UNA MUJER ADÚLTERA
De madrugada, en el templo,
perdón y amor predicabas,
mas los escribas incrédulos
te tienden una emboscada
para lograr tu descrédito:
te muestran una mujer
sorprendida en adulterio,
te incitan a condenarla
por faltar al mandamiento.
Te dicen que fue Moisés
el que dio esta ley al pueblo.

Tú conoces sus pecados,
que del maligno son reos,
y escribes sobre la arena
algo que ellos entendieron.
Les dices que si uno es puro
la piedra tire el primero.
Todos saben sus pecados
y avergonzados se fueron.
Tú dices a la mujer:
tampoco yo te condeno.

Tú, Señor, eres la luz,
tu juicio es el verdadero,
eres misericordioso
y perdonas nuestros yerros.
Cuando seas elevado,
sobre el trono del madero,
sabrán que vienes del Padre,
que tú eres de Dios el Verbo.

LA PRIMERA PIEDRA
A una mujer adúltera
pusieron en el centro ante Jesús.
Sería apedreada, por la ley de Moisés,
pues faltó a su virtud.
Sólo la hembra comete el adulterio,
el varón está exento, es práctica común.

Con labios engañosos y doble corazón
le dicen a Jesús: ¿y tú qué harías?
Desean derribarle, esperan que responda
y en que rompa la ley de Dios confían.
Jesús guarda silencio,
sólo traza en el suelo una grafía.
Insisten y Él les dice
que el justo tire la primera piedra.
Mas ninguno está libre de pecado,
les grita la conciencia.
Despacio, poco a poco, se van yendo
por el túnel oscuro de pública vergüenza.
Nadie la ha condenado.
Jesús, que la perdona, dice que se
arrepienta.

Vuelve Jesús al templo a predicar.
Él es la luz del mundo, el que le siga
jamás caminará entre las tinieblas,
tendrá luz de la Vida.

Emma-Margarita R. A.-Valdés
email del autor:
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