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ELÉVAME A TU CIELO
Busqué tu Reino en la penumbra fría.
En mi duelo entoné armoniosos salmos
invocándote.
No hallé tu reino en nubes ni en estrellas,
ni en campos de viñedos y trigales
ni en los altos cipreses.

Llegó tu Reino al centro de mi espíritu,
en silencio, con fuego, sin buscarlo.
Allí estaba en amor del Hijo y Padre,
en mística unidad.

Cuando venga el instante del relámpago,
observaré el destello,
escucharé el fragor de la tormenta,
y esperaré la luz de la mañana

No comeré ni beberé el licor
de frialdad y orgullo,
no dilapidaré el tesoro
de tu buena Palabra y de tu ejemplo.
Construiré coronas de laureles,
sembraré las semillas luminosas
de tu divina huerta.
Ahuyentaré los buitres de mi feudo.

Derrama sobre mí tu ardiente llama.
Bautízame con fuego.
Toma mi vida en tus sagradas manos,
elévame a tu cielo.

LLEVA MI ALMA HASTA TU ORILLA
Venga a nosotros tu Reino,
hágase tu voluntad,
comeremos, beberemos,
pan y vino de la paz.

De un extremo a otro del cielo,
como rayo luminoso,
vendrás sobre los luceros
sentado en tu regio trono.

Tiempos de Lot y Noé,
de fuego y torrencial lluvia,
no corromperán mi ser,
mi alma siempre será tuya

Eleva mi alma contigo
hacia el reino celestial,
que no me arrastren los ríos
de soberbia, de maldad.

Deseo emplear mi vida
en perseguir a tu estrella,
lleva mi alma hasta tu orilla,
no permitas que se pierda.

Emma-Margarita R. A.-Valdés
email del autor:
universo@universoliterario.net
 
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