Milagro eucarístico de Ponferrada, España

Año 1533

 

El Milagro Eucarístico de Ponferrada sucedió luego que Juan de Benavente robó un tabernáculo de su propia parroquia que contenía una hermosa píside de plata con varias Hostias consagradas.

Sólo después de mucho tiempo y en circunstancias milagrosas fue posible recuperar las Hostias robadas que se habían mantenido perfectamente intactas.

Juan de Benavente vivía en Ponferrada con su esposa. Aparentemente era muy devoto y religioso, ya que todas las tardes se dirigía a la iglesia para rezar. Un día, mientras estaba en oración, sintió una gran avidez por poseer la preciosa píside de plata que estaba dentro de un simple tabernáculo de madera. Así pues, se adueñó del tabernáculo y se dirigió hacia el río Sil, con la idea de arrojar la caja de madera que no tenía ningún valor comercial y quedarse con su contenido. Sin embargo, se hizo tan pesada que no pudo arrojarla al agua. Regresó a su casa y, sin decir nada a la esposa, la escondió; pero ella comenzó a tener sospechas porque durante la noche llegó a ver unos rayos de luz que provenían de la caja. Entonces, Juan decidió deshacerse de una vez por todas del robo sacrílego. Se dirigió a un campo llamado el Arenal y arrojó en unas ruinas el tabernáculo, junto con las Partículas.

El robo causó gran desaliento en toda la población. Mientras tanto, Juan demostraba gran nerviosismo porque, además del temor, no sabía cómo arreglárselas para revender la píside de plata sin ser descubierto.

Cerca al campo del Arenal, el propietario del terreno, Diego Núñez de Losada, había preparado el juego del tiro al blanco que servía como diversión, en los días de fiesta, para todos los habitantes. Algunos testimonios oculares afirmaron haber visto que, mientras las santas Partículas estuvieron arrojadas en las ruinas, de noche se habían visto esplendores de luz y en el día algunas palomas que se posaban en el mismo lugar. Muchos trataron de matar a las palomas pero nadie lo había logrado. Un granjero, llamado Nogaledo, intentó acercarse a las palomas para capturarlas. Entrando por las ruinas descubrió el tabernáculo y las santas Hostias de las cuales provenía una luz intensísima. Muy impresionado, corrió hacia la iglesia para tocar las campanas que resonaron por todo el pueblo y, en pocos minutos, se había ya organizado el retorno de las Sagradas Especies con una procesión solemne.

Juan no soportó los remordimientos y confesó su culpa. Poco después, fue construida una capilla en lugar del hallazgo de las Hostias. En 1570 el párroco proyectó una ampliación e instituyó una procesión solemne que sería organizada todos los años al octavo día de la fiesta del Corpus Domini, en honor al Milagro.

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