangre
por mí vertida.

¿Cómo podré pagarte
tanto tesoro?
Yo, mi Señor, no tengo
algo valioso,
pero te doy mi vida,
aunque es muy poco.

Emma-Margarita R. A.-Valdés
email del autor:
universo@universoliterario.net

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