|
Eres sembrador de eternas palabras,
el Verbo del Sol,
la única Verdad, la única esperanza.
Esparces semillas
sobre el barro oscuro de la estirpe humana,
crecerán los frutos
del claro mensaje que dan tus parábolas.
Fue tu nacimiento promesa encarnada,
un don celestial,
fuente cristalina, manantial que sacia
y riega los campos
en los que enraízan, sedientas, las almas.
Fue tu sacrificio
el aval seguro de futura gracia,
con amor abriste las puertas del cielo,
que había cerrado la caída ingrata.
Estás con nosotros. En la Cena Santa
dejaste tu Cuerpo, dejaste tu Sangre,
y todos los días en Ti transustancias
el vino y el pan,
sagrado alimento, la divina dádiva,
plantío de Amor,
tu siembra, que arraiga.
¡Qué Buena Noticia, qué inmensa alegría!
¡Tú eres la Palabra!. |