ME ENSEÑASTE, SEÑOR, A PERDONAR

Por Emma-Margarita R. A.-Valdés
  
Me enseñaste, Señor, a perdonar,
a olvidar las afrentas, los agravios,
El amor que brotaba de tus labios
fue el perdón que nos diste al
expirar.
Serenidad y paz sobre mi mar
tus profundos preceptos y tus sabios
consejos. Vino y pan, son
desagravios,
y, para el alma, un celestial manjar.

Tu perdón me hace libre, redimido,
y me llena de luz el sufrimiento,
ya no temo a la vida ni al tormento,
me refugio en tu cuerpo dolorido.
Te recibo, Señor, estremecido,
en el pan de tu Santo Sacramento
y en el vino. Son nuevo nacimiento
al edén que tu amor ha prometido.

Tu perdón es dechado de bondad
y por él yo perdono al que me ofende,
de vanidad y orgullo me desprende,
por el perdón existo en libertad.
 
Emma-Margarita R. A.-Valdés

Reservados todos los Derechos de Autor. Prohibida cualquier reproducción sin permiso.
email de la autora
universo@universoliterario.net
|