EL JUICIO FINAL
Llevo una cruz en la memoria-triste
por haber derrochado la riqueza
de dones celestiales.
No serví diligente al hermano
cautivo;
no atendí las desnudas quejas, voces
suplicantes y heladas;
no alimenté con pétalos jugosos
los famélicos cuerpos olvidados;
no ofrecí el agua pura, inmaculada,
al fuego de la carne;
no recibí al extraño en la mansión
abierta hacia el encuentro.

Dime, mi amado, si me acerco a ti
en el tránsito azul,
si retorno al lugar de la alborada
de mi camino errante,
si hago tu voluntad
y socorro el lamento de los seres
ajenos,
¿podré decirte he amado y atendido
al hermano que espera
en la orilla del sol?
¿Estaré a tu derecha?
¿Estaré a tu izquierda?

No me apartes de ti, mientras
asciendo
a la cumbre de tu palabra.
Repararé el fervor
tronchado en la vorágine del mundo,
invitaré al sediento a la alfaguara
que saciará su sed de eternidad,
aportaré al hambriento el pan
bendito,
arroparé al desnudo con tu manto,
liberaré al cautivo con tu Voz.
Entonces, mi Señor,
¿me llamarás bendito de tu Padre?
¿me llevarás incólume a tu diestra?

Me hace daño la cruz de mi
conciencia.
Me duele mi egoísmo,
mi interno escalofrío por la culpa.

No importa a dónde tú, Señor, me
lleves,
¡lléname con tu luz!,
que mi erial se transforme en un
vergel
de dádivas sin tregua,
esperando tan solo tu amistad
y el regalo de tu misericordia
en el juicio final.

CUANDO FALTA EL AMOR
Cuando falta el amor
huyen los pájaros, los sauces lloran,
el amaranto pierde sus flores,
los ríos bajan turbios,
los brotes tiernos mueren, se
marchitan,
no crece el trigo ni se forma el pan,
no proporcionan vino viñas secas,
puertas cerradas niegan el cobijo

Crecen los niños sin hogar feliz,
bailan los jóvenes sobre el abismo,
sufren los viejos fría soledad,
mueren hambrientos pobres marginados.

Cuando falta el amor
la maldad resplandece,
sufre la humanidad
y la naturaleza se rebela.
Desastres naturales,
soledad, hambre, guerras y pandemias,
son los frutos del mal
por transgredir las leyes
inviolables.
¡Perdónanos, Señor,
nuestra fría impiedad, nuestro
egoísmo!
¡Perdónanos, Señor, no nos apartes
de tu divino amor!
¡Danos tu luz!
Que el fuego de tu amor
abrase los sembrados infecundos,
que crezca el trigo para el pan del
cielo,
que prospere la vid y sea tu vino.
¡Cuánto perdón, Señor, necesitamos!

Emma-Margarita R. A.-Valdés
email de la autora:
universo@universoliterario.net

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