EL TEMPLO

(Mt 26,6-13; Mc 14,3-9; Jn 12,1-8)

 

 

Por

Emma-Margarita R. A.-Valdés

     
             
     

El templo, majestuoso,

es custodia de espiritual riqueza,

es su perfil hermoso,

sus torres son la alteza

del símbolo que encierra su belleza.

 

El gesto generoso

del pueblo que a su Dios adora y reza,

construye este grandioso

tributo a la proeza

de un Rey merecedor de tal grandeza.

 

Como ungüento oloroso

regalado al Señor por gentileza

de un sentir amoroso,

con humana largueza

se ofrece el templo al Dios de la nobleza.

 

En el templo fastuoso,

los consagrados viven la pobreza

del voto fervoroso,

hecho a la realeza

del Dios que se hizo hombre en la Pureza.

 

El creyente virtuoso

encuentra en sus cimientos fortaleza

para este doloroso

destierro en la maleza,

por pecado de orgullo y de flaqueza.

Emma-Margarita R. A.-Valdés

 

     
             
     

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Pintor: Caspar David Friedich