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HABLA MARTA

Llega desde lo alto
tu majestad a mi sencillo
hogar,
y yo, con sobresalto,
me pongo a trabajar
para mesa y manjares
preparar.

Y mi hermana María
a tus pies tus palabras
escuchando,
yo sólo le pedía
me viera trabajando,
y que su ayuda estaba
precisando.

Sé que eres alimento
de las almas que en ti se
purifican,
con tu divino aliento
viven, se santifican
y en los dones divinos
fructifican.

La impaciencia me abrasa
y quiero acompañarte con
sosiego,
está mi alcuza escasa
de aceite para el fuego.
¡Dame tu llama, amor! Oye mi
ruego.

HABLA MARÍA
Yo soy tu fiel discípula,
tu venida hasta mí estuve
anhelando,
te espero cada día
y en la noche, velando,
en mis sueños tu imagen
contemplando.

Inmensa es tu bondad,
me llenas de esperanza y de
alegría,
tu generosidad
me ofrece la ambrosía
de tu palabra, mística
armonía.

Llegas de madrugada,
eres el Sol que alumbra la
espesura
de la noche cerrada,
y me siento segura
a los pies de tu voz y tu
ternura.

Ajena al mundo, a ti
encomiendo mi espíritu
impaciente,
mi vida te ofrecí,
creo en ti firmemente
y seguiré tus pasos
lealmente.

Emma-Margarita R. A.-Valdés
email del autor:
universo@universoliterario.net


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