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Dos rosas blancas me esperaban
entre las negras sombras ambientales.
Vital resurrección, caricia,
palabra en el silencio,
visita en familiar vacío.
Mi soledad rondaba por sus hojas
y sus pétalos tersos, suaves.
Una lágrima,
zumo virgen del corazón,
humedeció su tallo.
En la noche de insomnios conocidos
evoqué
madrugadas con otras rosas.
¡Blanca ansiedad perdida!
En mi estancia su aroma me rodea
y te veo a mi lado como entonces.
Las miro hambrienta de tu imagen.
Hay en ellas
una pizca de ti,
un aliento inocente, un beso,
cercanía de tu niñez.
El tiempo pasará,
roerá la hermosura con sus horas.
Yo seguiré aguardando
un nuevo florecer de rosas blancas
en mi vergel de fantasía.
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