El buen samaritano: Lc 10,25-37

Del libro "VERBO y verso"

Por

Emma-Margarita R. A.-Valdés

 



PALIAR EL SUFRIMIENTO

 

No son míos los pájaros del cielo,

ni la flor ni los mares ni los bosques

ni el latido de vida.

Tú, Señor, me forjaste con tu fuego,

con tu esencia llenaste mi humano odre,

soy la parte de un todo en armonía.

 

Soy administrador de tu universo,

del fruto de la mies, de tus haciendas

de amor caritativo.

Soy de tu propiedad en alma y cuerpo,

y debo compartir con la pobreza

los bienes que pusiste en mi camino.

 

No debo abandonar al desvalido,

ni a los presos en cárceles del mundo,

ni a los menospreciados,

Daré al necesitado lo preciso,

mostraré tu camino al inseguro,

y ofreceré sin límites mis manos.

 

Tú te has dado, Señor, como tributo

en servidumbre fiel hasta la meta

marcada con la muerte.

Eres el signo que me fija el rumbo

para, por fe, entregarme con largueza

a paliar sufrimientos de indigentes.

Emma-Margarita R. A.-Valdés

email del autor: universo@universoliterario.net
 


 


 

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