Milagro eucarístico en Orvieto

 

Orvieto (Italia) - 1264

Orvieto es una ciudad de la Umbría, región italiana que ha dado a la Iglesia innumerables santos. Basta mencionar a San Francisco, Sta. Clara de Asís, Sta. Clara de Montefalco, San Valentín, San Benito, Sta. Rita, etc. La ciudad, anidada en la cima de una montaña,  hace pensar en lo trabajoso que habrá sido para sus ciudadanos comunicarse con el mundo antes de este siglo. En la actualidad, cuando Orvieto parece estar alejada y olvidada, los hijos de Orvieto del siglo XX, en su mayoría, prefirieron las ciudades grandes de las planicies a vivir por las nubes. Sus grandes edificios, especialmente su catedral, parecen un recuerdo de otros tiempos muy distantes donde allí se vivió intensamente la fe, el arte y el deseo de hacer algo grande por Dios

Orvieto no se puede olvidar porque allí se encuentra un prodigio divino. Su catedral es custodia de un milagro eucarístico que se puede venerar en la capilla izquierda. Se trata de un corporal que muestra la Sangre que brotó de una Sagrada Hostia.

El milagro:

El Padre de Praga era un hombre de grandes virtudes, pero a causa de las corrientes ideológicas que se desataron entonces, estaba teniendo dudas sobre la presencia física de Jesús en la Eucaristía. En 1264 acudió en peregrinación a Roma para pedir sobre la tumba de San Pedro la gracia de una fe fuerte. En su camino hacia Roma, paró una noche en la pequeña ciudad de Bolsena, como a 70 millas al norte de Roma. Se quedó en la Iglesia de Santa Cristina. El Padre Pedro pidió celebrar Misa en ese altar, estaba buscando toda la ayuda que pudiera encontrar y solamente conocía una manera: pedir. Él tenía fe, pero no lo sabía. No pedía ayuda fuera de la Iglesia, no pedía ayuda a los hombres. Él sabía que la única forma en que él podía recobrar su fe y hacerse santo era a través de Nuestro Señor Jesús. Por lo tanto, la siguiente mañana hizo la única cosa que sabía hacer. Fue al altar de Santa Cristina a celebrar la Santa Misa. Como era su costumbre, oró antes de la Misa por la gracia que necesitaba: la fe. Oró con mucho fervor a Dios. Su oración fue la misma: suplicaba por la fe para creer sin ninguna duda que el regalo que se nos había dado en la Última Cena, que se le había dado a él el día de su ordenación, era realmente el cuerpo de Cristo.

Comenzó a celebrar la Misa, como de costumbre. En el momento de la Consagración, elevó la hostia muy alto sobre su cabeza y dijo las palabras que mandó Jesús. Cuando pronunció: "ESTO ES MI CUERPO", el pan sin levadura se convirtió en carne, y empezó a sangrar profusamente, la sangre cayó sobre el Corporal. El sacerdote, asustado, y no sabiendo exactamente qué hacer, envolvió la hostia en el Corporal, dobló el Corporal, y lo dejó en el altar. Cuando se iba, gotas de sangre cayeron en el piso de mármol enfrente del altar. El Padre Pedro, inmediatamente, fue a decir lo que había sucedido al Papa Urbano IV, que en ese tiempo estaba en Orvieto, a poca distancia de Bolsena. 

El Papa mandó a un Obispo al lugar para que hablara con el sacerdote de la Iglesia y poder verificar lo que el Padre Pedro le había dicho y para traer a Orvieto la Hostia Sagrada y el Corporal. Cuando el Papa Urbano IV vio aquel milagro, llamado "El Milagro Eucarístico", se arrodilló al ver al Señor convertido ante él, en forma física, en el corporal sagrado. Recibió el Corporal Milagroso del Obispo, fue al balcón del Palacio Papal, lo elevó reverentemente y se lo mostró a las personas de la ciudad; proclamando que el Señor realmente había visitado su pueblo, declaró que el Milagro Eucarístico de Bolsena realmente había disipado las herejías que habían estado extendiendo sin ton ni son por Europa.

El año 1290 el Papa Nicolás IV, a petición del clero y del pueblo, colocó la primera piedra de la nueva catedral de Orvieto, donde aún se encuentra la sagrada reliquia.

Fiesta de Corpus Christi:

Durante el año siguiente, el Papa Urbano IV se ocupó casi exclusivamente en la labor de escribir la Bula Papal, Transiturus, la cual fue publicada el 11 de Agosto de 1264. Con esa Bula Papal instituyó la Fiesta de Corpus Christi, en honor del Santísimo Sacramento, la Eucaristía. El mismo Papa Urbano IV encargó a Sto. Tomás de Aquino la preparación de un oficio litúrgico propio para esta fiesta y la creación de cantos e himnos para celebrar a Cristo Eucaristía. Entre los que compuso está la sublime secuencia “Lauda Sión” que se canta en la Misa de Corpus Christi.

 

 

 

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