¿SE HA DE PAGAR TRIBUTO AL
CÉSAR?
Es lícito
el impuesto para el bien,
para dar
a los hombres cobertura
de
mínimos servicios,
para
saciar el hambre de los pobres.

Si el
gobierno es corrupto, indiferente,
devora,
con sus avarientas fauces,
la
alcancía llenada con sudor.
La masa
sojuzgada
sufre en
el laberinto de avaricia.

Mas tú,
Señor, sabiendo la injusticia,
das al
César la auténtica moneda,
con el
rostro del César,
la moneda
acuñada con sudor
del
hombre, que reclama
réditos
del esfuerzo recaudado.

Para un
tributo justo, por el pueblo,
demos
César lo que atañe al César
y a Dios
lo que es de Dios.
Si
ofrecemos a Dios lo que es de Dios,
no
habitará en la tierra la pobreza,
ni el
odio y la injusticia,
y el amor reinará en los
corazones.

¿DE QUIÉN ES EL DINERO?
¿De quién es el dinero?
Lo que se entrega al César,
del trabajo del pueblo,
sea para curar
la salud del enfermo,
con buenos hospitales
y competentes médicos,
también debe servir
para dar alimento
a los necesitados,
hogar a los modestos,
para dar a los niños
guardería y colegio,
refugios al mendigo,
residencias al viejo,
proteger la familia
y al hijo desde el seno.

No será malgastado
en dispendios superfluos.
Serán los honorarios,
del oficial gobierno,
justos y moderados,
pues el tributo es
sacrificio del pueblo.

Sabemos, bien usado,
de quién es el dinero.

Tú, Señor, que eres justo,
eres el fiel Maestro,
entregas el tributo
que establece la ley,
para el fin oportuno.
Que sea utilizado
para un feliz futuro
y un presente pacífico,
duradero y fecundo.
Emma-Margarita R. A.-Valdés
email del autor:
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