¡Que alborozo, Señor mío!
Hoy te sigo entusiasmado,
por ti seré un hombre honrado,
abandono el poderío
y mi corazón vacío
será de tu amor crisol
alrededor de tu Sol.
Dejo mi vivir umbrío,
confesaré mi extravío,
mi pasado descontrol.

En el mundano arenal,
feudo de los desterrados,
por desiertos y poblados
pelearé contra el mal,
imprimiré tu señal,
y daré
agua de
tu fuente.
Desde Oriente hasta Occidente
pregonaré tu bondad,
tu divina caridad.
Seré tu humilde sirviente.

Los haberes que poseo
serán dados, repartidos
a los hermanos queridos
por tu amor, porque en Ti creo.

ME VESTIRÉ DE TU ESPÍRITU
Quiero ayunar de añejos extravíos
y encontrarte en mi nueva realidad,
no romperme entre glorias y lamentos,
gozar de la belleza y la verdad.

Serás faro en la noche de mis sueños,
manto de estrellas, luz en lejanía
hacia un cielo de mística esperanza,
de fe, de paz, de amor y de alegría.

En mi flamante túnica sin mancha
no añadiré remiendos ni oropeles,
vestiré mi impureza de tu espíritu,
quitaré de mi ropa los laureles.

Está el viejo vestido
rasgado por costumbres ancestrales,
colmadas de prejuicios.

Con mi vestido nuevo,
confeccionado en luz y en esperanza,
bailo libre en la fiesta del
encuentro
al ritmo que tu amor divino marca

Degusto el vino añejo,
envejecido en odres de la Altura,
en la copa que ofrece el sufrimiento.

Los odres de vetusta filiación
revientan por el vino de la ley.
Las vides maduradas bajo el Sol
son vino nuevo en odres de la fe.

¡Vistámonos de gloria,
volemos en las alas del Espíritu,
disfrutemos del vino que enamora!
Llenemos nuestras manos de luceros
como ofrenda de fe, de amor, de
amigo,
roguemos que en el tiempo venidero
nos conduzca el Señor por buen
camino.
  Emma-Margarita R. A.-Valdés

Del libro "VERBO y verso"
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