PROCESIÓN DEL NAZARENO EN LUARCA

Por Emma-Margarita R. A.-Valdés


 

 

 

PROCESIÓN DEL JUEVES SANTO

 EN LUARCA

 

Tras la Sagrada Cena en la parroquia,

donde el pan es su carne,

donde el vino es su sangre,

porteadores fieles

cargan sobre sus hombros

la imagen venerada de Jesús Nazareno,

que transciende su material presencia.

 

Los ramos de oración y sufrimiento

son testigos de amor.

En nuevo huerto de Getsemaní

inicia el recorrido.

Las velas encendidas         

son fulgores de gloria en el sendero,

son fuego de luarqueses que se eleva

hasta su santa efigie.

 

Transita por El Parque el Nazareno.

Las risas y los juegos de los niños

resurgen vigorosas.

Dejemos que los niños se le acerquen.

 

Sube por La Carril

la procesión de luces y de sombras.

Se mece el Nazareno.

Una brisa süave acaricia las almas.

 

El Faro emite el sol de la Verdad.

Pasa despacio por el Cementerio,

lleva en la Cruz las almas redimidas.

 

Se acerca el Nazareno a la Atalaya.

Es lugar del encuentro

con los brazos abiertos de la Madre.

Señora de la Blanca,

la Virgen que veneran los luarqueses.

 

Las velas, que encendidas le siguieron

en continuo ascender,

iluminan oscuras realidades.

Emergen, a sus pies,

lágrimas del pasado hecho presente.

 

El Calvario es silencio.

Abajo el mar se rompe entre los riscos.

Espuma de agua y sal

purifica las huellas

dejadas a lo largo del camino.

 De la iglesia Santa Eulalia

sale Jesús Nazareno,

lo lleva en la procesión

el hombro del costalero,

que, en el alma y el espíritu,

porta luz de mar y cielo.

 

Calle Párroco Camino

acoge el primer trayecto,

de ahí hacia el bello parque

en el que mora el recuerdo

del tiempo azul de la infancia,

de risa, amistad y juego.

 

El Nazareno sonríe,

la inocencia es un trofeo

de las almas elegidas

para habitar en el cielo.

Él desea que los niños

vivan alegres, sin miedo.

 

Sube por el Cambaral

el buen Jesús Nazareno,

le siguen en procesión

las almas de su fiel pueblo.

Las olas del mar elevan

su oración de espuma al cielo

 

Ascienden luces de gloria

iluminando el sendero

y en los balcones de Luarca

brillan de amor los luceros,

son los cirios de luarqueses

inflamados en su fuego.

 

Alcanza, en La Atalaya,

las puertas del cementerio.

El Salvador sus pecados

lleva al hombro en el madero.

Él es el Dios del amor,

que los rescata del cieno.

 

Llega a la santa capilla,

es el lugar del encuentro,

allí está su madre blanca

con su corazón abierto.

La Madre de los luarqueses,

que en la Cruz dio el Nazareno.

 

Las oraciones se elevan

en un celestial concierto,

es el sentir de las almas,

su canto es ofrecimiento

al que es la luz y la vida,

al buen Jesús Nazareno.


 Emma Margarita R.A-Valdés

. email de la autora: universo@universoliterario.net

       

Semana Santa

 





Música: Procesional de Semana Santa
Imagen: Santo Cristo Jesús Nazareno, de Luarca (Asturias)