Del libro "VERBO y verso"
Por
Emma-Margarita R. A.-Valdés
  
LA FIESTA DE LOS TABERNÁCULOS

Domina la ignorante oscuridad
y los suyos no ven la luz divina,
intentan que Jesús
se muestre como esperan del Mesías,
un poderoso rey,
en el tradicional festejo agrícola.

En fiesta de las tiendas o de los tabernáculos,
agradecen la mies y lluvia solicitan.
Desconocen que el éxito del Hijo está en la cruz,
en la hora decisiva.
La voluntad de Dios le indica el tiempo
y va a Jerusalén cuando el Padre le dicta.

El agua, derramada en el altar,
es símbolo de vida para la sementera.
Jesús, el agua viva,
va de incógnito el día de la popular fiesta,
y libre, sin temor
al odio y a la envidia de la tierra,
adoctrina en el templo,
dice: el que tenga sed que venga a mí y beba.
Él es la fuente de la salvación
para la vida eterna.
De Belén, Efratá, salió el Mesías,
según el vaticinio de Miqueas.
Ansiaban detenerle los judíos,
mas aún no es su hora,
continuará algún tiempo, por amor, en el mundo
y se irá con el Padre, que le honra;
le buscarán y no le encontrarán
los que ahora no creen y por temor le ignoran,
le encontrarán los fieles seguidores
y habitarán la gloria.

QUE NO TE JUZGUEN LOS HOMBRES
En la fiesta de la vida
te persigo entre la gente,
me pregunto, en mi interior,
cómo podré conocerte.

Te buscan para matarte,
porque tu misión no entienden,
porque les dices verdades
que en su vanidad les hiere.
Yo te busco porque sé
que tú la Verdad ofreces,
porque me das la esperanza
en la vida y en la muerte.

Unos dicen que eres bueno,
otros que engañas y mientes.
Te juzgan por apariencias
y en tus palabras no creen.

Tú aleccionas en el templo,
tu doctrina de Dios viene.
No persigues los honores
que por tu saber mereces.

Dices, al que tiene sed
de amor, de paz, que tú eres
el río de la esperanza
para el que a ti se convierte.
Que no te juzguen los hombres,
que guarden sus pareceres,
que escuchen tus enseñanzas
y en lo que en su interior sienten.


  

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