El juicio. "Tuve hambre…” Mt 25,31-56

Del libro "VERBO y verso"

Por

Emma-Margarita R. A.-Valdés

 


 

EL JUICIO FINAL

 

Llevo una cruz en la memoria-triste

por haber derrochado la riqueza

de dones celestiales.

No serví diligente al hermano cautivo;

no atendí las desnudas quejas, voces

suplicantes y heladas;

no alimenté con pétalos jugosos

los famélicos cuerpos olvidados;

no ofrecí el agua pura, inmaculada,

al fuego de la carne;

no recibí al extraño en la mansión

abierta hacia el encuentro.

 

Dime, mi amado, si me acerco a ti

en el tránsito azul,

si retorno al lugar de la alborada

de mi camino errante,

si hago tu voluntad

y socorro el lamento de los seres ajenos,

¿podré decirte he amado y atendido

al hermano que espera

en la orilla del sol?

¿Estaré a tu derecha?

¿Estaré a tu izquierda?

 

No me apartes de ti, mientras asciendo

a la cumbre de tu palabra.

Repararé el fervor

tronchado en la vorágine del mundo,

invitaré al sediento a la alfaguara

que saciará su sed de eternidad,

aportaré al hambriento el pan bendito,

arroparé al desnudo con tu manto,

liberaré al cautivo con tu Voz.

Entonces, mi Señor,

¿me llamarás bendito de tu Padre?

¿me llevarás incólume a tu diestra?

 

Me hace daño la cruz de mi conciencia.

Me duele mi egoísmo,

mi interno escalofrío por la culpa.

 

No importa a dónde tú, Señor, me lleves,

¡lléname con tu luz!,

que mi erial se transforme en un vergel

de dádivas sin tregua,

esperando tan solo tu amistad

y el regalo de tu misericordia

en el juicio final.

 

 

CUANDO FALTA EL AMOR

 

Cuando falta el amor

huyen los pájaros, los sauces lloran,

el amaranto pierde sus flores,

los ríos bajan turbios,

los brotes tiernos mueren, se marchitan,

no crece el trigo ni se forma el pan,

no proporcionan vino viñas secas,

puertas cerradas niegan el cobijo

 

Crecen los niños sin hogar feliz,

bailan los jóvenes sobre el abismo,

sufren los viejos fría soledad,

mueren hambrientos pobres marginados.

 

Cuando falta el amor

la maldad resplandece,

sufre la humanidad

y la naturaleza se rebela.

Desastres naturales,

soledad, hambre, guerras y pandemias,

son los frutos del mal

por transgredir las leyes inviolables.

 

¡Perdónanos, Señor,

nuestra fría impiedad, nuestro egoísmo!

¡Perdónanos, Señor, no nos apartes

de tu divino amor!

¡Danos tu luz!

Que el fuego de tu amor

abrase los sembrados infecundos,

que crezca el trigo para el pan del cielo,

que prospere la vid y sea tu vino.

 

¡Cuánto perdón, Señor, necesitamos!

 

Emma-Margarita R. A.-Valdés

email de la autora: universo@universoliterario.net


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