Fantasmas de ilusiones que despertáis la angustia,
febriles fuegos fatuos entre la oscuridad,
dejad dormir la idea en un rincón del cuerpo,
no arrastréis por la mente las cadenas del mal,
no vaguéis por las cámaras de las tribulaciones,
amordazad suspiros y reposad en paz.
Fantasmas de proyectos, de añosas certidumbres,
hoy removéis la tierra que cubre la pasión,
cavad fosas profundas, enterrad los fracasos,
no marchitéis los lirios con un viejo dolor,
no iluminéis la noche con centellas furtivas,
alejad la penumbra para que brille el sol.
Fantasmas de la carne que anunciáis nuestra muerte
en el aire, en el agua, en el fuego, en la tierra,
apartad al destino vencido en libertad,
no desertéis del féretro que encierra la materia,
no arranquéis las raíces de cerrados sepulcros,
velad los elementos de divina existencia.
Fantasmas de la duda, niebla espesa del alma,
visiones de ultratumba en párpados de acero,
cuidad piras sagradas, encended las antorchas,
no apaguéis almenaras con sofismas siniestros,
no profanéis las criptas con ídolos de barro,
respetad la oración del humo del incienso.
Fantasmas de los ecos que gritan nuestros nombres
por las cuevas umbrías del vacío interior,
entonad las palabras de inviolable salmodia,
no olvidéis la cadencia de la última canción,
no pronunciéis las letras del principio y del fin,
recordad la plegaria de la primera voz.
Emma-Margarita
R. A.-Valdés