Cuando el espíritu inmundo sale del hombre: Mt 12,43-45; Lc 11,24-28

Del libro "VERBO y verso"

Por

Emma-Margarita R. A.-Valdés


EN EL NACIENTE HOGAR

 Voy vagando

por áridos lugares en busca de reposo,

el espíritu inmundo

trata de introducirse en mi morada.

 

En el altar del día

pongo los frutos ácidos de mi humilde cosecha

cuando asoma la aurora en los cristales.

Rompo los negros vínculos

que me unen a la tierra, a los cimientos

de la carne exiliada,

y construyo mi casa en la llanura.

 

En mi torre, purificada, limpia

de impiedades,

no se alojan las sombras de la noche.

Los cantos de los pájaros

anuncian el amanecer del Sol

en mi nuevo refugio.

La Palabra se instala en todas las estancias

y la felicidad sanea el aire.

 

En el naciente hogar

expulso con dureza los malignos fantasmas

y obedezco la Ley que me hace libre.

 

NUNCA ME ASOLARÁN

 

He cimentado mi hogar

sobre laureles y rocas.

Señor, Dios de la bondad,

líbralo de la maleza,

que no pisen el umbral

el desamor y la muerte

del alma, que en Ti será

glorificada en el cielo

si tengo fe y caridad.

 

Escucho fiel tu Palabra

y nunca me asolarán

los frutos edificados,

en mi espíritu inmortal,

con la luz de tu promesa,

de tu justicia y tu paz.

 


Emma-Margarita R. A.-Valdés

  email del autor: universo@universoliterario.net

 

 

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