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SEÑALES DEL AMOR
Sobre el Evangelio de San Juan,
capítulo II
Por:
Emma-Margarita R. A.-Valdés
 
Vuelve
Jesús del árido desierto,
vencedor
en la lucha contra el mal,
no
rompieron su Amor las tentaciones
que
urdió la felonía de Satanás.
Regresa
a Galilea,
al
afable remanso familiar.
Temprano
empezará su vida pública
por el
piadoso ruego maternal.
Comienzan las señales.
Signos que manifiestan la nueva creación,
la boda
de Caná revela el primer signo,
símbolo
de esponsales de los hombres con Dios.
En
tinajas de piedra convierte el agua en
vino,
el
purificador.
Jesús
exterioriza su gloria en el milagro.
Confían
sus discípulos. Surge la salvación.

Fue
insinuación materna.
Jesús
dijo a su madre que aún no llegó la
hora,
el
tiempo del Mesías no es el tiempo del
cosmos,
la
voluntad del Padre dirigirá sus obras.
La
designó mujer, otra Eva para el mundo,
medianera de gracia, humana y milagrosa.
La súplica indulgente
inició la apertura a la fe y a la
gloria.

Se celebra la Pascua, fiesta de los
judíos.
Jesús asiste al Templo,
es en Jerusalén, el centro religioso.
Mercaderes, cambistas, en numerosos
puestos,
gritan su mercancía.
A Él le aguijonea el sacrosanto celo.
Con cuerdas hace un látigo
y expulsa el desacato con un impulso
nuevo.
La casa de su Padre es lugar de oración,
jamás para el comercio.

¿Qué señal nos presentas – preguntan los
judíos –
para actuar así?. Y Jesús les replica
que destruyan el Templo, que Él lo
levantará
completo al tercer día.
Hablaba de su carne, su
cuerpo-Santuario.
Se cumplió la Escritura, la muerte fue
vencida.
Anuncia el Templo nuevo, serán sacras
ofrendas
la obediencia y la fe. La liturgia
bendita.

Emma-Margarita R. A.-Valdés
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Emma-Margarita R.
A.-Valdés
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