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En la
Catedral de San Quintín, en Hasselt, está expuesta la
Reliquia del Prodigio Eucarístico sucedido en Herkenrode, en
1317. Se hicieron numerosas pruebas para constatar la
conservación milagrosa de la Hostia consagrada, de la cual
brotó Sangre.
Recordamos, la realizada en el siglo XVIII por el Nuncio
Apostólico Carafa y el Obispo de Liegi; la del Arzobispo de
Malines hecha durante una visita de la Archiduquesa Isabel.
En la Catedral hay varias pinturas que ilustran el milagro
realizadas por el discípulo de Jordaens, Jan Van Boeckhorst
(1605-1668). Entre los documentos más antiguos que describen
el milagro existe un pergamino escrito en el 1351.

El milagro:
El 25 de
julio de 1317, el párroco de la iglesia de Viversel fue
llamado para dar los Santos Sacramentos a un fiel que estaba
gravemente enfermo. Llegando a la casa del mismo, dejó,
sobre una mesa situada al lado del enfermo, la bolsa que
contenía la píside con la Hostia consagrada. Luego, se
dirigió al dormitorio del enfermo para confesarlo.
Uno de los
familiares, atraído por la curiosidad, abrió a escondidas la
bolsa. Destapó la píside y metió dentro sus dedos para ver
qué había. Dándose cuenta que en el interior había una
Hostia, puso todo en su lugar. Mientras tanto, el sacerdote
salió del dormitorio del enfermo para recoger la Hostia.
Cuando abrió la píside vio que la Hostia, que había
consagrado él mismo durante la Misa, se había manchado de
sangre y estaba como pegada al lino que se encontraba en la
base del recipiente. Lleno de turbación y temor, salió de la
casa y se dirigió al párroco del pueblo vecino de Lumen para
narrarle lo sucedido.
Siguiendo
el consejo de éste, el 1 de agosto de 1317, se dirigió, con
la Partícula, a la Abadía de Herkenrode.
Durante el
camino sucedieron hechos extraordinarios. Cuando,
finalmente, llegó al monasterio benedictino, hizo ver a
todos los religiosos la Partícula teñida de Sangre. Fueron
muchos testimonios oculares que pudieron ver el rostro de
Cristo coronado de espinas, impreso en la Hostia
ensangrentada.

En la
Catedral de Hasselt se encuentra la imagen de un rebaño
puesto de rodillas en el momento en que pasaba el sacerdote
con la Sagrada Reliquia (en ese mismo lugar, llamado Sacrementsberg,
se edificó una pequeña capilla para la perpetua memoria del
evento).
Poco
después, “el Santo Sacramento del Milagro”, colocado en un
relicario y expuesto para la veneración pública, obró muchas
curaciones y, en varias ocasiones, protegió el monasterio de
Herkenrode del incendio.
La
Reliquia del Milagro se conservó en la Abadía hasta 1796. En
1804 fue trasladada a la iglesia de San Quintín, en Hasselt. |