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ÁNFORA
DE AMOR
Tu voz resuena en mí interior
con notas celestiales.
Me ciegan tus fulgores,
me deleito en tu luz.
Canta el amor en rosas y en espinas,
en viñedos, trigales y desiertos.

Tus manos taladradas
acarician mi enamorado espíritu.
En tus brazos abiertos y clavados,
me refugio de espectros y de eclipses.
Tu costado, volcán ardiente,
es fuego que me inflama en esplendores.

Tu amor eterno me enajena
y retozo ante ti
como animal contento ante su dueño.
En mi humano horizonte
eres lucero azul que me encamina
a la elevada cumbre donde nace
el Sol que se derrama cada noche.
En sus divinos rayos,
sublimada en su fuego,
doy mi alma en holocausto de fervor.

Sigo tus pies heridos.
El rastro de la sangre derramada
me dirige al hechizo de tu estela.
Conozco mis linderos
y sé que debo amar cono tú amas.
Cura mi frialdad,
modélame con dedos inviolables,
haz de mi barro un ánfora de amor,
y pueblen mi paisaje
tus santos mandamientos.

QUE TE AME HASTA
EL FINAL
¡Escúchame, Señor!
Seguiré tu Palabra
con todo el
corazón,
con toda el alma,
y amaré a mi
vecino
y al de otra raza.

Es base de la Ley
de los profetas,
amar y amar y
amar,
esa es la meta
del que sigue tus
pasos
por buena senda.

Rey y Señor,
que te ame sin
medida
hasta el final:
el día de la
dicha.

Emma-Margarita R. A.-Valdés
email del autor:
universo@universoliterario.net
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