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DESAMOR DE ESPIGA

 

 

Ciegan maduras lápidas en los surcos desiertos
y a tientas se acarician los perfiles ausentes
de la espiga granada, emotiva y rebelde,
que lejos de su valle enraíza el reflejo.


Están rotas las venas, suspiran los latidos,
se derrocha la esencia por lóbregos trayectos
tras las huellas perdidas del corazón, abierto
escarbando una tierra ávida de cariño.


Un vértigo suicida apaga las luciérnagas
que tímidas se arrastran por tétricos pasajes,
el cerebro es un foso de ideas delirantes
y evoca la caída de mágicas estrellas.

No aterra el egoísmo, ni el orgullo, ni el celo,
es sólo el desamor lo que congela el alma,
aislamiento constante, como funesta ráfaga
en la muralla estática a pecho descubierto.


Cuando se tronche el tallo y las fuentes extrañen
lágrimas que jamás anunciaron los párpados,
regresará del aire a lugares cercanos,
al calor primitivo, desamparo culpable.

Cuando la fronda crezca en las ruinas del feudo
y avive el ser consciente de eternas mariposas,
cruzará la distancia, clamará su memoria
pues a su verde valle ya lo ha segado el tiempo.

 

Emma-Margarita R. A.-Valdés

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