Recorres los caminos de la tierra
proclamando la paz y la alegría,
que ofreces el perdón para el que
yerra
y la inmortalidad no es utopía.
Eres amigo en tiempos de aflicción,
un hermano en la triste soledad,
alumbras con tu luz la sinrazón
y siembras la alegría y das la paz.

¡Acerca tu agua clara a mis
sentidos!,
humean las cenizas de tu amor,
tu cristalina fuente, en mis latidos,
apague el fuego ardiente del dolor.

El ardor del rescoldo me condena
a vivir con presagios de amargura.
Por mis venas crecidas con
mi pena
fluyen llamas de ardiente desventura.

Espero que las aguas de tu río
me lleven a la orilla de tu amor,
que fluya en mi tu espíritu bravío
y a Ti y al Padre os ame con fervor.

Que triunfen paz y fe sobre la
tierra.
Tu don es el perdón, es cercanía,
absuelve al que tu norma no sotierra.
y tu misericordia es tu ordalía.

Tu Palabra me libra del pecado,
de tormentas ocultas en la mente,
soy hombre redimido, rescatado
y por Ti vivo libre y penitente.
Emma-Margarita R. A.-Valdés

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