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PEREGRINO
DE
FRUTOS Y SEMILLAS
Por
Emma-Margarita
R. A.-Valdés
Nací
con el fulgor de eternidad
oculto
en la tiniebla de mis venas
y
un rayo de locura sepulcral
me
cegó en el temor de la materia.
Sufrí
la incertidumbre de mi estrella,
de
perecer a cada nuevo paso,
la
incógnita de ser o no ser tierra
con
la certeza del mortal impacto.
Ansiaba
desvivirme sin ocaso,
sin
dolor, sin pavor ni escalofrío,
volver
a lo que fui, la arcilla, el barro,
salir
de la condena del abismo.
Quería
lo soñado y no he vivido,
buscaba
en lo posible lo imposible,
palpaba
entre las sombras desatinos
y
el rostro inexpresivo de la esfinge.
Viajé
a la esfera donde el tiempo es virgen,
me
elevé a siderales dimensiones,
me
bañé en las espumas del origen
y
vi la luz del día en plena noche.
Alcancé
el brillo azul de umbrío monte,
me
abrazó la evidencia en el encuentro,
una
avalancha de ángeles cantores
abrió
el portal de mi interior hermético.
El
rocío humedece mis cabellos
saciándome
la sed de mis vigilias,
esclarece
una estrella en mi cerebro
y
el universo es manantial de Vida.
Peregrino
los frutos, las semillas,
cosecha
de energía y de materia,
su
latido es inmóvil sinfonía
con
arpegios de amor sobre la esfera.
Saboreo
el placer de la Belleza
integrada
en el mosto y en el trigo,
contemplo
el fuego, el aire, el mar, la tierra,
y
me asombro ante el místico prodigio.
Gusto
la savia, fuente de mi río,
errante
por jardines y desiertos,
habitaré
el océano infinito
en
cuyas aguas reverbera el cielo.
Ahora
sé lo que soy, mi nacimiento
es
fluir de existencia, un nuevo tramo
en
la escala, trenzada por el tiempo,
que
lleva hasta el confín del mundo intacto.
Formo
parte de atávicos peldaños,
realidad
de ordenada vibración,
equilibrio
fundado en el decálogo,
su
ruptura es la causa del dolor.
El
alma centellea bajo el Sol,
la
piedra se transmuta en luz sonora,
se
multiplica el eco de la Voz
en
las rocas cubiertas por las sombras.
La
idea de la vida se hace hermosa
al
saber la razón de la existencia,
sus
mareas conducen limpias olas
a
la playa final de blanca arena.
Los
sentidos trascienden su frontera,
adquieren
la pureza original,
la
mente, en el umbral de antigua ciencia,
regresa
al Pensamiento que hizo el mar.
Es,
la humana y vital fecundidad,
sembrado
de jazmines y de ortigas,
de
almendros y cipreses, espiral
en
dimensión exacta de armonía.
Amo
mi ser total, la esencia ungida,
principio
y fin, obsequio del Amor
en
vibrante iluminación divina,
germen
y acto de excelsa creación.
Emma-Margarita
R. A.-Valdés
Del libro
"Sobre el aprecio de la vida"
Biblioteca
de Autores Cristianos (BAC)
Poesía
vital
Contenido
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