MILAGRO EUCARÍSTICO DE TURÍN

 


TURÍN- ITALIA - Año 1640

 

En 1640 la armada francesa del Conde de Harcourt llegó a atravesar el río Po, conquistando la fortaleza del Monte de los capuchinos. Los soldados se introdujeron en la iglesia de Santa María del Monte y asesinaron a muchos civiles. Sin embargo, la vida de los frailes capuchinos no fue tocada. Un soldado francés logró abrir el tabernáculo que contenía la Píxide con algunas Partículas consagradas, pero milagrosamente salió del interior una línea de fuego que llegó a quemarle el rostro y los vestidos. La pequeña puerta del tabernáculo, decorada con ágata y lapislázuli, presenta hasta hoy las huellas del forcejeo hechas por soldado

El Padre capuchino Pier Maria de Cambiano, describe detalladamente el Milagro Eucarístico ocurrido durante la ocupación de las tropas francesas en la iglesia de Santa María del Monte: “el Piemonte fue inundado por ejércitos extranjeros, entre ellos los franceses que, habiendo dejado el caserío de Monferrato, ya liberado por los españoles, marcharon hacia Turín. El 6 de mayo de 1640 se encontraron en Chieri, el 7 en Moncalieri y el 10 llegaron a Turín. Allí lograron atravesar la orilla izquierda del Po, apoderándose del puente, a pesar de la valerosa defensa de los nuestros que se retiraron hacia el convento de los Capuchinos del Monte. Pero ni siquiera allí se encontraron al seguro. En la mañana del 12 de mayo, los franceses asaltaron con potencia y energía por dos veces a las trincheras, y aunque por dos veces fueron rechazados, a la tercera obligaron a los nuestros a deponer las armas y a refugiarse con el pueblo esperando la salvación en un lugar santo, en la iglesia. Los invasores entraron en la iglesia, asesinaron a hombres y mujeres, jóvenes y viejos, civiles y soldados, e inclusive a aquellos que se habían refugiado en los altares sagrados o entre los brazos de los frailes capuchinos, mientras pedían clemencia y la vida misma. Ningún religioso fue herido, pero se encontraron todos con el corazón despedazado ante la vista de tan execrable desastre. Luego de haber esparcido sangre, robaron los objetos sagrados y saquearon el convento, porque siendo asilo seguro, tantos refugiados habían llevado sus pertenencias. Luego, en la misma iglesia (terrible decirlo) se abandonaron a actos brutales de libídine. Pero no bastaba. Un soldado francés, hereje, subió al altar y luego de haber destruido la cerradura del tabernáculo estaba por extraer la Píside con las sacrosantas Partículas para burlarse, ¡pero sucedió un Milagro! Una línea de fuego salió del tabernáculo directamente hacia el pecho del sacrílego francés, quemándole los vestidos y el rostro. El soldado, atemorizado, se arrojó al suelo gritando y pidiendo perdón a Dios. Inmediatamente la iglesia se llenó de un denso humo que causó un común estupor y terror. En ese momento cesó el vandalismo”.

La pequeña puerta del tabernáculo, decorada con ágata y lapislázuli, presenta hasta hoy las huellas del forcejeo hechas por soldado

Detalle del tabernáculo del milagro

 

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