EN EL
PRIMER
INSTANTE

Sobre el
Evangelio
de San
Juan,
capítulo
I
Por:
Emma-Margarita
R.
A.-Valdés
En el
primer
instante
moraba
la
Palabra
junto
a Dios y
era
Dios,
manantial
de la
Vida,
como
lluvia y
rocío
alimenta
la
siembra,
cuando
llega la
noche,
como Luz
ilumina,
celeste
alfarería
para el
barro
proscrito,
alas
indestructibles
que en
el Amor
bautizan.
Voz-Fuego-Eternidad,
el
Cordero
sagrado,
la
omnipotente
brisa.
La
Palabra
hecha
carne
en
seno
virginal,
se
designó
Jesús;
habitó
en el
origen,
no de
sangre,
no
humana,
vivió
en
Verdad y
Gracia,
en santa
plenitud.
Sus
caminos
no son
los
caminos
del
hombre,
son
rutas
por el
círculo
del
infinito
azul,
por
las
ondas
del mar,
por
surcos
de la
tierra,
por
el
profundo
abismo,
por la
paz y la
cruz.
La
creación
es
íntegra
pensada
para el
Logos,
para el
Hijo,
Jesús.

Como
el
frondoso
árbol
se
engrandece
plantado
a la
orilla
del río,
los
seres
iniciados,
que no
le
recibieron,
darán
su fruto
en Él,
será al
plazo
debido,
sus
hojas no
caerán
con el
soplo
del
aire,
su
savia
llevará
el
mensaje
divino.
Atravesando
el
tiempo
vendrá
la
comunión
habida
en el
principio.

Un
profeta
clamó en
el
desierto
estéril,
anunciando
su
gloria:
El
fruto
del
Amor,
será
la
salvación
cuando
llegue
su hora.
Lo
dijo
Juan
Bautista,
profeta
del
Altísimo,
que a
convertirse
exhorta,
vio
bajar al
Espíritu,
sobre el
hombre-Mesías,
en
forma de
paloma.
Y
surgen
los
heraldos
del
Nuevo
Testamento,
profetas
y
discípulos.
Escuchan
la
Palabra
cuando
les dice
“sígueme”,
¡han
encontrado
a
Cristo!,
Jesús
de
Nazareth,
hijo del
carpintero,
es el
glorioso
ungido,
Él
abrirá
los
cielos y
triunfará
el Amor
en el
tiempo
preciso.

Emma-Margarita
R.
A.-Valdés

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Emma-Margarita R.
A.-Valdés
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