HUÉSPED DEL ALMA
El Espíritu da su poderío
a las almas que acogen el Mensaje
de la Palabra eterna, que es bagaje
de fuerza contra el mal y el extravío.

Huésped del alma, guía mi albedrío,
no permitas que mi interior ultraje
tu nombre, que mi vida te agasaje,
reine en mi corazón tu señorío.

Arribas como fuego, como viento,
inflamas con tu amor y purificas,
arrasas la maleza con tu aliento.

Con tu soplo divino vivificas
las almas, sometidas al tormento
y a la muerte, y en Ti las santificas.

LAS ARMAS DEL AMOR
Eres poder sin límites
desde la Cruz al cielo.
En tus labios
la palabra se hace acto sin frontera.
Se santiguan los mares a tu paso
sobre las olas de la falsedad.
El ósculo de Dios
se posa en las riberas
y los dones divinos
florecen en los páramos.

Eres brillo en los ojos del cautivo,
clamor en la garganta del silente.
Expulsas los demonios
con el poder que mana de la altura.
Eres Uno con Dios,
Luz de Luz.
Los umbrosos cerebros de la noche
asaltan los oteros
cuando las cumbres cantan aleluyas.

El Espíritu Santo
es el amor que late entre la vida,
nunca su nombre virgen
será ajado por viles asechanzas.
Jamás cercenarán
las alas de palomas mensajeras,
las víboras no tocarán sus cuerpos
y volaran alto hacia la gloria.

Custodian el palacio de la fe
las armas del amor
y el eco del benévolo holocausto.

Emma-Margarita R. A.-Valdés
email del autor:
universo@universoliterario.net

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