MARÍA, TU TIERNA PALOMA

EMPRENDE EL VUELO

(Mt 4,1-11; Mc 1,112-13; Lc 4,1-13)

 

 

Por

Emma-Margarita R. A.-Valdés

 

Llega el abrazo de la despedida

del hijo que, hecho hombre, se distancia,

lleva tu corazón, tu vida entera,

algo en ti se desgarra.

Él es Hijo de Dios,

semilla del paráclito en tu casa.

Tú eres madre y mujer,

en tu carne te sientes cercenada.

Virgen de soledad,

por tu valle de lirio y azucena

brotan las espadañas

bajo la lluvia triste de la ausencia.

Crece melancolía

en el latido asceta de tus venas,

en la cascada de tu sangre ardiente

abierta por la pena.

Te dicen que otro joven,

revestido con pelo de camello

y cinturón de cuero en la cintura,

predice la apertura de los cielos.

Te acuerdas del profeta

con su traje de pieles y de cuero,

de un carro, de caballos,

torbellino de luces y de fuego.

Tú sabes que ese joven

surgido por milagro en matriz vieja,

es Juan, el precursor,

allanará el trayecto a la promesa.

En su espacio primero

saltó de gozo al sol de su existencia

e irá delante de la luz del alba

que viene a esclarecer a las tinieblas.

Ya tu tierna paloma emprende el vuelo

al horizonte-Cruz tras la montaña,

se bautiza en el agua del Jordán,

y otra paloma blanca

desciende por el aire transparente,

y despliega sobre Él sus nobles alas.

Éste es el Hijo amado,

en su amor se complace la Palabra.

Lees las Escrituras

reveladoras del sagrado enigma,

del agua derramada por el suelo,

de hierba renacida,

del sustento frugal, de los insectos,

de la miel que en los ojos relucía.

Pero en la noche oscura

nada te aplaca la ansiedad furtiva.

Te duele que tu niño

se retire a ayunar en el desierto.

Tu maternal entraña,

tu tronco fijo y tu ramaje recio,

que amparaban al único retoño

de la sequía, del calor, del viento,

desbordan por la herida

escarcha de añoranza en su albo pétalo.

Te pesa la materia,

las raíces clavadas en el mundo

y, aunque elevas tus preces

alarmada por tu hijo, por su ayuno,

por las sombras de frío desamparo,

por el rival oculto,

no puedes desasirte de tu vértigo

asomada al augurio.

 

Emma-Margarita R. A.-Valdés

Del libro "Antes que la luz de la alborada, tú, María"

Poesía trascendental

   Virgen María

Contenido

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