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EL SER QUE ME COMPLETA

Por
Emma-Margarita R. A.-Valdés

La Voz
rompió el silencio del jardín
y un rayo
azul rasgó la paz inmóvil.
Dormidos
a mis pies,
los
fieros leones sueñan mis caricias,
cansados
de sus juegos.
Las
serpientes alargan sus colmillos
intentando morderme los talones.
Inspecciono el paisaje,
el vergel
de gardenias e inmaculadas rosas.
Me
levanto. Estoy solo.
Grito al
silencio de las frías sombras.
Es el
primer sonido del nacido a la muerte.
Vuelvo a
gritar, sin eco, en el crepúsculo.
Suplico
cercanía.
Dios oye
mi clamor, Me hace insensible.
Manifiesta su verbo.
Del
cuerpo inerte, frío y cercenado
brota un
milagro denso. Su fragancia
aviva mis
sentidos
y me
completa. ¡Es ella!
Me
lastima, me hiere en mi costado abierto.
¿Será el
dolor que siempre sufriré?
Y era
ella. Su piel, alba de almendros.
En su
mirar, la mía se refleja
y en ella
se conoce.
La nombro
y existimos.
La
arcilla se hizo carne
con
melodía azul de jugosos jazmines.
Enlazo su
cintura
y siento
escalofríos
en mi
sangre caliente, enloquecida.
Me ofrece
el fruto tibio de sus labios
y me
invita a reinar,
a ser el
tacto único que recorra sus formas.
Se
enardece mi hombría
desafiante, insurrecta, embriagada de orgullo.
Mi grito
es aleluya.
Unidos
recorremos
los
sueños, las quimeras, alocados delirios
que
brotan del amor.
Una
apacible brisa saluda la mañana.
Un
surtidor eleva sus diamantinas notas,
fragmentadas al sol, en sus siete colores.
Y todo,
en el edén,
forma un
cuadro de mística armonía.
¡Es la
felicidad!
  
Emma-Margarita R. A.-Valdés
  
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