EL BANQUETE CELESTIAL
Llegas de la lejanía
a
mi modesta morada,
traes la paz y la alegría.
Cuando es la noche cerrada,
alumbras mi estancia umbría
con la luz de tu mirada.

Tienes por misión curar.
Me ofreces tu compañía
porque no puedes dejar
sufrir al que en ti confía,
eres Dios y puedes dar
prueba de tu cercanía.
En la mesa del Señor
todos quieren ser primeros,
ocupar puestos de honor.
La humildad de los cimeros
obtendrá el puesto mejor,
así son tus misioneros.

En el festín celestial
estarán los que más quieres:
el que te sigue leal
y
comparte sus haberes,
el que lucha contra el mal
porque Tú eres el que Eres.

CURASTE MI SED
Mi espíritu está hidrópico,
necesita tu manantial de Vida.
Vago por el desierto con sed de tu
presencia
en busca del oasis de la fe.
Un lugar donde surge
la fuente que enriquece los
sembrados.
Un sábado feliz
hallé el vergel florido de tu
misericordia.
Curaste mi dolencia
con la ablución-caricia de tus manos.

Si me invitas a tu banquete místico,
no buscaré el honor del primer puesto
pues sé que no soy digno.
Con estar a tu mesa
me sentiré en la gloria de tu casa.

Compartiré tus dones
con los pobres, lisiados, ciegos,
cojos.
En la cumbre del tiempo habitaremos
en el jardín vivero de eterna
caridad.


Emma-Margarita R. A.-Valdés
email del autor:
universo@universoliterario.net


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