Parábola de los talentos confiados

(Mt 21,33-43.45-46; 25,14-30; Mc 12,1-12; Lc 19,11-28; 20,9-19; Jn 13,34; 15,9-17)

 

  Del libro "VERBO y verso"

Por

Emma-Margarita R. A.-Valdés

 

 

     
   

 

LOS TALENTOS

Yo sé que he recibido lo que soy

y sé también que vivo día a día.

Hay algo en mi interior que me reclama

el precio de mi ser y de mi vida.

Parábolas de reyes y de haciendas

susurran el misterio.

No ocultaré en silencios la llamada

y pagaré mi precio.

Yo sé que hay una voz en mis latidos

y puedo interpretarla.

Hay algo inmaterial que me habla y dicta

el texto de mis páginas.

Es sólo amor lo que la voz requiere,

el amor a la tierra, al hombre, al cielo,

el amor que acrecienta y que libera,

el amor que es la vida estando muerto.

 

 

SOY TU HUMILDE VASALLO

 

 

No he seguido, a su tiempo,

las huellas de tus pasos en mi mente;

no he alumbrado mi senda con tu luz;

no me he purificado

con el agua de Vida;

no he degustado el vino

de la alegría eterna de tu vid,

ni el pan de tu trigal.

No incrementé los dones,

dilapidé tu hacienda

en el secano estéril de mi espíritu.

 

Ahora busco tu rostro,

un minúsculo trazo de tu imagen.

Ansío ver tu brillo

en la sombra de mi orfandad oscura.

En las ondas melódicas

escucho los reflejos de tu voz

y en las playas silentes,

las olas de tu océano infinito.

En tabernas siniestras

me guarezco a la espera de tu néctar.

 

Me das el reino

y en mi alma vibra el eco de tus pasos

cruzando la espesura de mi mente.

Me das la luz

desde espejos lejanos en el tiempo

que repiten tu imagen.

Me das el agua,

un mar de ríos vagabundos, tristes,

que en tu océano encuentran su razón.

Me das el vino,

me embriaga los sentidos con su aroma,

su olor a expiación.

 

Triplicaré tus dádivas

por las calles angostas del mutismo

llevando tu Palabra.

 

¡Reina sobre mi aliento!,

eres el Rey del cielo y de la tierra.

Soy tu humilde vasallo.

 

 

 

CONFÍO EN TU BONDAD

 

 

No quise acrecentar

los talentos que por amor me diste.

Me apropié de tu hacienda

y no te ofrecí el fruto que pediste.

 

Soy infiel servidor,

no merezco perdón por mi pecado,

acepto tu justicia,

la pena que en verdad he cosechado.

 

Deseo que tú reines

sobre mi pobre vida terrenal,

regresa a mi morada,

rocíame con agua bautismal.

 

Haré que fructifique

tu divina palabra en este mundo,

seré tu siervo fiel

me entregaré con un amor profundo.

 

Escucha mi plegaria

sale de un corazón arrepentido,

confío en tu bondad

pues por mi salvación has padecido.

 

Emma-Margarita R. A.-Valdés

email del autor: universo@universoliterario.net

 

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