LA VERDAD ESTÁ PENALIZADA

Por

Emma-Margarita R. A.-Valdés

 

 

La mentira

se ceba en cobardías e intereses,

en vanidad, orgullo y ambición.

 

 

 

Los hombres orquestados interpretan

necias marchas

dictadas al compás de los panfletos.

El canto monocorde,

que corea la voz de los esbirros,

ensordece los tímpanos incultos.

Cubren los labios túnicas de esparto

cuando golpea el rostro la letra envilecida.

 

 

 

Los órganos sagrados,

las cítaras templadas y las arpas,

entonan inaudibles melodías

del último destino.

Una verdad desnuda cabalga por el cosmos

y su eco es profanado en los salones.

Delatores de gólgotas

hacen enmudecer a los oráculos.

Se ordena el holocausto desde el búnker

alejado de cruces y de espinas.

 

 

 

Regocija al poder organizado

el fracaso de lenguas luminosas,

incorruptas.

La risa crece frente al llanto mudo

de la inocencia herida, derrotada.

No hay piedad para el hombre redimido

que recuerda su origen.

 

 

 

El hastío se filtra por las grietas del hambre,

humilla los vergeles sometidos,

y triunfan las tinieblas que perfilan

lápidas de palabras.

La realidad oculta en las mazmorras

corroe las aristas del silencio.

La verdad sepultada bajo el atrio del mando

espera el despertar de los volcanes.

 

 

Hasta el momento azul,

es preciso

vaciarse de ideas y conceptos

para flotar en el embalse inmundo

creado por los hombres.

En todos los Estados

la verdad

está penalizada.

 

 

Al final del exilio,

la historia encontrará los restos vírgenes

en las ruinas de reinos destronados.

 

Emma-Margarita R. A.-Valdés

 

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