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CALENDARIO
LITÚRGICO
TIEMPOS
LITÚRGICOS
Abril año
2010
Durante el año 2010 se celebra un nuevo
"año santo compostelano"
Este acontecimiento religioso tiene lugar
cada vez que el 25 de julio, fiesta de Santiago Apóstol, cae en domingo.
El "Camino de Santiago" (peregrinación al
sepulcro jacobeo, en Santiago de Compostela, Galicia, España) es una
experiencia de apertura a la trascendencia al tiempo que la persona se
descubre a si misma.

Textos
de los Evangelios de la liturgia y poesías relacionadas con ellos
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Abril:
(Día
1, abril, jueves, Jn 13,1-15. Jueves Santo. Día del Amor Fraterno)
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Juan 13,1-15 - "Los
amó hasta el extremo" - Antes de la fiesta de la Pascua,
sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo
al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo,
los amó hasta el extremo. Estaban cenando, ya el diablo le había
metido en la cabeza a Judas Iscariote, el de Simón, que lo
entregara, y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en
sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la
cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego
echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los
discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido.
Llegó a Simón Pedro, y éste le dijo: "Señor, ¿lavarme los pies
tú a mí?". Jesús le replicó: "Lo que yo hago tú no lo entiendes
ahora, pero lo comprenderás más tarde". Pedro le dijo: "No me
lavarás los pies jamás". Jesús le contestó: "Si no te lavo, no
tienes nada que ver conmigo". Simón Pedro le dijo: "Señor, no
sólo los pies, sino también las manos y la cabeza". Jesús le
dijo: "Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los
pies, porque todo él está limpio. También vosotros estáis
limpios, aunque no todos". Porque sabía quién lo iba a entregar,
por eso dijo: "No todos estáis limpios". Cuando acabó de
lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les
dijo: "¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me
llamáis "el Maestro" y "el Señor", y decís bien, porque lo soy.
Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies,
también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros; os he
dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros
también lo hagáis".
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Especial Semana Santa
María,
te anuncia su última cena
María,
te anuncia su última cena, en mp3, recitada por la autora
Evangelio de San Juan -
Cap. XIII y poesías sobre su texto
Soy albornía para tu zumo
Alcadafe
Un
adarme de tu pan
Un
adarme de tu pan,
en mp3, recitada por la autora
Poesías eucarísticas

(Día
2, abril, viernes,
Jn 18, 1-19,42.
Viernes Santo. Oración y Colecta en favor de los Santos Lugares)
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Juan 18,
1-19,42 - "† Pasión de nuestro Señor Jesucristo" :
C. En aquel
tiempo, Jesús y sus discípulos atravesaron el torrente Cedrón y
entraron en un huerto que había cerca. Este lugar era conocido por
Judas, el traidor, porque Jesús se reunía frecuentemente allí con
sus discípulos. Así que Judas, llevando consigo un destacamento de
soldados romanos y los guardias puestos a su disposición por los
sumos sacerdotes y los fariseos, se dirigió a aquel lugar. Iban
armados y equipados con faroles y antorchas.
Jesús, que sabía todo lo que iba a ocurrir, salió a su encuentro y
les preguntó:
†. «¿A quién buscan?»
C. Ellos contestaron:
S. «A Jesús de Nazaret».
C. Les dijo Jesús:
†. «Yo soy».
C. Judas, el traidor, estaba allí con ellos. En cuanto les
dijo:“Yo soy”, retrocedieron y cayeron a tierra. Jesús les
preguntó de nuevo:
†. «¿A quién buscan?»
C. Volvieron a contestarle:
S. «A Jesús de Nazaret».
C. Jesús les dijo:
†. «Ya les he dicho que soy yo. Por tanto, si me buscan a mí,
dejen que éstos se vayan».
C. Así se cumplió lo que él mismo había dicho: “No he perdido a
ninguno de los que me diste”.
Entonces Simón Pedro, que tenía una espada, la desenvainó e hirió
con ella a un criado del sumo sacerdote, cortándole la oreja
derecha. Este criado se llamaba Malco. Pero Jesús dijo a Pedro:
†. «Guarda tu espada. ¿Es que no debo beber este cáliz de amargura
que el Padre me ha preparado?»
C. Los soldados romanos, con su comandante al frente, y la guardia
judía, arrestaron a Jesús y le ataron las manos. Acto seguido, lo
condujeron a casa de Anás, el cual era suegro de Caifás, que era
sumo sacerdote aquel año. Caifás era el que había aconsejado a los
judíos: “Conviene que muera un solo hombre por el pueblo”.
Simón Pedro y otro discípulo seguían a Jesús. Este discípulo, que
era conocido del sumo sacerdote, entró al mismo tiempo que Jesús
en el patio interior de la casa del sumo sacerdote. Pedro, en
cambio, tuvo que quedarse fuera junto a la puerta, hasta que el
otro discípulo, el conocido del sumo sacerdote, habló a la portera
y consiguió que lo dejara entrar. Pero la portera preguntó a
Pedro:
S.«¿No eres tú también uno de los discípulos de ese hombre?»
C. Pedro le contestó:
S. «No, no lo soy».
C. Como hacía frío, los criados y la guardia habían preparado una
fogata y estaban en torno a ella calentándose. Pedro estaba
también con ellos calentándose.
El sumo sacerdote interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y de
su enseñanza. Jesús declaró:
†. «Yo he hablado siempre en público. He enseñado en las sinagogas
y en el templo, donde se reúnen todos los judíos. No he enseñado
nada clandestinamente. ¿Por qué me preguntas a mí? Pregunta a los
que me han oído, y ellos podrán informarte».
C. Al oír esta respuesta, uno de los guardias, que estaba junto a
él, le dio una bofetada, diciéndole:
S. «¿Cómo te atreves a contestar así al sumo sacerdote?»
C. Jesús le dijo:
†. «Si he hablado mal, demuéstrame en qué; pero si he hablado
bien, ¿por qué me pegas?»
C. Entonces Anás lo envió, con las manos atadas, a Caifás, el sumo
sacerdote.
Mientras Simón Pedro estaba junto a la fogata, calentándose, uno
le preguntó:
S. «¿No eres tú también uno de los discípulos de ese hombre?»
C. Pedro lo negó diciendo:
S. «No, no lo soy».
C. Uno de los criados del sumo sacerdote, pariente de aquél a
quien Pedro había cortado la oreja, le insistió:
S. «¿Cómo que no? Yo mismo te vi en el huerto con él».
C. Pedro volvió a negarlo. Y en aquel momento cantó el gallo.
Después condujeron a Jesús desde la casa de Caifás hasta el
palacio del gobernador. Era de madrugada. Los judíos no entraron
en el palacio para no contraer impureza legal, y poder celebrar
así la cena de pascua. Pilato, por su parte, salió adonde estaban
ellos y les preguntó:
S. «¿De qué acusan a este hombre?»
C. Ellos le contestaron:
S. «Si no fuera un criminal, no te lo habríamos entregado».
C. Pilato les dijo:
S. «Llévenselo y júzguenlo según su ley».
C. Los judíos dijeron:
S. «Nosotros no estamos autorizados para condenar a muerte a
nadie».
C. Así se cumplió la palabra de Jesús, que había anunciado de qué
forma iba a morir. Pilato volvió a entrar en su palacio, llamó a
Jesús y le interrogó:
S. «¿Eres tú el rey de los judíos?»
C. Jesús le contestó:
†. «¿Dices eso por ti mismo o te lo han dicho otros de mí?»
C. Pilato respondió:
S. «¿Acaso soy yo judío? Son los de tu propia nación y lo sumos
sacerdotes los que te han
entregado a mí. ¿Qué has hecho?»
C. Jesús le explicó:
†. «Mi reino no es de este mundo. Si lo fuera, mis seguidores
hubieran luchado para impedir que yo fuera entregado a los judíos.
Pero no, mi reino no es de este mundo».
C. Pilato insistió:
S. «Entonces, ¿eres rey?»
C. Jesús le respondió:
†. «Soy rey, como tú dices. Y mi misión consiste en dar testimonio
de la verdad. Precisamente para eso he nacido y para eso he venido
al mundo. Todo el que pertenece a la verdad escucha mi voz».
C. Pilato le preguntó:
S. «¿Y qué es la verdad?»
C. Después de decir esto, Pilato salió de nuevo y dijo a los
judíos:
S. «Yo no encuentro delito alguno en este hombre. Pero como
ustedes tienen derecho a que les ponga en libertad un prisionero
durante la fiesta de la pascua, ¿quieren que deje en libertad al
rey de los judíos?»
C. Pero ellos seguían gritando:
S. «¡No, a ése no! ¡Deja en libertad a Barrabás!» (El tal Barrabás
era un bandido).
C. Entonces Pilato ordenó que lo azotaran. Los soldados prepararon
una corona de espinas y se la pusieron en la cabeza. También le
colocaron sobre los hombros un manto rojo. Y se acercaban a él,
diciendo:
S. «¡Salve, rey de los judíos!»
C. Y le daban bofetadas. Pilato salió, una vez más, y les dijo:
S. «Miren, lo traigo de nuevo para que quede bien claro que yo no
encuentro delito alguno en este hombre».
C. Salió, pues, Jesús afuera. Llevaba sobre su cabeza la corona de
espinas y sobre sus hombros el manto rojo. Pilato lo presentó con
estas palabras:
S. «¡Este es el hombre!»
C. Los sumos sacerdotes y los guardias, al verlo, comenzaron a
gritar:
S. «¡Crucifícalo, crucifícalo!»
C. Pilato les dijo:
S. «Llévenselo ustedes y crucifíquenlo; porque yo no encuentro
delito alguno en él».
C. Los judíos insistieron:
S. «Nosotros tenemos una ley y, según ella, debe morir, porque se
ha presentado a sí mismo como Hijo de Dios».
C. Al oír esto, Pilato sintió aún más miedo. Entró de nuevo en el
palacio y preguntó a Jesús:
S. «¿De dónde eres tú?»
C. Pero Jesús no le contestó. Pilato le dijo:
S. «¿Te niegas a contestarme? ¿Es que no sabes que yo tengo
autoridad, tanto para dejarte en libertad como para ordenar que te
crucifiquen?»
C. Jesús le respondió:
†. «No tendrías autoridad alguna sobre mí, si no te la hubieran
dado de lo alto; por eso, el que me entregó a ti tiene más culpa
que tú».
C. Desde ese momento Pilato intentaba ponerlo en libertad. Pero
los judíos le gritaban:
S. «Si pones en libertad a ese hombre, no eres amigo del emperador
romano. Porque cualquiera que tenga la pretensión de ser rey, es
enemigo del emperador».
C. Pilato, al oír esto, mandó que sacaran fuera a Jesús y lo sentó
en el tribunal, en el lugar conocido con el nombre de «Enlosado»
(que en la lengua de los judíos, se llama “Gábbata”). Era la
víspera de la fiesta de la pascua, hacia el mediodía. Pilato dijo
a los judíos:
S. «¡Aquí tienen a su rey!»
C. Ellos comenzaron a gritar:
S. «¡Mátalo! ¡Crucifícalo!»
C. Pilato insistió:
S. «¿Cómo voy a crucificar a su rey?»
C. Pero los sumos sacerdotes contestaron:
S. «Nuestro único rey es el emperador romano».
C. Entonces Pilato les entregó a Jesús para que lo crucificaran.
Se hicieron, pues, cargo de Jesús quien, llevando a hombros su
propia cruz, salió de la ciudad hacia un lugar llamado “La
Calavera” (que en la lengua de los judíos se dice “Gólgota”). Allí
lo crucificaron junto con otros dos, uno a cada lado de Jesús.
Pilato mandó escribir y poner sobre la cruz un letrero con esta
inscripción: “Jesús de Nazaret, el rey de los judíos”. Leyeron el
letrero muchos judíos, porque el lugar donde Jesús había sido
crucificado estaba cerca de la ciudad, y estaba escrito en hebreo,
en latín y en griego. Los sumos sacerdotes se presentaron a Pilato
y le dijeron:
S. «No escribas: “El rey de los judíos”, sino más bien: “Este
hombre ha dicho: Yo soy el rey de los judíos”».
C. Pilato les contestó:
S. «Lo que he escrito, escrito queda».
C. Los soldados, después de crucificar a Jesús, se apropiaron de
sus vestidos e hicieron con ellos cuatro partes, una para cada
uno. Dejaron aparte la túnica. Como era una túnica sin costuras,
tejida de una sola pieza de arriba abajo, los soldados llegaron a
este acuerdo:
S. «Es mejor que no la dividamos, vamos a sortearla para ver a
quién le toca».
C. Así se cumplió este texto de la Escritura:
Dividieron entre ellos mis vestidos y mi túnica la echaron a
suertes.
Eso fue lo que hicieron los soldados.
Junto a la cruz de Jesús
estaban su madre, la hermana de su madre, María la mujer de
Cleofás, y María Magdalena. Jesús, al ver a su madre y junto a
ella al discípulo a quien tanto amaba, dijo a su madre:
†. «Mujer, ahí tienes a tu hijo».
C. Después dijo al discípulo:
†. «Ahí tienes a tu madre».
C. Y desde aquel momento, el discípulo la recibió como suya.
Después Jesús, sabiendo que todo se había cumplido, para que
también se cumpliera la Escritura, exclamó:
†. «Tengo sed».
C. Había allí una jarra con vinagre. Los soldados colocaron en la
punta de una caña una esponja empapada en el vinagre y se la
acercaron a la boca. Jesús probó al vinagre y dijo:
†. «Todo está cumplido».
C. E inclinando la cabeza, entregó el espíritu.
C. Como era el día de la preparación de la fiesta de pascua, los
judíos no querían que los cuerpos quedaran en la cruz aquel
sábado, ya que aquel día se celebraba una fiesta muy solemne. Por
eso pidieron a Pilato que ordenara romper las piernas a los
crucificados y que los bajaran de la cruz.
Fueron, pues, los soldados y rompieron las piernas a los dos que
habían sido crucificados con Jesús. Cuando se acercaron a Jesús,
se dieron cuenta de que ya había muerto; por eso no le rompieron
las piernas. Pero uno de los soldados le atravesó el costado con
una lanza, y en seguida brotó del costado sangre y agua.
El que vio estas cosas da testimonio de ellas, y su testimonio es
verdadero. El sabe que dice la verdad, para que también ustedes
crean. Esto sucedió para que se cumpliera la Escritura, que dice:
No le quebrarán ningún hueso. La Escritura dice también en otro
pasaje: Mirarán al que traspasaron.
Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús,
aunque lo mantenía en secreto por miedo a los judíos, pidió
autorización a Pilato para retirar el cuerpo de Jesús. Pilato se
lo concedió.
Entonces él fue y tomó el cuerpo de Jesús. Llegó también Nicodemo,
el que en una ocasión había ido a hablar con Jesús durante la
noche, con unos treinta kilos de una mezcla de mirra y perfume.
Entre los dos se llevaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron con
vendas de lino bien empapadas en la mezcla de mirra y perfume,
según la costumbre judía de sepultar a los muertos.
Cerca del lugar donde fue crucificado Jesús había un huerto y, en
el huerto, un sepulcro nuevo en el que nadie había sido enterrado.
Allí, pues, depositaron a Jesús, dado que el sepulcro estaba cerca
y era la víspera de la fiesta de pascua.
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Evangelio de San Juan -
Cap. XVIII y poesías sobre su texto
Especial Semana Santa
Jesús ante el Sanedrín
Jesús ante el Sanedrín, en mp3,
recitada por la autora
El reloj de la Vida inicia su andadura
Treinta monedas
Treinta monedas,
en mp3, recitada por la autora
¿Por qué?
Porque Él da la paz le hacen la guerra
Descubres, María, la sombra del Verbo
Vuelas por las calles del infierno
La flagelación del
Señor
La flagelación
del Señor, en mp3, recitada por la autora
María, sigues la huella roja de su pie
La coronación de
espinas
La coronación de
espinas, en mp3, recitada por la autora
Jesús con la cruz a
cuestas
Jesús con la
cruz a cuestas, en mp3, recitada por la autora
Llevas, María, el peso de sus treinta y tres años
Eres corredentora
La crucifixión y muerte del Señor
La crucifixión y
muerte del Señor, en mp3, recitada por la autora
De pie estaba
De pie estaba,
en mp3, recitada por la autora
María, das a tu hijo el último abrazo
Hágase tu voluntad
¡Hágase
tu voluntad!,
en mp3, recitada por la autora
Virgen
de los Dolores
La Pasión del Señor
Más allá del dolor
Más allá del dolor, en mp3, recitada por la autora
Soy albornía para tu zumo
Alcadafe
Poesías eucarísticas
La muerte
La muerte, en
mp3, recitada por la autora

(Día
3, abril, sábado,
Lc 24,1-12. Sábado Santo de la Sepultura el Señor)
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Lucas 24, 1-12 - "¿Por qué buscáis entre los muertos al
que vive?" - El primer día de la semana, de madrugada, las
mujeres fueron al sepulcro llevando las aromas que habían
preparado. Encontraron corrida la piedra del sepulcro. Y,
entrando, no encontraron el cuerpo del Señor Jesús. Mientras
estaban desconcertadas por esto, se les presentaron dos hombres
con vestidos refulgentes. Ellas, despavoridas, miraban al suelo,
y ellos les dijeron: "¿Por qué buscáis entre los muertos al que
vive? No esta aquí. Ha resucitado. Acordaos de lo que os dijo
estando todavía en Galilea: El Hijo del hombre tiene que ser
entregado en manos de pecadores, ser crucificado y al tercer día
resucitar". Recordaron sus palabras, volvieron del
sepulcro y anunciaron todo esto a los once y a los demás. María
Magdalena, Juana y María, la de Santiago, y sus compañeras
contaban esto a los apóstoles. Ellos lo tomaron por un delirio y
no las creyeron. Pedro se levantó y fue corriendo al sepulcro.
Asomándose, vio sólo las vendas por el suelo. Y se volvió
admirándose de lo sucedido, |
Especial
Pascua de Resurrección
Los dígitos del barro
Hombre y Dios
Hombre y
Dios, en mp3, recitada por la autora
Tengo miedo
Tengo miedo, en mp3, recitada por la
autora
Te cantan hoy mis cítaras templadas
Te cantan hoy mis cítaras templadas, en
mp3, recitada por la autora
Especial Pascua de Resurrección
Tu sonido
Tu voz
Tu voz,
en mp3, recitada por la autora

(Día
4, abril, domingo,
Jn 20,1-9. Pascua de Resurrección del Señor)
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Juan 20, 1-9 - "Él había de resucitar de entre los muertos"
- El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro
al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del
sepulcro. Echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro
discípulo, a quien tanto quería Jesús, y les dijo: "Se han
llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto". Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los
dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro;
se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las
vendas en el suelo; pero no entró. Llegó también Simón Pedro
detrás de él y entró en el sepulcro: vio las vendas en el suelo y
el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo
con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había
llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él
había de resucitar de entre los muertos.
|
Evangelio de San Juan -
Cap. XX y poesías sobre su texto
Especial
Pascua de Resurrección
La Resurrección del Señor
La Resurrección
del Señor, en mp3, recitada por la autora
Ha llegado la hora
Ha llegado la hora,
en mp3, recitada por la autora
Tu Sábana Santa
María, en tu zarzal hoy brotan aleluyas
Tu corazón, Madre, se llena de alegría
Por
ti, María, llegó el feliz momento
Eres,
María, el cauce de la salvación
A
Cristo
A
Cristo,
en mp3, recitada por la autora
Alianza
del silencio
Hombre
y Dios
Hombre y
Dios, en mp3, recitada por la autora

(Día
5, abril, lunes, Mt 28,8-15)
|
Mateo 28, 8-15
-
"Id a decir a mis hermanos que se dirijan a Galilea; allí
me verán" -
Después de
escuchar las palabras del ángel, las mujeres se alejaron a toda
prisa del sepulcro y, llenas de temor, pero con mucha alegría,
corrieron a llevar la noticia a los discípulos. Jesús salió a
su encuentro y las saludó.
Ellas se acercaron, se echaron a sus pies y lo adoraron.
Entonces les dijo Jesús: No temáis, decid a mis hermanos que
vayan a Galilea; allí me verán.
Mientras las mujeres iban de camino, algunos de la guardia
fueron a la ciudad y comunicaron a los sumos sacerdotes todo lo
ocurrido. Estos se reunieron con los ancianos y acordaron en
Consejo dar una fuerte suma de dinero a los soldados, advirtiéndoles:
Digan que sus discípulos fueron de noche y robaron su cuerpo
mientras ustedes dormían. Y si el asunto llega a oídos del
gobernador, nosotros lo convenceremos y responderemos por
ustedes.
Los soldados tomaron el dinero e hicieron lo que les habían
dicho. Y ésta es la versión que ha corrido entre los judíos
hasta hoy. |

(Día
6, abril, martes, Jn 20,11-18)
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Juan
20,11-18 -"He visto al Señor" - En aquel tiempo,
fuera, junto al sepulcro, estaba María, llorando. Mientras
lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de
blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había
estado el cuerpo de Jesús. Ellos le preguntan: "Mujer, ¿por qué
lloras?" Ella les contesta: "Porque se han llevado a mi Señor y no
sé dónde lo han puesto." Dicho esto, da media vuelta y ve a Jesús,
de pie, pero no sabia que era Jesús. Jesús le dice: "Mujer, ¿por
qué lloras?, ¿a quién buscas?" Ella, tomándolo por el hortelano,
le contesta: "Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has
puesto y yo lo recogeré." Jesús le dice: "¡María!" Ella se vuelve
y le dice: "¡Rabboni!", que significa: "¡Maestro!" Jesús le dice:
"Suéltame, que todavía no he subido al Padre. Anda, ve a mis
hermanos y diles: "Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío
y Dios vuestro."" María Magdalena fue y anunció a los discípulos:
"He visto al Señor y ha dicho esto". |
Evangelio de San Juan -
Cap. XX y poesías sobre su texto
Mañana
de Pascua
Mañana
de Pascua, en mp3, recitada por la autora
Hombre
y Dios
Hombre y
Dios, en mp3, recitada por la autora

(Día
7, abril, miércoles,
Lc 24,13-35
)
Lucas 24, 13-35
-
"Lo reconocieron al partir el pan" - El mismo día de
la resurrección, dos de los discípulos se dirigían a un
pueblo llamado Emaús, que dista de Jerusalén unos once kilómetros.
Iban hablando de todos estos sucesos. Mientras hablaban y se hacían
preguntas, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con
ellos. Pero sus ojos estaban tan cegados, que no eran capaces de
reconocerlo. El les dijo: ¿Qué es lo que vienen conversando por el
camino?.
Ellos se detuvieron entristecidos, y uno de ellos, llamado Cleofás,
le respondió: ¿Eres tú el único en Jerusalén que no sabe lo que ha
pasado allí estos días?.
El les preguntó: ¿Qué ha pasado?.
Ellos respondieron: Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras
y palabras ante Dios y ante todo el pueblo. ¿No sabes que los
sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para que lo
condenaran a muerte y lo crucificaran? Nosotros esperábamos que
él fuera el libertador de Israel. Y, sin embargo, ya hace tres
días que ocurrió esto. Es cierto que algunas de nuestras
mujeres nos han sorprendido, porque fueron temprano al sepulcro
y no encontraron su cuerpo. Hablaban incluso de que se les habían
aparecido unos ángeles que decían que está vivo. Algunos de
los nuestros fueron al sepulcro y hallaron todo como las mujeres
decían; pero a él no lo vieron.
Entonces Jesús les dijo: ¡Qué torpes son para comprender, y qué duros son para creer
lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías
sufriera todo esto para entrar en su gloria?.
Y comenzando por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les
explicó lo que decían de él las Escrituras. Al llegar al
pueblo adonde iban, Jesús hizo ademán de seguir adelante; pero
ellos le insistieron diciendo: Quédate con nosotros, porque es tarde y está
anocheciendo.
Y entró para quedarse con ellos. Cuando estaba sentado a la
mesa con ellos, tomó el pan, lo bendijo, lo partió y lo dio a
ellos. Entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron, pero
Jesús desapareció de su lado. Y se dijeron uno a otro: ¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba en el camino
y nos explicaba las Escrituras?.
En aquel mismo instante se pusieron en camino y regresaron a
Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once y a todos los
demás, que decían: Es verdad, el Señor ha resucitado y se ha aparecido a
Simón.
Ellos, por su parte, contaban lo que les había ocurrido cuando
iban de camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan |
Cuarenta
días de sublime presencia
Cuarenta
días de sublime presencia, en mp3, recitada por la autora
Caminando
a Emaús, yo te añoraba
Caminando
a Emaús, yo te añoraba,
en mp3, recitada por la autora
Alquimia
del amor
Los
dígitos del barro
Existir
Poesías
eucarísticas
Gotas
de fe
Especial
Pascua de Resurrección

(Día
8, abril, jueves,
Lc
24, 35-48)
|
Lucas 24, 35-48
-
"Está escrito que Cristo tenía que padecer y tenía que
resucitar de entre los muertos al tercer día" - En aquel tiempo
los discípulos contaban lo que les había ocurrido cuando iban
de camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.
Estaban comentando lo sucedido, cuando el mismo Jesús se
presentó en medio y les dijo: La paz esté con vosotros.
Espantados y llenos de miedo, creían ver un fantasma.
Pero él les dijo: ¿De qué os asustáis? ¿Por qué surgen dudas en
vuestro interior? Ved mis manos y mis pies; soy yo en persona. Tocadme y
convencéos
de que un fantasma no tiene carne ni huesos, como veis que yo
tengo.
Y dicho esto, les mostró las manos y los pies. Pero como se
resistían a creer por la alegría y el asombro, les dijo: ¿Tenéis algo de comer?.
Ellos le dieron un trozo de pescado asado. El lo tomó y lo comió
delante de ellos. Después les dijo: Cuando aún estaba entre
vosotros os dije que era necesario
que se cumpliera todo lo escrito sobre mí en la ley de Moisés,
en los profetas y en los salmos.
Entonces les abrió la inteligencia para que comprendieran las
Escrituras. Y añadió: Estaba escrito que el Mesías tenía que morir y resucitar de
entre los muertos al tercer día, y que en su nombre se anunciaría
a todas las naciones, comenzando desde Jerusalén, la conversión
y el perdón de los pecados. Vosotros sois testigos de estas
cosas. |
Cuarenta
días de sublime presencia
Cuarenta
días de sublime presencia, en mp3, recitada por la autora
Tu
amor
Tu
amor,
en mp3, recitada por la autora
Brisa,
música y flor
Acércate,
Señor
Acércate,
Señor, en mp3, recitada por la autora
Alianza
del silencio
Hágase
tu voluntad
¡Hágase
tu voluntad!,
en mp3, recitada por la autora
Dame
tu luz
Dame tu luz, Señor, en mp3, recitada por
la autora
Lúcido vacío
Espíritu inmortal
Espíritu inmortal,
en mp3, recitada por la autora
Discípulo
Discípulo,
en mp3,
recitada por
la autora
Pequeña
semilla
El viento del sur
El viento del sur,
en mp3, recitada por la autora
Biznagas
luminosas
Biznagas
luminosas,
en mp3, recitada por la autora
Especial
Pascua de Resurrección

(Día
9, abril,
viernes, Jn 21,1-14)
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Juan
21, 1-14 - "Se acercó Jesús, tomó el pan y se lo dio a sus
discípulos, y también el pescado" - En
aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a sus discípulos junto
al lago de Tiberíades. Estaban juntos Simón Pedro, Tomás el
Gemelo, Natanael el de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo y
otros dos discípulos. En esto dijo Simón Pedro: Voy a pescar.
Los otros dijeron: Vamos contigo.
Salieron y juntos subieron a la barca; pero aquella noche no
lograron pescar nada.
Al clarear el día, se presentó Jesús en la orilla del lago,
pero los discípulos no lo reconocieron. Jesús les dijo:
Muchachos, ¿han pescado algo?. Ellos contestaron: No. Él les
dijo: Echad la red al lado derecho de la barca y pescaréis.
Ellos la echaron, y la red se llenó de tal cantidad de peces que
no podían moverla. Entonces el discípulo a quien Jesús tanto
amaba le dijo a Pedro: ¡Es el Señor!.
Al oír Simón Pedro que era el Señor, se puso la túnica, pues
estaba sin ella, y se lanzó al agua. Los otros discípulos
llegaron hasta la orilla en la barca, arrastrando la red llena de
peces, pues no era mucha la distancia que los separaba de tierra;
tan sólo unos cien metros.
Al saltar a tierra, vieron unas brasas, con peces colocados sobre
ellas, y pan. Jesús les dijo: Traed algunos peces de los que acabáis de
sacar.
Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la playa la red llena de
grandes peces, ciento cincuenta y tres. Y, a
pesar de ser tantos, la red no se rompió. Jesús les dijo: Venid
a comer.
Y ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era,
porque sabían muy bien que era el Señor. Jesús se acercó,
tomó el pan en sus manos y lo repartió; y lo mismo hizo con los
peces.
Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a sus discípulos,
después de haber resucitado. |
Red de amor
Red de amor, en mp3, recitada por la
autora
Cuarenta días de sublime presencia
Cuarenta días de sublime presencia, en
mp3, recitada por la autora
Caminando a Emaús, yo te añoraba
Caminando a Emaús, yo te añoraba,
en mp3, recitada por la autora
Antiguos paisajes
Antiguos paisajes,
en mp3, recitada por la autora
Llegaste
Alquimia del amor
Algarabía
Poesías eucarísticas
Evangelio de San Juan,
Capítulo XXI y poesías sobre su texto

(Día
10, abril, sábado,
Mc 16, 9-15)
Marcos 16, 9-15
-
"Id por todo el mundo y predicad el Evangelio" - Habiendo resucitado al amanecer del primer día de la semana,
Jesús se apareció en primer lugar a María Magdalena, de la que
había expulsado siete demonios. Ella fue a comunicárselo a los
que lo habían acompañado, que estaban tristes y seguían
llorando. Ellos, a pesar de oír que estaba vivo y que ella lo había
visto, no la creyeron.
Después de esto se apareció, con aspecto diferente, a dos de
ellos que iban de camino a una aldea. También ellos fueron a dar
la noticia a los demás; pero tampoco les creyeron.
Por último, se apareció Jesús a los Once, cuando estaban a la
mesa, y les reprochó su incredulidad y su terquedad, por no haber
creído a quienes lo habían visto resucitado. Y les dijo: Id por todo el mundo y
anunciad a todos la buena noticia.
|
Hombre
y Dios
Hombre
y Dios,
en mp3, recitada por la autora
Penitencia de ceniza
Penitencia de ceniza, en mp3,
recitada por la autora
Los
dígitos del barro
Discípulo
Discípulo,
en mp3,
recitada por
la autora
Deseo
Deseo, en mp3,
recitada por la autora
Hoy
la Ley te hace hombre
La
muerte
La
muerte,
en mp3, recitada por la autora
Somos
libres
Somos libres,
en mp3, recitada por la autora

(Día
11, abril, domingo, Jn 20,19-31. Domingo de la Divina Misericordia)
|
Juan 20, 19-31
-
"Ocho días después se les apareció Jesús" - Al anochecer del día de la resurrección, estaban los discípulos
en una casa con las puertas cerradas, por miedo a los judíos. Y
en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: La paz esté con
vosotros.
Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Y los discípulos
se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: La paz esté con
vosotros. Como el Padre me ha enviado, así
también os envío yo.
Y dicho esto sopló sobre ellos y les dijo: Recibid el Espíritu Santo; a quienes les
perdonéis los pecados,
les quedarán perdonados; a quienes no se los perdonéis, les quedarán
sin perdonar.
Tomás, uno de los Doce, apodado el Gemelo, no estaba con ellos
cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: Hemos visto al
Señor.
Pero él les contestó: Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto mi
dedo en los agujeros de los clavos y no meto la mano en su
costado, no lo creo.
Ocho días después, estaban reunidos los discípulos a puerta
cerrada y Tomás con ellos. Jesús se puso de nuevo en medio y les
dijo: La paz esté con vosotros.
Luego dijo a Tomás: Aquí están mis manos, acerca tu dedo; trae tu mano y métela
en mi costado. ¡No seas incrédulo, sino creyente!.
Tomás respondió: ¡Señor mío y Dios mío!
Jesús añadió: Tú crees porque me has visto; dichosos los que creen sin haber
visto.
Otras muchas señales milagrosas hizo Jesús en presencia de sus
discípulos, pero no están escritas en este libro. Se escribieron
éstas para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y
para que, creyendo, tengáis vida en él. |
Al
fin la paz
Al
fin la paz,
en mp3, recitada por la autora
Dame
tu luz
Dame tu luz, Señor, en mp3, recitada por
la autora
Cuarenta
días de sublime presencia
Cuarenta días de sublime presencia, en
mp3, recitada por la autora
Tengo
fe
Tengo
fe, en mp3, recitada por la autora
Todo
me lleva a Ti
Todo me lleva a Ti. en mp3,recitada
por la autora
A Cristo
A
Cristo,
en mp3, recitada por la autora
Encuesta de opinión
Encuesta de opinión, en mp3, recitada
por la autora
Padre
Padre,
en mp3, recitada por la autora
Tu amor
Tu
amor,
en mp3, recitada por la autora
Evangelio de San Juan,
Capítulo XX y poesías sobre su texto

(Día
12, abril, lunes, Jn 3,1-8)
|
Juan 3,1-8
- "El que no nazca
de nuevo no puede ver el reino de Dios" - Había un fariseo
llamado Nicodemo, jefe judío. Éste fue a ver a Jesús de noche y
le dijo: "Rabí, sabemos que has venido de parte de Dios, como
maestro; porque nadie puede hacer los signos que tú haces si
Dios no está con él". Jesús le contestó: "Te lo aseguro, el que
no nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios". Nicodemo le
pregunta: "¿Cómo puede nacer un hombre, siendo viejo? ¿Acaso
puede por segunda vez entrar en el vientre de su madre y nacer?"
Jesús le contestó: "Te lo aseguro, el que no nazca de agua y de
Espíritu no puede entrar en el reino de Dios. Lo que nace de la
carne es carne, lo que nace del Espíritu es espíritu. No te
extrañes de que te haya dicho: "Tenéis que nacer de nuevo"; el
viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de
dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que ha nacido del
Espíritu". |
Evangelio de San Juan -
Cap. III, y poesías sobre su texto
En el templo de Jerusalem
No importa
No
importa, en mp3, recitada por la autora
Virgen María

(Día
13, abril,
martes,
Jn
3,5a.7b-15)
|
Juan
3,5a.7b-15 - "Nadie ha subido al cielo, sino el
que bajó del cielo, el Hijo del hombre" - En aquel tiempo, dijo
Jesús a Nicodemo: "Tenéis que nacer de nuevo; el viento sopla
donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni a
dónde va. Así es todo el que ha nacido del Espíritu". Nicodemo
le preguntó: "¿Cómo puede suceder eso?" Le contestó Jesús: "Y
tú, el maestro de Israel, ¿no lo entiendes? Te lo aseguro, de lo
que sabemos hablamos; de lo que hemos visto damos testimonio, y
no aceptáis nuestro testimonio. Si no creéis cuando os hablo de
la tierra, ¿cómo creeréis cuando os hable del cielo? Porque
nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo
del hombre. Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el
desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que
todo el que cree en él tenga vida eterna". |
En el templo de Jerusalem
Por el azul se llega a Galilea
Por el azul se llega a Galilea,
en mp3, recitada por la autora
Tu voz
Tu voz,
en mp3, recitada por la autora
Tu sonido
Te cantan hoy mis cítaras
templadas
Te
cantan hoy mis cítaras templadas,
en mp3, recitada por la autora
Tu amor
Tu
amor,
en mp3, recitada por la autora
Evangelio de San Juan -
Cap. III, y poesías sobre su texto

(Día 14, abril, miércoles,
Jn 3,16-21)
|
Juan 3,16-21 - "Dios mandó su Hijo
para que el mundo se salve por él" - Tanto amó Dios al mundo
que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los
que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no
mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el
mundo se salve por él. El que cree en él no será juzgado; el que
no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del
Hijo único de Dios. El juicio consiste en esto: que la luz vino
al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque
sus obras eran malas. Pues todo el que obra perversamente
detesta la luz y no se acerca a la luz, para no verse acusado
por sus obras. En cambio, el que realiza la verdad se acerca a
la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios.
|
Evangelio de San Juan -
Cap. III: Jn 3,1-36
Tengo
fe
Tengo
fe, en mp3, recitada por la autora

(Día
15 , abril, jueves,
Jn 3,31-36)
|
Juan 3,31-36 - "El Padre ama al Hijo
y todo lo ha puesto en su mano" - El que viene de lo alto
está por encima de todos. El que es de la tierra es de la tierra
y habla de la tierra. El que viene del cielo está por encima de
todos. De lo que ha visto y ha oído da testimonio, y nadie
acepta su testimonio. El que acepta su testimonio certifica la
veracidad de Dios. El que Dios envió habla las palabras de Dios,
porque no da el Espíritu con medida. El Padre ama al Hijo y todo
lo ha puesto en su mano. El que cree en el Hijo posee la vida
eterna; el que no crea al Hijo no verá la vida, sino que la ira
de Dios pesa sobre él. |
Evangelio de San Juan -
Cap. III: Jn 3,1-36
Tengo
fe
Tengo
fe, en mp3, recitada por la autora

(Día
16, abril, viernes, Jn
6, 1-15)
|
Juan 6, 1-15
-
"Jesús distribuyó el pan a los que estaban sentados, hasta
que se saciaron" - En aquel tiempo, Jesús pasó a la otra orilla del lago de
Tiberíades. Lo seguía mucha gente, porque veían los signos que
hacía con los enfermos. Jesús subió a la montaña y se sentó
allí con sus discípulos. Estaba próxima la fiesta judía de la
Pascua. Al ver Jesús que mucha gente acudía a él, dijo a
Felipe: ¿Dónde podríamos comprar pan para dar de comer a todos
éstos?.
Dijo esto para ver su reacción, pues Jesús mismo ya sabía lo que iba a
hacer. Felipe le respondió: Con doscientos denarios no compraríamos bastante pan para que
cada uno tomara un poco.
Entonces intervino otro de sus discípulos, Andrés, el hermano de
Simón Pedro, diciendo: Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos
peces; pero ¿qué es esto para tanta gente?.
Jesús mandó que se sentaran todos, pues había mucha hierba en
aquel lugar. Eran unos cinco mil hombres. Jesús tomó en sus
manos los panes, y
después de haber dado gracias a Dios, los distribuyó entre
todos. Hizo lo mismo con los peces y les dio todo lo que
quisieron. Cuando quedaron satisfechos, Jesús dijo a sus discípulos:
Recoged lo que ha sobrado, para que no se desperdicie nada.
Lo hicieron así, y con lo que sobró de los cinco panes llenaron
doce canastos.
Cuando la gente vio aquel signo, exclamó: Este hombre es verdaderamente el profeta que debía venir al
mundo.
Jesús se dio cuenta de que pretendían proclamarlo rey. Entonces se
retiró de nuevo a la montaña, para estar solo |
Evangelio de San Juan,
Capítulo VI y poesías sobre su texto
Señor,
toma mis panes y mis peces
Señor,
toma mis panes y mis peces, en mp3, recitada por la autora
Consagración
Consagración,
en mp3, recitada por la autora
En tu patena
En tu patena, en mp3, recitada
por la autora
Acércanos,
Señor, al Pan que da la Vida
Acércanos,
Señor, al Pan que da la Vida, en mp3, recitada por la autora
Tu
eucarística presencia
Tu
eucarística presencia, en mp3, recitada por la autora
Cuerpo
y Sangre de Dios
Cuerpo
y Sangre de Dios, en mp3, recitada por la autora
Tu río
Poesías
eucarísticas
Virgen María

(Día
17, abril, sábado,
Jn 6, 16-21)
|
Juan 6,16-21 - "Vieron
a Jesús caminando sobre el lago" - Al oscurecer, los discípulos
de Jesús bajaron al lago, embarcaron y empezaron a atravesar
hacia Cafarnaún. Era ya noche cerrada, y todavía Jesús no los
había alcanzado; soplaba un viento fuerte, y el lago se iba
encrespando. Habían remado unos cinco o seis kilómetros, cuando
vieron a Jesús que se acercaba a la barca, caminando sobre el
lago, y se asustaron. Pero él les dijo: "Soy yo, no temáis."
Querían recogerlo a bordo, pero la barca tocó tierra en seguida,
en el sitio a donde iban. |

(Día
18, abril,
domingo, Jn 21,1-14)
|
Juan 21, 1-14 - "Jesús
se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado" - En
aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto
al lago de Tiberíades. Y se apareció de esta manera: Estaban
juntos Simón Pedro, Tomás apodado el Mellizo, Natanael el de
Caná de Galilea, los Zebedeos y otros dos discípulos suyos.
Simón Pedro les dice: "Me voy a pescar". Ellos contestan: "Vamos
también nosotros contigo". Salieron y se embarcaron; y aquella
noche no cogieron nada. Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se
presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era
Jesús. Jesús les dice: "Muchachos, ¿tenéis pescado?". Ellos
contestaron: "No". Él les dice: "Echad la red a la derecha de la
barca y encontraréis". La echaron, y no tenían fuerzas para
sacarla, por la multitud de peces. Y aquel discípulo que Jesús
tanto quería le dice a Pedro: "Es el Señor". Al oír que era el
Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se
echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca,
porque no distaban de tierra más que unos cien metros,
remolcando la red con los peces. Al saltar a tierra, ven unas
brasas con un pescado puesto encima y pan. Jesús les dice:
"Traed de los peces que acabáis de coger". Simón Pedro subió a
la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces
grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se
rompió la red. Jesús les dice: "Vamos, almorzad". Ninguno de los
discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían
bien que era el Señor. Jesús se acerca, toma el pan y se lo da,
y lo mismo el pescado. Ésta fue la tercera vez que Jesús se
apareció a los discípulos.
|
Evangelio de San Juan,
Capítulo XXI y poesías sobre su texto
Señor,
toma mis panes y mis peces
Señor,
toma mis panes y mis peces, en mp3, recitada por la autora

(Día
19, abril,
lunes, Jn
6,22-29)
|
Juan 6,22-29 -
"Trabajad no por el alimento que perece sino por el alimento que
perdura para la vida eterna" -
Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del
mar, vio que allí no había más que una barca y que Jesús no había
montado en la barca con sus discípulos, sino que los discípulos se
habían marchado solos. Pero
llegaron barcas de Tiberíades cerca del lugar donde habían comido
pan. Cuando la gente vio que Jesús no estaba allí, ni tampoco sus
discípulos, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaúm, en busca
de Jesús. Al
encontrarle a la orilla del mar, le dijeron: "Rabbí, ¿cuándo has
llegado aquí?". Jesús les respondió: "En verdad, en verdad os digo: vosotros me
buscáis, no porque habéis visto señales, sino porque habéis comido
de los panes y os habéis saciado.
Obrad, no por el alimento perecedero, sino por el alimento que
permanece para vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre,
porque a éste es a quien el Padre, Dios, ha marcado con su sello". Ellos le dijeron: "¿Qué hemos de hacer para obrar las obras de
Dios?". Jesús les respondió: "La obra de Dios es que creáis en quien él ha
enviado". |
Evangelio de San Juan,
Capítulo VI y poesías sobre su texto
Tengo
fe
Tengo
fe, en mp3, recitada por la autora

(Día
20, abril, martes,
Juan 6,30-35.
Nuestra Señora del Camino)
|
Juan
6,30-35 - "No fue Moisés, sino que es mi Padre el
que da el verdadero pan del cielo" - En aquel tiempo, dijo la
gente a Jesús: "¿Y qué signo vemos que haces tú, para que creamos
en ti? ¿Cuál es tu obra? Nuestros padres comieron el maná en el
desierto, como está escrito: Les dio a comer pan del cielo".
Jesús les replicó: "Os aseguro que no fue Moisés quien os dio pan
del cielo, sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del
cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al
mundo". Entonces le dijeron: "Señor, danos siempre de este pan".
Jesús les contestó: "Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí
no pasará hambre, y el que cree en mí nunca pasará sed". |
Evangelio de San Juan,
Capítulo VI y poesías sobre su texto
Acércanos,
Señor, al Pan que da la Vida
Acércanos,
Señor, al Pan que da la Vida, en mp3, recitada por la autora
Tu
eucarística presencia
Tu
eucarística presencia, en mp3, recitada por la autora
Cuerpo
y Sangre de Dios
Cuerpo
y Sangre de Dios, en mp3, recitada por la autora
Virgen María

(Día
21, abril, miércoles,
Jn 6,35-40)
|
Juan 6,35-40 - "Ésta es la voluntad
del Padre: que todo el que ve al Hijo tenga vida eterna" -
En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: "Yo soy el pan de la
vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí
nunca pasará sed; pero, como os he dicho, me habéis visto y no
creéis. Todo lo que me da el Padre vendrá a mí, y al que venga a
mí no lo echaré afuera, porque he bajado del cielo, no para
hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado. Ésta
es la voluntad del que me ha enviado: que no pierda nada de lo
que me dio, sino que lo resucite en el último día. Ésta es la
voluntad de mi Padre: que todo el que ve al Hijo y creen él
tenga vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día". |
Evangelio de San Juan,
Capítulo VI y poesías sobre su texto

(Día
22, abril, jueves,
Jn 6,44-51.
Santa María, Madre de la Compañía de Jesús)
|
Juan 6,44-51 - "Yo soy el pan vivo
que ha bajado del cielo" - En aquel tiempo, dijo Jesús a la
gente: "Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me
ha enviado. Y yo lo resucitaré el último día. Está escrito en
los profetas: "Serán todos discípulos de Dios." Todo el que
escucha lo que dice el Padre y aprende viene a mí. No es que
nadie haya visto al Padre, a no ser el que procede de Dios: ése
ha visto al Padre. Os lo aseguro: el que cree tiene vida eterna.
Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el
desierto el maná y murieron: éste es el pan que baja del cielo,
para que el hombre coma de él y no muera. Yo soy el pan vivo que
ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para
siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del
mundo". |
Evangelio de San Juan,
Capítulo VI y poesías sobre su texto
Poesías
eucarísticas
Virgen María

(Día
23, abril,
viernes,
Jn 6,52-59)
|
Juan 6,52-59 - "Mi carne es verdadera comida, y mi
sangre es verdadera bebida" - En aquel tiempo, disputaban
los judíos entre sí: "¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?"
Entonces Jesús les dijo: "Os aseguro que si no coméis la carne
del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en
vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida
eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es
verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come
mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. El Padre que
vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el
que me come vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del
cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y
murieron; el que come este pan vivirá para siempre." Esto lo
dijo Jesús en la sinagoga, cuando enseñaba en Cafarnaún. |
Evangelio de San Juan,
Capítulo VI y poesías sobre su texto
Poesías
eucarísticas

(Día
24, abril,
sábado, Jn 6,60-69. Nuestra Señora del Buen Consejo)
|
Juan 6,60-69 - "¿A quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de
vida eterna" - En aquel tiempo, muchos discípulos de Jesús, al
oírlo, dijeron: "Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle
caso?" Adivinando Jesús que sus discípulos lo criticaban, les dijo:
"¿Esto os hace vacilar?, ¿y si vierais al Hijo del hombre subir a donde
estaba antes? El Espíritu es quien da vida; la carne no sirve de nada.
Las palabras que os he dicho son espíritu y vida. Y con todo, algunos de
vosotros no creen". Pues Jesús sabía desde el principio quiénes no
creían y quién lo iba a entregar. Y dijo: "Por eso os he dicho que nadie
puede venir a mí, si el Padre no se lo concede". Desde entonces, muchos
discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él. Entonces
Jesús les dijo a los Doce: "¿También vosotros queréis marcharos?" Simón
Pedro le contestó: "Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras
de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo
consagrado por Dios". |
Evangelio de San Juan,
Capítulo VI y poesías sobre su texto
Amanecer de Adán
Peregrino de Infinito
Peregrino de Infinito,
en mp3, recitada por la autora
Exóticas riberas
Peregrino de frutos y semillas
Virgen María
Tu legado,
Virgen María

(Día
25, abril, domingo, Jn 10,27-30. Jornada de Oración por las Vocaciones
Consagradas)
|
Juan 10,27-30 - "Yo y el Padre
somos uno" - Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y
ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para
siempre, y nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre, que me las
ha dado, supera a todos, y nadie puede arrebatarlas de la mano
del Padre. Yo y el Padre somos uno". |
Evangelio de San Juan,
Capítulo X y poesías sobre su texto
Tu voz
Tu voz, en
mp3, recitada por la autora
Tengo fe
Tengo fe, en mp3, recitada por la autora
A Cristo
A Cristo,
en mp3, recitada por la autora
Padre
Padre, en mp3,
recitada por la autora
Rehén
de crisantemos
Biznagas
luminosas
Biznagas
luminosas,
en mp3, recitada por la autora
Discípulo
Discípulo,
en mp3, recitada por la autora
Deseo
Deseo,
en mp3, recitada por la autora

(Día
26, abril, lunes, Jn 10,1-10)
|
Juan
10,1-10 - "Yo soy la puerta de las ovejas" - En
aquel tiempo, dijo Jesús: "Os aseguro que el que no entra por la
puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte,
ése es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor
de las ovejas. A éste le abre el guarda, y las ovejas atienden a
su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca
fuera. Cuando ha sacado todas las suyas, camina delante de ellas,
y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz; a un extraño no lo
seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los
extraños". Jesús les puso esta comparación, pero ellos no
entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús: "Os aseguro
que yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes
de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon.
Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y
salir, y encontrará pastos. El ladrón no entra sino para robar y
matar y hacer estrago; yo he venido para que tengan vida y la
tengan abundante". |
Tu sonido
Tu voz
Tu voz, en
mp3, recitada por la autora
Evangelio de San Juan,
Capítulo X y poesías sobre su texto

(Día
27, abril, mates,
Jn 10,22-30.
Nuestra Señora de Motserrat)
|
Juan 10,22-30 - "Yo y el Padre somos uno" - Se
celebraba en Jerusalén la fiesta de la Dedicación del templo.
Era invierno, y Jesús se paseaba en el templo por el pórtico de
Salomón. Los judíos, rodeándolo, le preguntaban: "¿Hasta cuando
nos vas a tener en suspenso? Si tú eres el Mesías, dínoslo
francamente". Jesús les respondió: "Os lo he dicho, y no creéis;
las obras que yo hago en nombre de mi Padre, ésas dan testimonio
de mí. Pero vosotros no creéis, porque no sois ovejas mías. Mis
ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y
yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie
las arrebatará de mi mano. Mi Padre, que me las ha dado, supera
a todos, y nadie puede arrebatarlas de la mano del Padre. Yo y
el Padre somos uno". |
Evangelio de San Juan,
Capítulo X y poesías sobre su texto
A Cristo
A Cristo,
en mp3, recitada por la autora
Tu sonido
Tu voz
Tu voz, en
mp3, recitada por la autora
Nuestra Señora de Montserrat
Nuestra Señora de Montserrat
en mp3, recitada por la autora

Día
28, abril,
miércoles, Jn
12,44-50)
|
Juan 12,44-50 - "Yo he venido al
mundo como luz" - En aquel tiempo, Jesús dijo, gritando: "El
que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me ha enviado. Y
el que me ve a mí ve al que me ha enviado. Yo he venido al mundo
como luz, y así, el que cree en mí no quedará en tinieblas. Al
que oiga mis palabras y no las cumpla yo no lo juzgo, porque no
he venido para juzgar al mundo, sino para salvar al mundo. El
que me rechaza y no acepta mis palabras tiene quien lo juzgue:
la palabra que yo he pronunciado, ésa lo juzgará en el último
día. Porque yo no he hablado por cuenta mía; el Padre que me
envió es quien me ha ordenado lo que he de decir y cómo he de
hablar. Y sé que su mandato es vida eterna. Por tanto, lo que yo
hablo lo hablo como me ha encargado el Padre. |
Evangelio de San Juan,
Capítulo XII y poesías sobre su texto
Ha llegado la hora
Ha llegado la hora, en mp3,
recitada por la autora

(Día
29, abril,
jueves,
Mt 11,25-30. Santa Catalina de Siena. Patrona de Europa)
|
Mateo 11,25-30 - En aquel tiempo, tomando Jesús la palabra,
dijo: "Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra,
porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y
se las has revelado a pequeños. Sí, Padre, pues tal ha sido
tu beneplácito. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y
nadie conoce bien al Hijo sino el Padre, ni al Padre le
conoce bien nadie sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se
lo quiera revelar. Venid a mí todos los que estáis fatigados
y sobrecargados, y yo os daré descanso. Tomad sobre vosotros
mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de
corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi
yugo es suave y mi carga ligera". |
Ensoñación
Tengo miedo
Tengo miedo, en mp3, recitada por la
autora
El viento del sur
El viento del sur,
en mp3, recitada por la autora

(Día
30, abril,
viernes, Jn
14,1-6)
|
Juan 14,1-6 - "Yo
soy el camino, y la verdad, y la vida" - En aquel tiempo, dijo
Jesús a sus discípulos: "Que no tiemble vuestro corazón; creed
en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas
estancias; si no fuera así, ¿os habría dicho que voy a
prepararos sitio? Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os
llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también
vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino". Tomás le dice:
"Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?"
Jesús le responde: "Yo soy el camino, y la verdad, y la vida.
Nadie va al Padre, sino por mí". |
Evangelio de San Juan,
Capítulo XIV y poesías sobre su texto
Consagración
Consagración,
en mp3, recitada por la autora
Trayecto vital
Trayecto vital, en mp3, recitada por la
autora
Hacia el lugar sin nombre
Alianza del silencio

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