A
SANTO DOMINGO DE GUZMÁN
Por
Emma-Margarita R. A.-Valdés

En Caleruega (Burgos),
en Castilla,
el siglo doce vio tu
aparición,
el amor de tu limpio
corazón,
eras de Dios la
celestial semilla,
un dechado de humana
abnegación
y a la iglesia divina
aportación.
Una antorcha encendida
entre tus labios,
una estrella brillando
en tu cabeza,
la pila bautismal de
realeza,
son signos
celestiales, claros, sabios.
Domingo fue tu nombre,
con certeza
“consagrado al Señor”
por tu pureza
Naciste en cuna noble,
con fortuna,
tu familia fue luz
espiritual,
aprendiste a ser
justo, a ser leal,
ayudaste en el tiempo
de la hambruna,
te
consagraste esclavo
universal
y luchaste en el mundo
contra el mal.
Estudiaste latín,
teología,
y otras ciencias
formaron tu bagaje,
preparaste a
conciencia tu equipaje
para ser vencedor de
la herejía.
Te diste a la misión
con gran coraje
y es tu árbol muy
pródigo en ramaje.
El triunfo no te hirió
con la soberbia,
tu humildad rechazó
cargos, honores.
Esclavo del Señor de
los señores
jamás venció en tu
vida la protervia.
Sacerdote de místicos
ardores,
la tierra se asombró
de tus fulgores.
Un viaje te llevó a
una nueva empresa,
al ver tantas ovejas
descarriadas,
y posaste amoroso tus
miradas
en ofrecerles luz de
la Promesa.
Reuniste personas
consagradas
y fundaste divinas
alboradas.
La Virgen te mostró el
Santo Rosario,
te encomendó su rezo
difundieras
y arriaste con sus
cuentas las banderas
enemigas del Hijo y su
Sagrario.
Alegre te donaste sin
fronteras
y en la fe enardeciste
las hogueras.
Tu día era trabajo,
apostolado,
tu noche era vigilia y
oración.
tu alimento frugal y
tu ilusión
servir a los deseos
del Amado,
compartir la Cuaresma,
la Pasión,
en la caritativa
Redención.
Alcanzaste la meta en
tu andadura
y dejaste la huella de
tu ciencia,
de tu amor a los
pobres, tu paciencia,
tus milagros. Tu vuelo
abrió la Altura.
Los dominicos son tu
rica herencia
y en la Orden
permanece tu presencia.

Emma-Margarita R. A.-Valdés
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