Resurrección de la hija de Jairo y curación de la hemorroisa que toca su manto: Mt 9,18-26; Mc 5,21-43; Lc 8,40-56


Del libro "VERBO y verso"

Por

Emma-Margarita R. A.-Valdés

DIME: TALITA KUM

 ¡Señor! Mi alma está a punto de morir.

Ya no tengo esperanza en esta tierra,

soy pobre vagabundo, un galopín,

perdóname y seguiré tu senda.

 

Acerca tu bondad a mi pecado,

libra mi cuerpo de la esclavitud,

que mi alma párvula en su noviciado

escuche de tus labios Talitha kum.

 

Dame el santo alimento de tu pan

y el vino que me embriague de tu amor,

levántame y elévame a tu paz

y seré tu ferviente servidor.

 

 

ME CURASTE

 

Me acerqué a ti temblando, con temor,

y toqué sin permiso tus vestidos,

sé que eres el Mesías, el Salvador,

que sabes el dolor de mis latidos.

 

Mucha gente seguía a tu alrededor

tocando tu blancura inmaculada.

Yo me acerqué con fe en tu gran amor

Y, por creer en ti, mi alma es salvada.

Sentiste el roce de mis frías manos,

supiste que era yo quien te tocaba

Comprendí que mis sueños no eran vanos.

Me curaste y mi corazón te alaba.

 

 

EL CUENCO DIVINO DE TUS MANOS

 

Te persigo, Señor

entre el gentío absorto que te aclama.

Toco tus vestiduras

y un estremecimiento azul me embarga.

 

Cuando palpé tu estela,

me abrasó el corazón tu amor sin límites,

y mi sangre, caudal de sed y muerte,

retrocedió a la fuente de su origen.

 

En tu presencia viva

gozo la paz sin fin de tu contacto.

Hay caridad, amor,

en el cuenco divino de tus manos.

 


      
Emma-Margarita R. A.-Valdés 

Email del autor: universo@universoliterario.net

 


  

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