EN EL
NACIENTE HOGAR
Voy
vagando
por áridos
lugares en busca de reposo,
el espíritu
inmundo
trata de
introducirse en mi morada.

En el altar
del día
pongo los
frutos ácidos de mi humilde
cosecha
cuando asoma
la aurora en los cristales.
Rompo los
negros vínculos
que me unen a
la tierra, a los cimientos
de la carne
exiliada,
y construyo
mi casa en la llanura.

En mi torre,
purificada, limpia
de
impiedades,
no se alojan
las sombras de la noche.
Los cantos de
los pájaros
anuncian el
amanecer del Sol
en mi nuevo
refugio.
La Palabra se
instala en todas las
estancias
y la
felicidad sanea el aire.

En el
naciente hogar
expulso con
dureza los malignos
fantasmas
y obedezco la
Ley que me hace libre.
NUNCA ME
ASOLARÁN
He cimentado
mi hogar
sobre
laureles y rocas.
Señor, Dios
de la bondad,
líbralo de la
maleza,
que no pisen
el umbral
el desamor y
la muerte
del alma, que
en Ti será
glorificada
en el cielo
si tengo fe y
caridad.

Escucho fiel
tu Palabra
y nunca me
asolarán
los frutos
edificados,
en mi
espíritu inmortal,
con la luz de
tu promesa,
de tu
justicia y tu paz.
Emma-Margarita R. A.-Valdés
email del autor:
universo@universoliterario.net
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