De todos seáis loada,
oh, Virgen de Guadalupe.

Según dice la leyenda,
Lucas, apóstol ilustre,
con la madera de un cedro
tu imagen bendita esculpe.

En la hora de su muerte
a tu protección acude
y por su último deseo
en su féretro te incluyen.



De todos seáis loada,
oh, Virgen de Guadalupe.

En el siglo IV llevan
sus reliquias y tu estuche
a Constantinopla, y luego
desde allí a la santa urbe.

Cuando fue elegido Papa
Gregorio Magno, introduce
tu imagen en su oratorio
y tú haces leves sus cruces.



De todos seáis loada,
oh, Virgen de Guadalupe.

Una epidemia de peste
entra en Roma y a ti se unen
con rezos y en procesión
y sanas a los que sufren.

Sobre un castillo, hoy Sant Ángelo,
te alaban bellos querubes:
Regina caeli, laetare.
Y el milagro se difunde.



De todos seáis loada,
oh, Virgen de Guadalupe.

Gregorio obsequió a Leandro
tu imagen, y este la cubre
de honores en su Sevilla
y eres del pueblo la lumbre.

Transcurría el siglo sexto
y hasta el siglo octavo surge
en los fieles sevillanos
el amor que distribuyes.



De todos seáis loada,
oh, Virgen de Guadalupe.

Año setecientos once
apaga divinas luces,
el invasor extranjero
templos y efigies destruye.

De la guerra y la matanza
los fieles cristianos huyen,
llevan tu preciosa imagen,
no consienten que te insulten.



De todos seáis loada,
oh, Virgen de Guadalupe.

En la Sierra de Altamira,
junto al río Guadalupe,
en una cueva excavada
les inspiras que te oculten.

Su campanilla de plata
y una carta allí introducen
para cuando llegue el tiempo
en que regresen las luces.



De todos seáis loada,
oh, Virgen de Guadalupe.

Cobijada en estas sierras
más de seis siglos transcurren
y, vencido el invasor,
tu presencia restituyes.

Pastores cuidan sus vacas
en los montes que te encubren,
se extravió una y es urgente
que Gil Cordero la busque.



De todos seáis loada,
oh, Virgen de Guadalupe.

Tres días cruza montañas.
Entre los robles descubre
su vaca muerta y decide
desollarla, es la costumbre.

Traza la cruz en su pecho,
el cuchillo en él le hunde,
y en ese preciso instante
tú, Virgen Santa, reluces.



De todos seáis loada,
oh, Virgen de Guadalupe.

El pastor, desconcertado,
pues tu rostro le seduce,
ante tu imagen se postra,
y le dices no se asuste,

que eres la madre de Dios,
la que por los hombre sufre
y con tu hijo Jesucristo
a los cielos les conduces.



De todos seáis loada,
oh, Virgen de Guadalupe.

Le ordenas llevar su vaca
con las otras y pregunte
en la ciudad por los clérigos,
tu aparición les anuncie.

Al regresar a su casa
Gil Cordero, hay pesadumbre
por la muerte de su hijo,
y la Virgen le resurge.



De todos seáis loada,
oh, Virgen de Guadalupe.

El pastor dice a los clérigos
lo que pasó en Guadalupe,
que fueran y que cavaran,
y la llamada no eluden.

Encontraron en la cueva
la campanilla y apuntes
sobre tu imagen bendita.
Y una ermita te construyen.



De todos seáis loada,
oh, Virgen de Guadalupe.

El pastor y su familia
a vivir al monte suben,
tú hacías grandes milagros
y llegaban multitudes.

Desde entonces hasta hoy
tus predicciones se cumplen
y sanas al que está enfermo
y consuelas al que sufre.

De todos seáis loada,
oh, Virgen de Guadalupe.


Emma-Margarita R. A.-Valdés           

Reservados todos los Derechos de Autor.
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Música: Ave Regina del Cielo


Libro "Antes que la luz de la alborada, tú, María"

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