SANGRE Y MUERTE

(Mt 9,18-26; Mc 5,21-43; Lc 8,40-56)

 

Por

Emma-Margarita R. A.-Valdés

 

 

- I -

Siempre hay guerras de hermanos

que dejan huellas rojas en los tiempos.

Mareas de ambición impulsan su oleaje.

Con hambruna de pobres

engordan los países poderosos,

el fuego de sus muslos incendia las cosechas.

Una lluvia escarlata gotea en el cerebro

por el reino del mal

que origina catástrofes del cosmos.

La enfermedad, la muerte y la miseria

obedecen su ley.

Se asesinan palomas para el tráfico

de angelicales plumas.

Fluye sangre inocente por nuestros pensamientos.

Año tras año luchan tambores de las tribus

y gemidos de antiguas plañideras

contra piedras del muro carmesí.

Muchedumbre de muertos

clama por la venida del Dios de la esperanza

cuando alcanza su barca la otra orilla.

Si tocáramos la orla de su Túnica,

nuestros dedos sangrantes

curarían al tacto de su paz,

vestiría la piel su primavera,

la luz florecería en viejos párpados

con el rocío orante de una lágrima pura,

la tierra, maternal, acunaría

al inocente niño que llevamos

gritando en el silencio.

 

 

- II -

Pero los niños mueren.

Vendaval de soberbia despliega los sudarios.

Un Caín vertical pisotea los lirios

en las verdes praderas.

La luna, plata y fría, perfila su creciente

peregrinando noches sobre los rascacielos.

Los cuerpos inmaduros son mercancía de órganos.

Esclavos de los medios, títeres del poder,

alucinan a jóvenes sin rumbo.

Habitan el asfalto

enfermos marginados del sistema.

Con herrumbre en las rejas se aprisionan

los años terminales.

Fluye un denso dolor

que ahoga la garganta y nos destruye.

Si junto al mar dijéramos: Maestro,

acabo de morir, ven, pon tus blancas manos

sobre mi alma infantil y di "Talitha qumi",

izaría la arcilla

su bandera de tierra rescatada,

despertaría hambrienta de manjares celestes,

el vino de la sangre

bebería el olvido por las venas

y una cálida hogaza de pan tierno

bendeciría al hombre matutino.

El verbo, hecho color,

grabaría su luz en las pupilas,

revelaría el fuego a la materia

y seríamos soles del espacio.

 

 

Emma-Margarita R. A.-Valdés

Del libro "Versos de amor y gloria"

Biblioteca de Autores Cristianos (BAC)

 

 

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