MI AMANECER EN EL PARAÍSO

 

Por

Emma-Margarita R. A.-Valdés

 

 

Mis ojos puros ven el nuevo día.

El alba besa mi gentil hechura.

Mi piel desnuda fulge en la espesura,

arca del alma, helada y vacía.

 

Recorro mi jardín al mediodía,

el sol me otorga cálida ternura,

mas todo es eco, ausencia y desventura,

carezco de una humana compañía.

 

Oh, ansiado amor, sentido y no nacido,

latido errante, angustia que no cesa.

Y el edén sigue inmóvil, florecido.

 

Mi corazón, en fuego consumido,

es brasa intensa, errática y obsesa.

Prefiero no existir, nunca haber sido.

 



 

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