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Desde la eternidad de tu existencia
hasta tu nacimiento en carne humana,
en las ramas de tu árbol hay presencia
de una mezcla de seres que no es vana.
No exigiste pureza de su esencia,
ni elegiste una raza sobrehumana,
es santa y pecadora la secuencia
y forma extraordinaria filigrana.
Eres rama de un árbol milenario
en tierra de David y de Abraham,
de la divina Ley depositario
y en tu ejemplo de vida la hallarán.
Llegaste para un fin extraordinario,
por tu misión los hombres vivirán
en un mundo feliz y solidario
si tu Palabra cumplen con afán.
Naciste de María, no engendrado,
floreciste en su seno virginal
y envaronaste en ciencia y hermosura.
Redimiste raíces del pecado,
del lastre de la culpa original,
y ofreciste la Vida que perdura.
En tu cuerpo de material sustancia,
late el Sol de la Ciencia y la Verdad.
De Santo es tu perfume, tu fragancia.
A la Cruz se orientó tu tierna infancia.
Muerte y Resurrección es tu heredad
y es tu perdón la espiritual ganancia.

Emma-Margarita R. A.-Valdés
Del libro
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